Internacional 03/10/2021

Los talibanes en Kabul: jóvenes rurales y sin estudios

La mayoría de milicianos no habían estado nunca en la capital afgana o solo habían ido a hacer atentados

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Un joven miliciano talibán, en una calle de Kabul

Enviada especial en KabulUn talibán vigilaba este sábado uno de los accesos a la Zona Verde de Kabul sentado en una silla plegable con un fusil norteamericano sobre las piernas y escuchando una grabación de alguien recitando el Corán, que sonaba a todo volumen en su teléfono móvil. La Zona Verde fue durante años el área más protegida de la capital afgana. Allí estaban el cuartel general de la OTAN y la mayoría de las embajadas occidentales. Para entrar había que pasar miles de controles y la circulación de vehículos estaba restringida. Ahora en esa zona no hay nadie. Todas las embajadas están cerradas. Y los talibanes, que eran quienes la atacaban, ahora son quienes la protegen.

“Hace cuatro años que trabajo para el Emirato”, contesta el miliciano de la entrada tras bajar ligeramente el volumen del móvil. Parece que no tiene inconveniente en hablar aunque, eso sí, es parco en palabras. Afirma que ahora tiene 20 años. Eso significa, por lo tanto, que se sumó al movimiento talibán con tan solo dieciséis. El Emirato Islámico es como los talibanes llaman ahora a su nuevo régimen. “El anterior gobierno no era islámico”, es el único argumento que esgrime para justificar que tan jovencito se uniera a las filas de los radicales. Tras varias preguntas, también se le puede sonsacar que las tropas internacionales mataron a su tío y que odia a los extranjeros. Literalmente.

El nuevo gobierno talibán lo forman básicamente muchas de las viejas caras que ya dirigieron el régimen radical en los años noventa. Pero los milicianos que se ven por Kabul con fusiles norteamericanos o Kalashnikovs en el hombro son en su gran mayoría jóvenes que han llegado de zonas rurales y que, se puede decir, no habían pisado la capital afgana nunca. O si lo habían hecho, había sido para hacer un atentado. Y además lo reconocen sin circunloquios.

“He venido al menos veinte veces a Kabul para hacer trabajos para el Emirato”, explicaba esta semana un talibán que se hacía llamar Rahmatullah. Es originario de la provincia de Wardak, y estaba plantado delante de la embajada de Irán para encargarse de su protección. Porque esa es otra: los talibanes hacen ahora el trabajo que hacía antes la policía afgana. Es decir, se encargan de la protección de las pocas embajadas que están abiertas en Kabul, pero también de los hospitales, de los edificios oficiales e incluso del prestigioso Hotel Serena, de cinco estrellas, donde básicamente se alojan extranjeros y al que ellos mismos habían atacado en diversas ocasiones en el pasado.

Un talibán haciendo guardia ante un edificio oficial en Kabul.

Rahmatullah luce el típico look talibán de barba y melena larga, y tampoco tiene inconveniente en hablar con la prensa extranjera. Tiene 23 años y él también se unió al movimiento radical cuando era jovencísimo: con solo 11 años. “Al principio solo los ayudaba. Después ya empecé a luchar”, aclara. Sea como sea, no hay manera de que desarrolle un argumento más allá del que repiten todos los milicianos como loros cuando se les pregunta por qué han combatido durante todos estos años contra el gobierno afgano. Todos contestan que quieren un gobierno islámico de verdad y que luchaban contra los “infieles” que ocuparon Afganistán, en referencia a los extranjeros.

Un detalle más: Rahmatullah admite que nunca ha pisado una escuela convencional, y que tiene problemas serios para leer y escribir. Los únicos estudios que ha cursado fueron en una madrasa, es decir, en una escuela coránica. De hecho, el movimiento talibán surgió originalmente de las madrasas del sur de Afganistán. De ahí su nombre: en los dos idiomas oficiales de Afganistán, tanto en pastún como en dari, la palabra talibán significa estudiante de una escuela coránica.

"Señora, no la entiendo”, decía el talibán que esta semana se encargaba de la protección de la embajada de Pakistán, también un miliciano jovencísimo, de solo 17 años y cara de crío, y originario de la provincia de Baghlan. No entendía a una mujer que se dirigía a él en dari, que es el idioma que se habla mayoritariamente en Kabul. Casi la totalidad de los talibanes hablan pastún, que es la lengua predominante en el sur del país. Una y otra son radicalmente diferentes, de manera que un hablante de dari no entiende a uno de pastún, y viceversa. Eso sí, ambas lenguas se enseñan en la escuela. 

¿Cómo milicianos así se podrán hacer cargo de un país? En el aeropuerto de Kabul operan ya vuelos domésticos y alguno internacional. Sin embargo, quien supervisa la revisión del equipaje de mano y los movimientos de los aviones no son talibanes ni tan siquiera el antiguo personal afgano del aeropuerto, sino individuos de piel morena que visten de forma occidental. Cuando se les pregunta de dónde son originarios, contestan que de Catar.

Uno de los fundadores del movimiento talibán y actual ministro de Prisiones del nuevo gobierno, el mulá Nooruddin Turabi, defendió días atrás las ejecuciones y que se lleven a cabo amputaciones de manos para garantizar la seguridad del país. Es su receta para mantener a la población a raya. En el centro ortopédico del Comité Internacional de la Cruz Roja en Kabul ya se está haciendo acopio de prótesis de manos por lo que pueda ocurrir.

 

 

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