El 'mínion' catalán que ha desafiado un estudio de Hollywood en los Juegos Olímpicos
El patinador sobre hielo vallesano ha conseguido cambiar de opinión Universal Studios para poder hacer un ejercicio
BarcelonaLa vida de Tomás-Llorenç Guarino Sabaté (Sabadell, 1999) cambió cuando tenía tres años. Mirando la televisión descubrió el patinaje artístico sobre hielo viendo los Juegos de Salt Lake City, con el ruso Aleksei Yagudin brillante. "Le dije a mi madre que me gustaba, eso", recuerda. Tomàs no paró hasta que le llevaron a una pista de la ciudad vallesana donde empezó a patinar sobre ruedas. Y cuando descubrió que en Barcelona existían dos pistas de hielo, pidió ir y entró en la ya desaparecida sección del Barça de patinaje. Empezaba una rutina donde se mezclaba el patinaje artístico sobre ruedas con el patinaje sobre hielo en la ya desaparecida pista del Skating Club de la calle Roger de Flor y la pista de hielo del Barça, hasta que con 13 años el joven vallesano decidió que iría a por todas para ser olímpico sobre hielo. "Es más divertido, más rápido y fluye más que sobre ruedas", comenta.
Y hace un año, el sueño se hizo realidad en el Mundial de Boston, donde firmó su mejor actuación y se clasificó para la cita olímpica. "Estar ya es un éxito. España apenas tiene pistas, si quieres dedicarte hay que hacer un gran esfuerzo. Mi sueño era ser olímpico. Ahora ya tengo claro que puedo cerrar mi carrera tal y como toca", dice el deportista todavía joven, de 26 años. Y es que el camino no ha sido nada fácil para poder brillar en un deporte en el que "es necesaria una gran concentración". "En tres minutos debes hacer un ejercicio completo, sin fallar, uniendo los saltos con la coreografía, haciendo que todo fluya, intentando atrapar al público y al jurado", explica. Un deporte que levanta pasiones en Estados Unidos, Japón y lo ausente por sanción Rusia. Con ídolos como una de las grandes estrellas de los Juegos, el estadounidense crack Ilia Malinin, que deslumbra con sus saltos de cuatro vueltas y el salto mortal hacia atrás a todos. Deportistas que pueden participar con uniformes que valen miles de euros hechos a medida, con una gran estructura detrás y un cuerpo técnico que les ayuda.
Tomàs, en cambio, se harta de superar obstáculos. Empezando por la música, puesto que por poco se queda sin el ejercicio que había preparado con amor y esfuerzo, inspirado en un popular filme de animación de los estudios Universal: Los míniones. En el ejercicio, el vallesano se vestía de forma divertida de mínion con un peto azul y camiseta amarilla, mientras bailaba una mezcla de música de las distintas películas de estos personajes. Pero pocos días antes de los Juegos, Universal Studios le comunicó que no le daba permiso para utilizar la música. Bien, podía si pagaba una millonada. "Fue un duro golpe", admite el patinador.
En nuestro país el patinaje sobre hielo sigue siendo un deporte poco conocido, pero a escala internacional Guarino recibió mucho apoyo, con miles de aficionados de todo el mundo publicando mensajes en las redes que pedían a Universal un cambio de opinión utilizando la etiqueta #lettheminionskate –es decir, "deje el mínion poder patinar"–, y negociaciones que consiguieron lo que parecía imposible. "Lo hemos logrado: hemos obtenido las licencias de las cuatro piezas musicales, y podré patinar mi programa Mínions en los Juegos Olímpicos de Invierno", dijo en las redes el catalán una semana antes de los Juegos. "No ha sido un proceso fácil, pero el apoyo de todos los que han seguido mi caso ha sido esencial para mantenerme motivado y optimista durante estos días". La noticia terminó en los medios de todo el planeta y la BBC británica informaba de que la conversación clave fue con los representantes de Pharrell Williams, cantante de Happy –una canción que aparece en Grúo 2 y es una de las selecciones musicales del catalán.
"Ahora mismo, mi único objetivo es dar lo mejor de mí mismo en pista y ofrecer un programa digno del cariño que he recibido de personas de todo el mundo. Estoy profundamente conmovido por el amor mostrado a un modesto patinador de una federación pequeña", escribía el catalán, que explicaba que había seguido todos los procedimientos necesarios para anunciar. Nunca había tenido problemas y, de hecho, en los campeonatos europeos celebrados en Sheffield este enero pudo competir con este ejercicio y se convirtió en uno de los favoritos de los aficionados por su originalidad. En el patinaje debe informarse una plataforma de la música seleccionada y para qué torneos se utilizará, y pagar una cuota. Pero a veces las grandes discográficas o estudios tardan en contestar, por lo que puede ocurrir que un deportista pague, compita y aún no haya recibido respuesta. Es lo que le ha pasado al catalán con la música deLos míniones. En el otro ejercicio de los dos que hace, uno corto y uno largo, Guarino utiliza música de los Bee Gees.
Poder debutar en los Juegos justificará todos los sacrificios de un joven que durante unos años, persiguiendo su sueño, llegó a ser internacional con Suiza. "Con 10 años me fui a vivir con mi madre cerca de París para poder entrenarme con un entrenador de allí, Bernard Glesser. Y cuando este entrenador se marchó a Neuchâtel, en Suiza, todo el grupo le siguió y nos propusieron en edad júnior si queríamos competir con Suiza. Como competir en España era competir en España. bueno, acepté. Después de la pandemia decidí volver a competir como español cuando se reorganizó el sistema competitivo y se hizo más fácil. Además, Javier se había retirado y veía que quizás podría ser olímpico". El precio a pagar por el cambio de federación fue pasar todo un año sin poder competir en el 2022.
Tomás-Llorenç ha vivido en Francia, Suiza y ahora en Italia. Buscando siempre estar cerca del hielo. Ha estudiado ingeniería informática a distancia en la Universidad de La Rioja y ha pasado horas estudiando en aviones por medio planeta. Hace unos meses que vive en Turín, así que ha podido ir hacia Milán en coche, en un trayecto corto, mientras hace memoria de todos los saltos que tendrá que dar mientras suena la música deLos míniones. A sus 26 años, su historia podría ser un filme. La del joven patinador que consiguió con el apoyo de la gente cambiar de opinión un gran estudio de Hollywood. El mínion catalán podrá brillar sobre la pista milanesa.