El adiós de Merkel
Internacional 23/09/2021

Sin Merkel, Europa se pregunta quién cogerá el timón

El resultado de las urnas en Alemania tendrá eco en toda la UE, donde la cancillera ha sido clave durante las últimas décadas

4 min
Angela Merkel con Emmanuel Macron en una imagen del 2018 en París.

BruselasDespués de largas reuniones a veintisiete (antes veintiocho), era ella quien a menudo cogía el papel en blanco y empezaba a redactar las conclusiones que tenían que representar la visión de toda la Unión Europea. No lo hacía un alto funcionario europeo, ni un asesor. Lo hacía la cancillera alemana, Angela Merkel. La imagen –que recupera Jaume Duch, portavoz del Parlamento Europeo siempre junto a los presidentes de la cámara durante las cumbres– dibuja con exactitud lo que Merkel ha representado para la UE: determinación, construcción de consenso, gestión de crisis. Sin estridencias, con discreción, con el trabajo hecho entre bastidores y no ante los micrófonos.

Con las elecciones de este domingo en Alemania, la mesa donde se reúnen los jefes de estado y de gobierno en Bruselas también perderá esta figura. ¿A partir de ahora habrá algún líder europeo dispuesto a coger papel y bolígrafo y buscar las palabras más acertadas? La respuesta a esta pregunta tiene mucha más profundidad política de lo que puede parecer a primera vista, del mismo modo que los comicios en el país germánico tienen eco en todo Europa. El legado que ha dejado la cancillera lo prueba. Para bien y para mal, fue clave en la crisis financiera del 2008, tanto para salvar el euro como para castigar al sur. También fue indispensable en 2015, con la llamada crisis de los refugiados, cuando abrió las puertas a cerca de 900.000 personas que huían de la Guerra de Siria. Y, como colofón final, su determinación fue indispensable con el estallido de la pandemia, cuando aceptó lo inaceptable: la deuda común europea y la suspensión de las normas de deuda y déficit.

Las crisis superadas

Por eso gestora de crisis es la etiqueta que más se le cuelga estos días de balance de su figura. "Su principal contribución a la UE es claramente la gestión del poder, su capacidad negociadora. Si todavía tenemos UE es porque ella consiguió mantenerla unida", sentencia Sophie Pornschlegel, analista del European Policy Centre (EPC). Se habla de su gravitas y experiencia insustituible, de la serenidad que transmite el rombo que dibuja con las manos siempre que tiene que hacer alguna intervención pública (un gesto que incluso tiene su propia entrada en la Wikipedia), de su capacidad de escuchar más que hablar y de hacer sentir incluidas incluso las partes más perjudicadas de una negociación.

Angela Merkel con François Hollande y otros mandatarios europeos en una imagen de archivo.

Pero ahora que marcha también es el momento de hablar de sus claroscuros. "Es una gestora de las crisis, pero no transformadora de las crisis. Es muy consciente de la necesidad de preservar, es una conservadora en este sentido", valora Pol Morillas, director del CIDOB. Merkel, lejos del europeísmo grandilocuente de su colega Emmanuel Macron o de su propio antecesor, ha volcado las energías necesarias para que Europa haya sobrevivido a unas décadas de crisis que no parecen acabarse, pero nunca ha abordado los problemas de fondo, sino todo lo contrario, cree Morillas, que destaca el contraste de "la líder de Europa" que a la vez está vacía de acción reformadora proeuropea.

Las crisis que deja

No son poca cosa los problemas europeos que han ido germinando bajo el liderazgo de Merkel sin que la cancillera moviera ficha. "Su fracaso más grande ha sido la falta de visión estratégica. No ha sido lo bastante ambiciosa en cuestiones como el cambio climático y todavía menos con el desafío al estado de derecho venido desde Hungría y Polonia", dice Pornschlegel. Hace ya más de una década que Viktor Orbán intensifica su deriva autoritaria y nadie le ha puesto freno, ni siquiera Merkel como principal líder de su misma familia política, el Partido Popular Europeo, en el cual el Fidesz de Orbán estuvo integrado hasta este mismo año. Y la mancha se ha extendido más allá de Budapest, hasta llegar a Varsovia y también Eslovenia o la República Checa. Este, si lo quiere, será un trabajo para la nueva Merkel de Europa.

Y no es el único. "En el caso de los refugiados, el discurso de las cuotas no llegó a ninguna parte, no se ha reparado la brecha que se abrió y continuamos sin política común de asilo. En cuanto a las reglas fiscales, sabemos que ahora han sido suspendidas excepcionalmente, pero tampoco se ha abordado el debate de fondo", reflexiona Morillas.

Ahora bien, si nos tenemos que guiar por la campaña electoral alemana se hace difícil saber qué implicará cada candidato para la Unión. Como bien apunta Pornschlegel, casi ni se ha mencionado Europa en los debates. Europa está mucho más pendiente de Berlín que Berlín de Europa, lo cual de rebote provoca en Bruselas una cierta parálisis y abre varias incógnitas: ¿qué pasará con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, conservadora y ex ministra de Merkel, si su partido queda fuera de la coalición de gobierno? ¿Perderá el indispensable apoyo del gigante germánico y tendrá que mirar hacia París o meterá la directa y mostrará su verdadera ambición política?

Angela Merkel riendo antes de hacerse una foto con otros mandatarios, entre ellos Nicolas Sarkozy.

Según un análisis de la London School of Economics, los principales partidos alemanes comparten el proeuropeísmo, pero hay diferencias sustanciales entre la CDU/CSU, el SPD y los Verdes, por ejemplo cuando se trata de impulsar impuestos europeos o de reformar o no las normas fiscales cuando se acabe la pandemia. También tienen posiciones diferentes sobre una eventual reforma de los tratados para buscar un sistema más directamente representativo, sobre el aumento del presupuesto o a la posibilidad de convertir el mecanismo de deuda común antipandemia en una herramienta permanente, como pide el BCE. La combinación de colores que defina la futura coalición de gobierno en Berlín determinará cuál de estas opciones resonará con más fuerza en Bruselas, pero que llegue la inestabilidad a un siempre sólido pilar berlinés justo cuando Macron tiene unas elecciones a la vuelta de la esquina y con un super Mario Draghi siempre colgando del hilo de la incertidumbre italiana, abre indudablemente un nuevo rumbo en Europa.

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