Defensa

El sector de la defensa en el Estado: más dinero que nunca y más enredado

Indra, la compañía que aspira a ser buque insignia, empieza una etapa nueva, la tercera en cinco años

Un militar del ejército español limpiando un tanque
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MadridEl Estado está destinando más dinero que nunca a la defensa. De hecho, se había comprometido a gastar un 2% del PIB y ya debe haberlo superado, según confirmó la OTAN a finales del mes de febrero. Pero cuando el pastel de recursos es más grande que nunca, el sector también está más enredado que nunca. Quizás porque precisamente nunca había habido tanto dinero en juego. "Los últimos 25 años esto ha estado parado y no ha habido presupuesto", aseguran desde una gran empresa del sector y que depende, como el resto, de los contratos del ministerio de Defensa.

Al Congreso no llegan los dineros que se va gastando a cuentagotas el gobierno de Pedro Sánchez, que está aprobando partidas en consejo de ministros que no necesitan el visto bueno de la cámara baja española –por ejemplo, a través de transferencias directes–. En todo caso, sí que queda el rastro en las referencias de cada cónclave. De entre todas las partidas, destacan las del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, que se anunció el mes de abril del año pasado y está valorado en 10.471 millones de euros.

Una parte de estos dineros, sin embargo, están empantanados en el Tribunal Supremo después de que la empresa Santa Bárbara Sistemas, filial española de la norteamericana General Dynamics, decidiera presentar un recurso contra uno de los decretos al sentirse excluida de la negociación de unos contratos del ministerio de Defensa e Industria. Los dineros en disputa –son préstamos por valor de 3.000 millones al 0% de interés, pero la cifra podría ascender a los 7.240 millones si el proceso acaba salpicando más contratos– se adjudicaron a Indra y a Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) y el Supremo tiene que decir ahora si acepta la suspensión de la adjudicación como medida cautelar.

Pero en medio de este pulso entre Santa Bárbara, Indra y EM&E, Indra acaba de iniciar una nueva etapa, la tercera en solo cinco años, con el nombramiento de Ángel Simón como presidente no ejecutivo después de la dimisión de Ángel Escribano,que protagonizó un choque previo con la filial de General Dynamics por su posible compra. Desbloquear el conflicto será, de hecho, uno de los retos de Simón. "El espíritu de Santa Bárbara ha sido siempre el del diálogo y el compromiso con la cooperación", indican fuentes de la compañía.

Esta cooperación se vincula al hecho de que es difícil que una sola empresa del sector se dedique a toda la cadena de producción de la industria de la defensa. Por ello, las grandes compañías aseguran que lo que reciben acaba salpicando a todo un tejido empresarial mediano y pequeño, es decir, una industria auxiliar. Santa Bárbara pone precisamente de ejemplo lo que hizo la semana pasada en Cataluña, donde se presentó como empresa tractora con la firma de un acuerdo de colaboración con GTD, una compañía del sector de la defensa especializada en el desarrollo de softwaree integración de sistemas. Pero también con la firma de un pacto estratégico con la empresa Gutmar.

Ahora bien, el temor a que este goteo de arriba abajo no se produzca es latente en el sector, en particular en esta industria auxiliar, pero también en territorios como Cataluña, donde la Generalitat se ha mostrado decidida a captar una parte de los recursos que el Estado quiere invertir en defensa. De hecho,el Gobierno acaba de lanzar un programa llamado Dual Technology & Industry Readiness Programmepara introducir en el mercado de la defensa pymes que se dediquen a la automoción, el espacio, la metalurgia y la maquinaria.

¿Qué futuro tiene Indra?

Mientras tanto, Indra, que es quien aspira a ser empresa tractora, o así lo quiere el gobierno español –es el primer accionista con un 28% del capital social a través de la SEPI– enceta justo la etapa Ángel Simón, que esta semana desembarcó en la compañía. El directivo llega apadrinado por la SEPI, que es el primer accionista, como lo hicieron sus antecesores: Marc Murtra y Ángel Escribano, aunque este último se ha marchado por las tensiones, precisamente, con el ejecutivo de Pedro Sánchez, a raíz de la posible integración, de momento descarrilada, entre Indra y EM&E, empresa que Escribano fundó junto con su hermano y que, al mismo tiempo, tiene un 14% del capital social de Indra.

De momento, la silla de Ángel Escribano en Indra –también ha salido del consejo de administración donde EM&E tiene dos puestos– está vacía. "No se ha decidido nada", indican fuentes de EM&E sobre quién ocupará el puesto. También aseguran que no hay ningún interés firme sobre la mesa por parte de Rheinmetall. El gigante militar alemán se habría interesado por adquirir la compañía de los hermanos Escribano después de la operación fallida con Indra, según han publicado diferentes medios. De hecho, ambas compañías se conocen por haber planteado propuestas conjuntas al ministerio de Defensa. En todo caso, Indra y EM&E no habrían enterrado del todo la opción de compra, según explicaban fuentes conocedoras del proceso a Europa Press. Desde EM&E han declinado hacer comentarios sobre si las conversaciones se han reanudado ahora que Ángel Escribano ya no es presidente –era uno de los obstáculos para la SEPI, es decir, para el gobierno español, que acabó viendo un conflicto de interés.

A Simón le continuará acompañando José Vicente de los Mozos, el consejero delegado y "primer directivo" de la compañía, porque se ha quedado con las funciones ejecutivas. Después del terremoto en la cúpula, De los Mozos no dudó en enviar un mensaje de "tranquilidad y fuerza", sobre todo al mercado. "Indra está en su mejor momento. Tenemos un plan estratégico que cumplimos y hemos superado [...] Ha llegado la hora de darle un empuje de nuevo", escribió el directivo a través de su perfil de LinkedIn.

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