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Knock Out

Niños humillados en las redes

Niños humillados
Periodista i crítica de televisió
3 min
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En un vídeo de Instagram una madre quiere demostrar a la audiencia el enorme talento de su bebé de apenas seis meses. Pasean por un jardín y el niño está relajado en sus brazos. La mujer se acerca a la piscina e, inesperadamente, lanza a su hijo a la piscina. Quiere demostrar que le ha enseñado al niño a flotar si se cae al agua. Vemos al bebé sumergido que va dando vueltas. Una mujer que ya estaba en la piscina lo mira de cerca por si la exhibición falla. La imagen provoca mucha angustia. Finalmente, el vástago queda boca arriba en la superficie y puede respirar. Las mujeres aplauden y hacen gala de sus métodos de entrenamiento. El experimento parece ser un éxito. Pero es inquietante cómo la mujer no ha tenido ningún escrúpulo a la hora de lanzar al bebé repentinamente, como si fuera una pelota, como si fuera un muñeco de trapo sin emociones. Las etiquetas que hay debajo del vídeo llevan a otras imágenes. Padres disfrazados de monstruos horribles que irrumpen en fiestas de cumpleaños de niños de dos o tres años. El pánico se apodera de ellos y se supone que la estampida de niños aterrorizados con dificultades para coordinar los movimientos tiene que hacer reír. Hay otros padres que graban a sus hijos haciéndoles creer que se han ensuciado de caca de un adulto. Un señor le pide a su hija pequeñita que le lleve el papel de inodoro al lavabo y cuando le coge el rollo, le pasa la mano por la cara y los brazos de manera torpe. Parece que la ensucie de mierda, pero en realidad es chocolate. La niña, de cinco años, queda en estado de shock. No entiende por qué su padre la ha llenado de caca. Le da asco pero aguanta el llanto. No tiene claro si ha sido sin querer o si papá tiene un problema. El hombre, ante el desconcierto de la criatura, se ríe ruidosamente, humillandola por su reacción. En otro vídeo, una mujer quiere inmortalizar una idea divertidísima. La criatura que tiene ante sí, de unos cuatro o cinco años, confía plenamente en ella porque obedece todas las instrucciones. Le tapan los ojos y le piden que levante el dedo índice. Le meten el dedo dentro de una mandarina agujereada y llena de chocolate fundido. Después esconden la mandarina y colocan al gato, de culo, justo delante. Cuando le destapan los ojos le hacen creer a la pobre criatura que ha metido el dedo en el ano del gato. Cuando la niña llora, la familia se echa a reír porque el engaño ha funcionado. Los disparates se multiplican. Una señora obliga a sus hijos pequeños que se han peleado a meterse dentro de la misma camiseta. El castigo los obliga a convivir comprimidos como si fueran siameses. También hay retos virales. Padres y madres que preparan una receta con sus hijos pequeños, pero hay una intención secreta. De forma repentina aplastan un huevo en la cabeza de la criatura para comprobar cómo reacciona. El #cheeseChallenge consiste en lanzar una loncha de queso en la cara de un bebé cuando está llorando. Pretenden demostrar la misteriosa eficacia del invento: cuando el queso queda enganchado en la cara del bebé, la criatura corta el llanto de forma instantánea. Muy pedagógico.

Hay personas que creen que sus hijos son como títeres. Son objetos de su propiedad. No se plantean que los menores de edad tengan derecho al respeto o a la dignidad. Traicionan su confianza sin escrúpulos porque solo son eso: muñecos para manipular. Las redes sociales tampoco ponen límites a ese tipo de contenido. Les parece más escandaloso un pezón de mujer que un bebé que sufre abuso emocional por parte de los adultos de su alrededor. Algunos de estos vídeos llevan años corriendo. Es inevitable preguntarse si algún día, todos estos niños, cuando haya crecido, encontrarán estas imágenes. Quizás algunos se sienten injustamente expuestos ante vivencias humillantes. Y otros quizás hayan normalizado el deseo por vejar a los demás.

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