Zelenski hace un llamamiento desesperado a la "unidad" transatlántica, cada vez más asediado por Trump
El presidente de Ucrania se resiste a aceptar la paz por territorio que promueven la Casa Blanca y el Kremlin, mientras el eje París-Londres-Berlín le muestra su apoyo
LondresLa enésima reunión clave para el futuro de Ucrania que ha tenido lugar en Downing Street este lunes al mediodía, ha puesto de manifiesto, una vez más, que Kiiv y la Europa que le apoya están cada vez más solos frente a Moscú, entre otras razones porque el antiguo aliado transatlántico pilotado por Donald Trump ha cambiado de bando. La exhibición de unidad en torno a Volodímir Zelenski que han realizado el primer ministro británico, Keir Starmer, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, ha proyectado una evidente carga simbólica. Pero queda por saber si más allá de las palabras y los gestos, el eje París-Londres-Berlín y la llamada coalición de los voluntarios tienen las capacidades para llenar los agujeros que deja Washington.
Por eso Zelenski, al terminar el encuentro, poco después de las 16:00 h, ha intentado renovar la llamada a la acción conjunta a ambos lados del Atlántico. Con un mensaje a X, el presidente ucraniano ha admitido que "lo crucial hoy es la unidad entre Europa y Ucrania, así como la unidad entre Europa, Ucrania y Estados Unidos". El líder ucraniano, cada vez más presionado por Washington para aceptar la paz por territorio que exigen Trump y Vladimir Putin, ha destacado "la importancia de las garantías de seguridad y la reconstrucción" futura del país. Kiiv no puede ceder un palmo de terreno a cambio de la paz sin asegurarse de que Moscú no volverá a la guerra y que, si lo hace, Occidente, incluido Washington, se lo impedirán.
El presidente ucraniano ha aterrizado en Londres al mediodía para completar una intensa jornada diplomática que le ha llevado a Bruselas al anochecer, para encontrarse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Ha llegado advirtiendo de que "no existe ningún pacto sobre cesiones territoriales" con Donald Trump, y que cualquier propuesta que implique cambiar paz por territorios sigue siendo inaceptable para Kiiv, según sus afirmaciones en una entrevista concedida a la agencia Bloomberg.
Rusia exige el Donbás, que aún no le ha conquistado militarmente. De hecho, si Zelenski llega a considerar alguna concesión territorial, necesitaría garantías mucho más sólidas que las actuales, todas ellas hipotéticas. En otros términos, Kiiv necesita armas e inteligencia, y todo lo necesario para responder a una nueva agresión rusa. La duda fundamental al término de la reunión sigue siendo la misma: ¿Europa está dispuesta a comprometerse hasta el final si Estados Unidos no lo hace?
Starmer ha dejado clara la posición del Reino Unido: "Nosotros estamos al lado de Ucrania" y ha remarcado que cualquier avance hacia un acuerdo de paz debe preservar los intereses de Kiiv: "Si tiene que haber un alto el fuego, debe ser un alto el fuego justo y duradero; por eso es tan importante corresponden a Ucrania". Insistió en que Londres no bajará el tono: "Estamos aquí para apoyaros en el conflicto y en las negociaciones".
Y Macron, dando la vuelta a las palabras de Trump cuando humilló a Zelenski en la Casa Blanca a finales de febrero, aseguró que Europa todavía tiene "muchas cartas por jugar" en la partida contra Rusia. Trump le dijo, justamente, todo lo contrario. El presidente francés ha subrayado tanto la resistencia ucraniana como el impacto creciente de las sanciones occidentales sobre la economía rusa. Y en el comunicado final de Downing Street se hacía referencia, cuando se decía: "Los líderes han coincidido en que ahora es un momento crítico y que debemos seguir incrementando el apoyo a Ucrania y la presión económica sobre Putin". Un aspecto muy importante de este capítulo, sobre el que aún no existe acuerdo, sólo un "progreso positivo", es aprobar la incautación de los 210.000 millones de euros de fondos rusos, congelados en Occidente, la mayoría de ellos en Bélgica.
En todo caso, lo cierto es que, cada vez más, existe la creencia en las cancillerías europeas de que Estados Unidos de Trump no es de fiar. Y el presidente republicano, como de costumbre, ha elevado el tono contra lo más débil, en este caso Zelenski. Trump –que intenta proyectar la imagen de un negociador impaciente que quiere cerrar el conflicto lo antes posible– se ha declarado en las últimas horas "decepcionado" porque, supuestamente, Zelenski "aún no se ha leído" la última versión de su plan de paz. Según el presidente estadounidense, "la gente de Zelenski le adora", pero es el presidente ucraniano quien "no está preparado" para asumirlo. Como es habitual, las declaraciones de Trump no se han visto refrendadas por ninguna prueba. Zelenski ha evitado un enfrentamiento directo.
Culpabilizar el agredido
Estas declaraciones abren la puerta a presentar Ucrania como el principal obstáculo para un acuerdo. Y han llegado en paralelo a otras aún más delicadas: el yerno del presidente y negociador de EEUU, Jared Kushner, ha advertido este fin de semana de que la administración republicana podría retirarse del proceso si Kiiv rechaza las propuestas de Washington, un aviso de que ha encendido todas las alarmas en Europa. Trump insiste en que "Rusia se ha puesto bien" con su plan, algo aún por demostrar, pero Zelenski no.
Por su parte, el Kremlin observa con atención, pero mantiene su habitual ambigüedad calculada. Dmitri Peskov, portavoz de Putin, dijo este lunes que Moscú quiere "entender los resultados" de las últimas reuniones entre EEUU y Ucrania y elogió la nueva estrategia de seguridad estadounidense, especialmente porque habla de la necesidad de "diálogo" y de construir "relaciones constructivas". Es un mensaje que encaja con la línea del Kremlin: proyectarse como el interlocutor razonable ante una Ucrania presentada como intransigente, tarea a la que contribuye la Casa Blanca.
El debate sobre el papel de Europa se ha intensificado después de la publicación, el pasado viernes, de la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, que ha sido leída en el continente como la constatación de un distanciamiento cada vez más abismal. Analistas como Nathalie Tocci, del Instituto de Asuntos Internacionales de Italia, ya dan por fracasada la estrategia europea de intentar "mantener a Trump cerca" y ha afirmado que "Europa está sola" en esta guerra. Por su parte, Carl Bildt, expresidente sueco y copresidente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, coincide en que los gobiernos europeos "no quieren romper con EEUU", pero deben entender que "quien está cortando los lazos es Washington" y que Europa debe aprender a "caminar con sus propias piernas".