Cooperativismo

El cooperativismo, la fórmula para avanzar hacia una energía más justa y democrática

Ante la preocupación creciente por el impacto que tiene el modelo energético actual en el planeta, en Cataluña crecen iniciativas como Som Energia o el sello CEL Coop, que apuestan por ofrecer al consumidor alternativas con valores cooperativos

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Parque eólico de Tortosa

El 11 de diciembre de 2010, a las 12 en punto del mediodía, el salón de actos de la Casa de Cultura de Girona ya estaba prácticamente lleno. El público asistía a la Asamblea Constituyente de Som Energia, una cooperativa pionera en Cataluña decidida a impulsar un modelo de producción y consumo de energía 100% renovable. "Apenas estamos empezando y todavía estamos dando forma al proyecto, pero ya podemos dar algunos detalles de lo que vamos a hacer", adelantaban los responsables a los 150 socios que llenaban el patio de butacas. Ésta fue la semilla de una cooperativa energética que ha crecido como la espuma. Tres semanas después del acto, ya sumaba 350 socios y socias. Hoy, prácticamente quince años después, son ya más de 85.000.

"Queremos ser un instrumento de cambio hacia un nuevo modelo energético más justo y, para conseguirlo, vimos claro que debíamos constituirnos en cooperativa", explica Nuri Palmada, técnica del equipo de nuevos proyectos de Som Energia . Actualmente, la cooperativa produce energía eléctrica proveniente de fuentes renovables -como el sol, el viento, el biogás o la biomasa- y la comercializa a los particulares ya las empresas que son socias. En total, ha firmado más de 117.650 contratos para suministrar electricidad verde. Pero, ¿qué gana el consumidor contratando la energía con una cooperativa en vez de con una operadora convencional?

"Las personas, entidades o empresas que se hacen socias de Som Energia pasan a tener una comercializadora propia ya contribuir al autoabastecimiento de la energía que consumimos entre todas", comienza Palmada. Esto supone tener una capacidad de decisión directa sobre los proyectos que acomete la cooperativa. "Cada socio es un voto y, por tanto, puede decir la suya cuando tomamos decisiones estratégicas", apunta. También destaca que, aparte del capital inicial de 100 euros a abonar por ser socio de la cooperativa, quien se realiza puede realizar aportaciones voluntarias de capital social para invertir en nuevos proyectos. "Formar parte de Som Energia es convertirse en un activista para la transformación ecosocial", concluye la técnica.

La primera semilla

Si bien durante la última década la preocupación por la crisis ecosocial ha hecho brotar varias iniciativas como Som Energia, las cooperativas energéticas empezaron a asomarse hace cerca de un siglo. "Antes de la Guerra Civil había cerca de 2.000 cooperativas de energía repartidas por todo el territorio español", detalla Alfonso García. Es el presidente de la Unión de Cooperativas de Consumidores y Usuarios de Energías Renovables, entidad que agrupa a 24 cooperativas de ámbito municipal y regional de España. "Las compañías de entonces a menudo no conseguían atender las necesidades energéticas de todos y eso provocaba que algunos municipios se autoorganizaran para solucionarlo", apunta. Así surgieron las primeras cooperativas, que incluso llegaron a encargarse de construir parte de las redes de distribución.

La compra de estas pequeñas cooperativas por otras mayores empresas energéticas acabó convirtiendo a las cooperativas energéticas en "una fórmula residual" a principios de la década de 1990, según García. Ahora bien, con la entrada de España en la Comunidad Europea, el panorama dio un vuelco. "Aparecieron nuevos actores que ven la energía como un bien de consumo y no como una mercancía", apunta el experto. Esto se tradujo en el renacimiento de las cooperativas energéticas. "La meta definitiva fue la publicación de la directiva de energías renovables y del mercado de la electricidad de la Unión Europea, que definió cómo podían ser las comunidades energéticas", apunta.

Un país pionero

En Catalunya, el empuje del sector lo protagonizó Som Energia. "Cuando aparecimos, las cooperativas energéticas que se estaban creando se basaban, principalmente, en la comercialización de electricidad renovable", contextualiza Marc Roselló, técnico del equipo de comunidades energéticas de Som Energia. Sin embargo, ahora detecta que el panorama ha cambiado. "Estamos viendo cómo nacen decenas de iniciativas que quieren transformar el cooperativismo energético", explica. Son proyectos que incorporan los valores el cooperativismo y de la economía social y que, por tanto, tienen el beneficio común y ambiental como objetivo principal. La participación abierta y democrática en la gestión es el otro palo de pajar.

Para Roselló, Cataluña está siendo un referente para las cooperativas energéticas de todo el mundo. "En Osona se están creando decenas de comunidades energéticas organizadas en torno a una cooperativa de segundo grado y, en tierras gerundenses, la Diputación de Girona está impulsando el autoconsumo compartido sobre cubiertas municipales para que sean la semilla de nuevas comunidades energéticas", cita como ejemplos al técnico de Som Energia.

Una de las últimas iniciativas –y una de las más potentes– que se han materializado en Cataluña en los últimos años llegó hace unos meses de la mano de la Federación de Cooperativas de Trabajo. Se trata de la creación del sello de calidad CEL Coop. Detrás hay una cuarentena de cooperativas que han unido esfuerzos por avanzar hacia la transición ecosocial y la justicia energética. Para ello, promueven la formación de comunidades energéticas locales en forma de cooperativa. "Queremos poner las herramientas y el espacio para acelerar la transición ecológica, así que, con la creación del sello, ofrecemos acompañamiento integral en el proceso de creación de comunidades energéticas", explica Moisès Martínez Fèlix, uno de los impulsores del sello y miembro del consejo rector de la Federación de Cooperativas de Trabajo de Cataluña.

Una comunidad energética local es una fórmula que une a la ciudadanía, las empresas o las administraciones -como usuarios finales de energía- para cooperar en la generación, la distribución y el suministro de energía de fuentes renovables. Pueden constituirse en cooperativa y, para Martínez, tiene todo el sentido de que así sea. "La fórmula de cooperativa asegura una democracia participativa en la toma de decisiones de la comunidad y promueve la autoayuda, la capacitación de los socios y de la sociedad que le rodea", asegura. Concretamente, CEL Coop ofrece servicios de consultoría técnica, de instalación, de gestión energética y de acompañamiento legal, financiero o social a todo el que quiere crear una comunidad energética local en forma de cooperativa.

Los retos pendientes

Malgrado la expansión de este modelo de comunidades energéticas, las cooperativas que surgen se enfrentan a varios escollos. "El principal reto es la seguridad jurídica en relación con el autoconsumo compartido -abre Roselló, de Som Energia-. Es un modelo de negocio regulado por un real decreto, algo que plantea un cierto riesgo: ya hemos vivido cambios reguladores desafortunados" , continúa. El técnico también señala otro punto conflictivo: la competencia de precios con grandes empujadas del sector energético. "Son precios muy difíciles de superar y deben buscarse otros mecanismos para asegurar que las personas socias no sufran un agravio económico respecto al resto de la ciudadanía", apunta. Para que esto no ocurra, aconseja desarrollar conceptos y valores como la flexibilidad o la eficiencia energética.

Desde CEL Coop y Unión Renovables hacen hincapié en las carencias que tiene la transposición del texto europeo sobre comunidades energéticas en España. "La falta de un marco jurídico claro que dé seguridad sobre esta nueva figura hace que actores ligados a la financiación sean reacios a apoyar proyectos de comunidades energéticas locales", apunta Moisès Martínez Fèlix, de CEL Coop. Sin embargo, destaca "la valentía" de cooperativas de finanzas éticas como Coop57 o Fiare, que están abriendo la puerta a la financiación de estos proyectos. "Sin embargo, la movilización de la banca pública y de la banca convencional siguen siendo imprescindibles para escalar el modelo", explica. También existe un reto vinculado a la promoción. "El reto más importante que tenemos es hacer que las comunidades energéticas que se creen y consoliden lo hagan siguiendo el modelo cooperativo, buscando el empoderamiento ciudadano en el campo de la energía", termina Alfonso García.

¿Qué es y cómo funciona una comunidad energética local cooperativa?

Las comunidades energéticas locales son iniciativas conjuntas que trabajan para generar energía renovable y destinarla al autoconsumo. También pueden cederla a colectivos o entidades con necesidades energéticas. Una de las fórmulas para dar vida a estas comunidades es constituyéndolas como cooperativa. Si así se hace, se convierten en entidades abiertas y participativas, que se rigen de forma democrática. "El objetivo principal siempre será brindar beneficios sociales y ambientales a sus miembros", explican desde CEL Coop, una iniciativa que promociona estos proyectos.

Todo el mundo puede formar parte: desde personas hasta entidades o empresas, sean públicas o privadas. Además, no sólo pueden ofrecer autoconsumo energético compartido. "Se pueden convertir en comunidades de recursos, de sensibilización o de movilidad sostenible: dependerá de todo lo que imagine el grupo impulsor", afirman desde CEL Coop.

DESTACADOS

"Constituidos como cooperativa, queremos ser un instrumento de cambio hacia un nuevo modelo energético más justo" -Nuri Palmada, técnica del equipo de nuevos proyectos de Som Energia.

"Antes de la Guerra Civil, en España había 2.000 cooperativas de energía, pero desaparecieron" -Alfonso García, presidente de Unión Renovables.

"Para acelerar la transición ecológica, hacemos acompañamiento integral en la creación de comunidades energéticas locales cooperativas" - Moisès Martínez Fèlix, uno de los impulsores de CEL Coop.

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