Internacional 13/01/2022

Suecia y Finlandia también se acercan a la OTAN ante la amenaza de Rusia

Se refuerzan militarmente y reavivan el debate por miedo a una agresión de Moscú en caso de conflicto

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Soldat del ejército de Finlandia en una imagen de archivo.

BarcelonaLa presión de Rusia sobre la OTAN para que garantice que no incluirá nuevos miembros en la Alianza no afecta solo a Ucrania, país sobre el cual hace días que se fijan todas las miradas, sino también Finlandia y Suecia, dos estados de la Unión Europea que no son socios de la alianza militar. Las amenazas de Moscú sobre consecuencias graves si la OTAN amplía sus miembros han levantado suspicacias sobre la seguridad de los dos países nórdicos y han hecho reavivar el debate sobre la conveniencia de plantearse un cambio en su política de seguridad.

Frontera entre Finlandia y Rusia

"A escala nacional, nos estamos preparando adaptando nuestros recursos de defensa", dijo a principios de semana el ministro sueco de Defensa, Peter Hultqvist, que señaló que hay que reforzar especialmente la isla de Gotland, situada en el mar Báltico y considerada uno de los territorios suecos potencialmente más vulnerables a posibles ataques rusos. Este jueves varios medios locales han publicado que las fuerzas armadas están aumentando su presencia en Gotland y que a partir de ahora serán más visibles en lugares civiles, como el puerto y el aeropuerto. "La situación es tensa en el entorno más próximo, con un país amenazando a otro [en referencia a la tensión en Ucrania] y con negociaciones en marcha", ha argumentado Tomas Ängshammar, portavoz del regimiento de Gotland al diario Aftonbladet.

La primera ministra sueca, Magdalena Andersson, discutió la situación con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, la semana pasada, y subrayó la importancia de "profundizar en la cooperación" entre Suecia y la Alianza. A pesar de que no forman parte, tanto Suecia como Finlandia son considerados socios activos de la OTAN, y en los últimos años se han ido aproximando cada vez más, por ejemplo participando en la gran maniobra Trident Juncture del 2018 en Noruega.

Suecia descarta de momento la entrada en la OTAN, pero ha querido dejar claro que, en todo caso, será decisión suya, "y no de Rusia", como ha subrayado este jueves la ministra de Asuntos exteriores, Ann Linde, antes de participar en la reunión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en Viena. "Ahora mismo no es relevante [la entrada en la OTAN], pero lo que es importante es que lo decidamos nosotros", ha añadido.

Una decisión propia

Linde ha hecho énfasis en la cooperación que ya hay con la OTAN y con Finlandia, donde el debate también vuelve a formar parte de la agenda política. La cuestión ha tomado impulso a partir del discurso de Fin de año del presidente finlandés, Sauli Niinistö, en el que destacó que "el espacio para maniobrar y la libertad de elección de Finlandia también incluyen la posibilidad de alinearse militarmente y solicitar la adhesión a la OTAN". "Si nosotros mismos lo decidimos", añadió. Este es el quid de la cuestión, según opina Hanna Ojanen, profesora de la Universidad de Tampere y experta en políticas de defensa y seguridad. "Suecia y Finlandia han tenido que reaccionar, no podían simplemente quedarse callados. Han tenido que marcar perfil y subrayar que son libres de decidir sus políticas de defensa", explica al ARA.

A Niinistö se sumó la primera ministra, Sanna Marin, que también hizo una referencia en su discurso de Año Nuevo: "Conservamos la opción de solicitar la adhesión a la OTAN. Tenemos que mantener esta libertad de elección y asegurarnos que siga siendo una realidad, puesto que esto forma parte del derecho de cada país a decidir sobre sus propias políticas de seguridad". Las palabras de los dos líderes finlandeses llegaron pocos días después de que la portavoz del ministerio de Asuntos exteriores de Rusia, Maria Zakhàrova, advirtiera de "graves consecuencias políticas y militares" si Finlandia y Suecia se unen a la Alianza.

De momento, la adhesión a la OTAN no tiene el apoyo ni de una mayoría parlamentaria ni de la opinión pública en ninguno de los dos países. A pesar de que ahora parece una realidad bastante alejada, Ojanen afirma que la cuestión podría coger ímpetu si se convierte en un tema importante en la campaña de las próximas elecciones –en Suecia, en septiembre, y en Finlandia, en la primavera del año que viene– y algunos partidos cambian su posición. En Suecia, cuatro partidos del bloque de derechas, actualmente en la oposición pero con posibilidades de llegar al poder en otoño, son favorables a la adhesión a la Alianza Atlántica, y el porcentaje de suecos que es favorable ha aumentado en los últimos años: se ha aproximado al 50%. En Finlandia, en cambio, es solo un 24%, según una encuesta del año pasado, y también hay menos partidos políticos que lo apoyen.

Equilibrio delicado

En Finlandia, este aspecto es más delicado que en Suecia, teniendo en cuenta que comparte más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia y que mantiene relaciones económicas importantes. "Rusia es la principal preocupación para Finlandia, pero también la principal razón para no unirse a la OTAN", resume Ojanen. "La directriz en Finlandia es que a pesar de que la situación sea tensa y a pesar de que el país prepara constantemente su defensa frente a Rusia, hay que mantener el diálogo y la cooperación económica", explica. "Si Finlandia se adhiriera a la OTAN, Rusia reaccionaría, y sería una reacción económica y política problemática. La cuestión es si Finlandia está dispuesta a asumir ese riesgo", añade.

"Finlandia nunca ha recortado en defensa", dice la investigadora; al contrario que Suecia, que durante las últimas décadas había reducido considerablemente el gasto en este ámbito. Desde la caída de la URSS, el presupuesto sueco en defensa había caído drásticamente, desde cerca del 2,5% del PIB hasta el 1,2% en 2020, según datos del Instituto de Investigación por la Paz Internacional de Estocolmo (Sipri, por las siglas en inglés).

Pero las tensiones en el Báltico, especialmente desde la anexión de Crimea en el 2014, han empujado al gobierno sueco a revisar los números. Si se cumplen las cifras prometidas, entre el 2014 y el 2025 el presupuesto en defensa habrá crecido un 85%, "la inversión más grande desde los años 50", según destacó el titular del ramo cuando hizo el anuncio en 2020. La preocupación principal, según aseguró, es la actitud de Rusia y sus "agressions a Georgia y Ucrania", que hacen temer que la inestabilidad en la zona vaya al alza.

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