Mundial de Catar
Misc 08/12/2022

Luis Enrique no sigue al frente de la selección española y Luis de la Fuente es su sustituto

Después de la eliminación de España ante Marruecos, la Federación decide no renovarlo como seleccionador

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Luis Enrique, con las manos a la cabeza después de la eliminación de España del Mundial catarí a manos de l Marruecos

BarcelonaLa Federación Española de Fútbol (RFEF) ha anunciado que la dirección deportiva de la RFEF ha trasladado al presidente Luis Rubiales un informe en el que se determina que tiene que empezar un nuevo proyecto para la selección española, "con el objetivo de seguir con el crecimiento conseguido en los últimos años gracias al trabajo hecho por Luis Enrique y sus colaboradores". Tanto Rubiales como el director deportivo, José Francisco Molina, han transmitido al entrenador la decisión.

Por lo tanto, dos días después de la eliminación ante Marruecos en los octavos de final, una derrota duramente criticada por gran parte de la prensa madrileña, que había puesto el foco en el asturiano, la RFEF decide no renovarlo en un cargo al que había llegado en 2018. Como seleccionador de España, Luis Enrique se despide después de haber liderado el cambio generacional del combinado estatal español, que se quedó a las puertas de jugar la final de la última edición de la Eurocopa (2022) y habiendo llevado a un equipo lleno de jóvenes a dos final four de la UEFA Nations League (de las tres que se han disputado con él como técnico).

Pocos minutos después, la RFEF ha hecho oficial que lo relevará en el cargo Luis de la Fuente, hasta ahora técnico de la selección española sub-21, un perfil que encaja en la idea de Rubiales de seguir con el cambio generacional y la apuesta por los jóvenes. El nuevo seleccionador, que tiene la plena confianza del presidente de la RFEF, empieza a partir de ahora a liderar un proyecto que, hasta marzo, no disputará ningún partido. Será entonces cuando el nuevo seleccionador debutará en la fase de clasificación para la Eurocopa 2024 de Alemania y dirigirá sus dos primeros partidos, contra Noruega y Escocia.

De la Fuente llega al cargo con el principal aval de haber llevado a la España sub-21 a la final de los Juegos Olímpicos de Tokyo o haber ganado la Eurocopa del 2019. El técnico de la Rioja se impone, así, a otros posibles candidatos, como el catalán Robert Martínez, hasta este Mundial seleccionador de Bélgica, o Marcelino García Toral, en el paro desde su última etapa en el Athletic Club.

La presión de Madrid

En muchos sectores de Madrid se celebra el fin de la etapa de Luis Enrique. La relación entre los medios de la capital española –próximos al Real Madrid, concretamente– y la roja viene de lejos. Siempre ha habido un sentimiento de pertenencia. Hasta el punto de que, si los blancos no aportan más jugadores que nadie o el capitán no es merengue, parece que aquello no los incumbe. Cuando la roja consiguió los mejores éxitos de su historia, encadenando dos Eurocopas (2008 y 2012) y un Mundial (2010) con una base de jugadores del Barça que practicaban el modelo de juego que se hacía en el Camp Nou, desde Madrid se intentó desviar el foco hacia el entrenador (un madridista, Vicente del Bosque) y tergiversar el relato para atribuirse las victorias.

La llegada de Luis Enrique a la selección española en 2018 volvió a abrir la caja de Pandora. El técnico, querido en Chamartín hasta que en 1996 dejó el equipo blanco para fichar por el Barça, ha sido históricamente una diana perfecta para la prensa de Madrid. La rivalidad deportiva, sumada a su carácter, generalmente antipático con los medios, lo había convertido en una especie de enemigo público número 1. Que cogiera las riendas de España y, sobre todo, que empezara una revolución en el vestuario para eliminar a la vieja guardia –entre ellos, el capitán Sergio Ramos– y apostar por jóvenes talentos, era una especie de sacrilegio que no podían perdonar. De nada le sirvió llegar a la final de la Liga de Naciones –que perdió con un gol polémico contra Francia– o plantarse en las semifinales de la Eurocopa –donde cayó en los penaltis contra Italia–. Todo lo veían mal. Que el Barça fuera el equipo con más jugadores en la lista de Catar –el Real Madrid solo tiene uno– era otro motivo para criticarlo. Y la eliminación en los octavos contra Marruecos ha sido la guinda del pastel.

El día después de un KO inesperado, la prensa que se edita en Madrid firmó un clamor casi unánime contra Luis Enrique. Acababa contrato justo después de este Mundial y la RFEF ya ha decidido que no renovará. "Ahora mismo me importa muy poco. Quiero volver a casa, estar con la familia, abrazar a mis perros... Dejemos pasar un tiempo y la próxima semana ya lo hablaremos", respondía a los micrófonos de La 1 minutos después de la fatídica tanda de penaltis contra los marroquíes. Dos días después, su etapa al frente de la selección española ya es cosa del pasado.

Fin a una etapa deseada

Al contrario de lo que pasaba años atrás, cuando las selecciones eran una especie de cementerio de elefantes donde los entrenadores, cansados del día a día con los equipos, agotaban los últimos años como técnicos en activo, hoy los equipos estatales son más profesionalizados y proactivos. Para Luis Enrique, la llamada de España era una bendición. Se había cogido un tiempo libre después de dejar el banquillo del Barça en 2017 porque "ya no podía más" y afrontaba un reto que le permitía dos cosas: seguir vinculado al fútbol y tener tiempo libre para su ocio, sobre todo la bicicleta y las carreras de resistencia.

Cuando dejó el Barça, el técnico admitió que se le habían acabado las pilas, que le costaba hacer seguir al grupo, al que ya se olía que le hacía falta una revolución que él no se veía capaz de afrontar. Las cosas son diferentes en España, donde ha creado su equipo de base, joven y con mucha proyección. Un grupo unido que solo ha pecado en este Mundial de dos cosas: la falta de experiencia en grandes torneos y también de individualidades que resuelvan partidos. Pero, claro, esto no es cosa del entrenador.

Luis Enrique cogió el timón después del Mundial del 2018 y tuvo que renunciar al cargo temporalmente, durante medio año, por la desgraciada muerte de su hija Xana en otoño de 2019. Volvió con más fuerza que nunca para la Eurocopa del verano pasado –después de un conflicto con el que había sido su segundo, Robert Moreno–. Aceptó las críticas que seguía recibiendo con mucha más mano izquierda e incluso abrió un canal de Twitch para publicar su mensaje sin interferencias.

El martes, a pesar de la eliminación, mostraba una serenidad envidiable porque daba mucho valor a todo lo que había construido, aunque los resultados deportivos no lo acompañaran. Finalmente, su etapa al frente de la selección española se acaba. Está por ver hacia dónde conducirá el técnico su futuro profesional, pero seguro que pretendientes no le faltarán después de los éxitos que acreditó con el Barça (solo él y Pep Guardiola han conseguido un triplete desde el banquillo), su idea de fútbol, a caballo entre la posesión y la verticalidad, y su carácter de líder.

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