Monarquía

Los 'royals' y los parientes de América: ¿qué hacer con Enrique y Meghan?

El príncipe y la actriz se han instalado en una idílica zona al oeste de Londres, un lugar ideal para vivir la ficción de una bucólica Inglaterra

Enrique quiso "dejar" la familia real británica
28/08/2026 - 07:02 h.
4 min

LondresEn todas las casas hay trapos sucios. Y en las familias reales, aún más. Ejemplos, hay un montón. En la monarquía española, en la británica..., incluso en la noruega, con el hijo de la princesa heredera Mette-Marit, Marius Borg Hoiby, recientemente condenado a cuatro años de prisión por dos delitos de violación y violencia doméstica. Pero son los beatificados reales del palacio de Buckingham los que se llevan casi todas las medallas del podio. De otro modo, una serie como La Corona, blanqueo y glorificación de un clan y de una institución del todo disfuncional, no habría podido tener tantas y tantas temporadas.

Pocos días antes de que se cumpla el 29º aniversario de la muerte en París, en accidente de coche, de Diana de Gales, su segundo hijo, el príncipe Enrique, y su esposa, la actriz Meghan Markle, van anunciar el retorno a las islas. Hacía seis años que se habían ido a cumplir el sueño americano, con un portazo seco y sonoro, dejando con un palmo de narices a la abuela Elisabet. La reina, en una famosa cumbre familiar, marcó las condiciones del exilio dorado: nada de soplar y hacer botellas al mismo tiempo. Es decir, no les dejó continuar con la condición de reales en activo a tiempo parcial, para poder facturar un volumen suficiente de recursos propios en otros negocio, mientras continuaban beneficiándose del estatus real para hacer sonar más y más la caja de las monedas. En la práctica, sin embargo, Enrique nunca se deshizo del halo de príncipe, de príncipe travieso, al fin y al cabo. Hay cosas que se llevan en la sangre...

¿Cambiará la dinámica familiar el regreso de la pareja y sus dos hijos? Carlos III no parece tener ninguna intención de mover el marco fijado por su madre. Sea como sea, la molesta parentela de las Américas –que causaba indignación periódicamente gracias a las entrevistas, los libros y los documentales– se ha instalado en los Cotswolds, una zona situada a entre 150 y 200 km al oeste de Londres. Y esta presencia y al mismo tiempo ausencia puede hacer más daño que servicio a la Corona.

Los Cotswolds, dicho sea de paso, son el paisaje ideal para seguir alimentando la ficción de la bucólica Inglaterra que Enrique y Meghan quieren ofrecer a Archie y Lilibet, las dos criaturas, de siete y cinco años: pueblos de piedra, colinas verdes incluso en sequía y ricos londinenses (y muchos estadounidenses), todos sonrientes en una especie de parque temático para privilegiados.

Carles y Guillem, a la izquierda, y Enric y Andreu, a la derecha, caminando en la procesión detrás del féretro de la reina Isabel.

El precio del rey antes de que fuera rey

Lo que resta por saber es si la irrupción del hijo redescubierto se convertirá a medio o largo plazo en un motivo de preocupación para un rey cansado, enfermo, a pesar de que el tratamiento haya resultado hasta ahora exitoso, y que querría tener un final de vida tranquilo y sin sobresaltos. La razón de la intriga es bien sabida: los dos hermanos, Guillermo, el heredero, y Enrique, no se hablan desde hace años.

A finales de abril de 2021, la prensa británica, siempre atenta a cualquier detalle que rodea la vida de palacio, publicó pocos días después de la muerte del duque de Edimburgo, Felipe, el marido de Isabel II, que el entonces príncipe heredero Carlos había llamado a capítulo a los dos hijos. "Por favor, chicos, no hagáis que mis últimos años sean un infierno", les habría dicho, presuntamente. Aquella súplica, expresada durante o alrededor de las ceremonias del funeral, acaba de adquirir un significado nuevo.

La misma prensa, monárquica hasta la última gota de tinta, hace mucho tiempo que tomó partido por Guillermo y Kate Middleton, la pareja perfecta que garantiza la continuidad de la institución por los siglos de los siglos, y que tan mal lo ha pasado por la enfermedad de la princesa, felizmente superada. No por casualidad, algunas de las confidencias e indiscreciones familiares de Enrique en su libro, Spare, fueron muy mal recibidas. Por ejemplo, la supuesta agresión física del hermano mayor al pequeño. También los comentarios de Meghan en la entrevista con Oprah Winfrey en la que acusó de racismo a algunas de las personas de la familia, por aquella pregunta, de tan mal gusto, sobre el color de la piel de la prole.

Los príncipes Guillermo y Enrique con sus respectivas esposas, Kate y Meghan, juntos en el castillo de Windsor tras la muerte de la reina Isabel.

¿Qué hará ahora Guillem?

Permanecerá callado ahora Enrique, ¿evitando las punzadas a su hermano? Se lo preguntan los royals correspondents de los medios de comunicación británicos. Pero, sobre todo, se interrogan sobre qué hará Guillermo, el heredero. ¿Se reconciliará con su hermano? ¿Se mostrará magnánimo, como solo los grandes reyes son capaces de serlo, y perdonará la traición a la familia del pequeño? Por el momento, no ha dicho ni pío; ni oficialmente, ni extraoficialmente. Nada de nada. La acritud debe de ser profunda, como en cualquier familia peleada.

En julio, el acercamiento entre hijo y padre, Enrique y Carlos, tuvo una escenificación evidente. El rey y la reina invitaron al duque y la duquesa de Sussex, y a los nietos, claro, a tomar el té en Highgrove, una de las fincas reales. Las fuentes habituales que esparcen lo que hay que saber sin que parezca que se ha dicho nada hicieron correr que "el encuentro fue bien". Y desde el anuncio del regreso, las mismas fuentes han apuntado que el rey está encantado de poder pasar más tiempo, de vez en cuando, con la otra parte de la familia.

¿Quiere esto decir que Enrique, Meghan y los niños serán invitados a Sandringham, la finca próxima a Norfolk (este de Inglaterra), donde ya Isabel II, y ahora también Carlos III, pasan las vacaciones de Navidad? La prensa a la que más preocupan las idas y venidas de los Windsor ya ha apuntado que no, que ni pensarlo. ¿Pero es realista esta opción? No lo parece. Vetar al príncipe y la actriz sería equiparar a la pareja al mismo nivel que Andrew Mountbatten-Windsor, hermano de Carlos III implicado en asuntos mucho más turbios que una pelea entre hermanos. Poco a poco se verán signos de distensión. Y Dios dirá qué puede pasar en diciembre.

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