Acusaciones falsas y terrorismo de estado

na mujer sostiene un cartel mientras los agentes de policía de Minneapolis responden a la escena donde una mujer fue asesinada a tiros por un agente de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minneapolis, Minnesota, EE.UU., el 7 de enero de 2026.
11/01/2026
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El asesinato hace unos días, en Minneapolis, de la poeta y activista Renee Nicole Macklin Good a manos de agentes de los ICE (el cuerpo policial de EEUU supuestamente encargado de controlar la inmigración ilegal; en la práctica unos vulgares escuadrones de la muerte) es un caso flagrante de terrorismo. Por la fuerza de las armas se hace callar para siempre una voz que discrepaba -de forma legítima y democrática- con el gobierno, y que ejercía su derecho a expresar en público esta discrepancia. Para justificar el crimen, la secretaria de seguridad del gobierno federal americano, Kristi Noem, acusó a Macklin Good de ser, precisamente, una "terrorista". Trump afirmó que los agentes habían actuado en defensa propia, ya que ella "les había atacado". El repulsivo escritor y vicepresidente JD Vance insistió en la misma idea, sugiriendo que la víctima aceleró su coche porque "no era inocente". En el vídeo de la ejecución de Macklin Good se ve claramente lo contrario: ella pone en marcha el coche con intención de marcharse y uno de los agentes le dispara tres disparos en la cabeza a quemarropa. Los medios de comunicación trumpistas se han dedicado a intentar difamar a Renee Nicole Macklin Good con mentiras o con cuestiones relativas a su vida privada. Para el sector más fanatizado de la sociedad actual (en Estados Unidos se llama MAGA; aquí no tienen un nombre específico, pero son el mismo) que una mujer sea lesbiana, o que digan que lo era, hace más aceptable que un policía le dispare.

Lo que ocurre en América nos afecta directamente porque, antes que tarde, nuestras derechas y ultraderechas copian las maneras de hacer y actuar de sus referentes de allí. La justificación de los crímenes y abusos de poder de los estados apelando a la necesidad de responder a un supuesto ataque terrorista es un clásico de los regímenes autoritarios, totalitarios o fascistas. También de algunos gobiernos democráticos cuando se sienten amenazados, especialmente aquellos que pertenecen a democracias poco consolidadas. Toda la represión policial y judicial contra el independentismo catalán la llevó a cabo España a partir de un supuesto "colpismo" y una amenaza "terrorista" que nunca existieron. Esta represión consistió –consiste todavía– en encarcelamientos, exilios e inhabilitaciones. Pero ya sabemos que existe un sector del nacionalismo español que piensa que estos fueron castigos demasiado benévolos: al fin y al cabo, se trataba de "colpismo" y "terrorismo", y esto merece castigos ejemplares.

Quienes así piensan son los que se preparan para llegar al poder a través de dos partidos, PP y Vox. El hecho de que España forme parte de la Unión Europea, por muchas carencias y miserias que tenga, ha evitado en varios momentos atentados aún más graves contra la democracia (y contra la ciudadanía): que ahora la UE esté tan debilitada y desorientada no es, para las minorías que son súbditas del Reino de España, ninguna buena noticia. Disparar primero y difamar después es una práctica antigua del terrorismo de estado. Y nunca se le discute a un estado su derecho a "defenderse".

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