01/11/2021

Las armas, el gas y el acero ocupan más espacio en el G-20 que el clima o las vacunas

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El presidente ruso, Vladimir Putin, durante una sesión de la cumbre de líderes  mundiales del G20, por teleconferencia en Moscú

El encuentro del G-20 que se ha celebrado en Roma, previo a la Cumbre del Clima de Glasgow, inaugurada este domingo, ha dejado algunas imágenes significativas que muestran el momento de inestabilidad que vive el mundo postpandémico. Por un lado, lo más destacado han sido las ausencias físicas tanto de Xi Jinping, el presidente chino, como de Vladimir Putin, el presidente ruso, que forman parte y han participado de manera virtual pero que han estado, de hecho, en el centro de algunos de los conflictos, políticos pero principalmente económicos, que han dominado esta cumbre.

En el caso de China, es la protagonista secundaria del conflicto que enfrenta a Francia con Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, puesto que es su creciente presencia militar en el Pacífico, y las diversas disputas por aguas territoriales con sus vecinos, lo que en principio motivó que Australia deshiciera el acuerdo que tenía con los franceses para crear la alianza AUKUS, que le aportará submarinos nucleares. Este golpe bajo a la industria francesa y de rechazo a Europa ha sobrevolado el encuentro.

También lo ha hecho, y con fuerza, el problema del desabastecimiento energético en Europa, y aquí el nuevo oleoducto ruso, el Nord Stream, defendido sobre todo por Alemania, pone muy nerviosos a los norteamericanos, que lo ven como un arma que Putin puede usar para someter a la UE. Lo hicieron notar el sábado mismo afirmando que otro oleoducto ruso más al sur había desviado parte del gas hacia otros países del Este en lugar de hacia Europa, lo cual consideraban una demostración de fuerza y que ha sido negada por Gazprom.

Rusia también ha estado en el trasfondo de las conversaciones bilaterales entre Estados Unidos y Turquía, porque mientras que Recep Tayyip Erdogan insiste en comprar aviones F16, Joe Biden le responde que ya se lo pensarán porque no están de acuerdo con el hecho de que el ejército turco haya comprado escudos antimisiles a los rusos.

La buena noticia de la jornada parece que ha sido la tregua que han firmado Estados Unidos y la Unión Europea en relación a los aranceles que Trump impuso en 2018 a las exportaciones europeas de acero y aluminio. Un acuerdo, sin embargo, que no afecta a todas las exportaciones y que especifica que tiene que ser acero europeo, para evitar que se cuele la gran cantidad de acero chino que llega a la UE. De momento se retira el arancel, según Reuters, a un total de 3.300 millones de toneladas, y a cambio la UE alarga dos años la moratoria de los impuestos a productos norteamericanos como el bourbon o la mantequilla de cacahuete mientras se negocia un nuevo acuerdo.

La economía y los pactos para aislar a China y Rusia han sido, pues, dos de los ejes diplomáticos de la agenda que Joe Biden está desplegando estos días en Europa. Se lleva, eso sí, el compromiso ya pactado de que se establezca un mínimo del 15% para el impuesto sobre sociedades a escala mundial, en principio a partir del 2023.

Los otros grandes temas pendientes, sin embargo, los más importantes porque afectan al futuro y al conjunto del mundo, se han quedado de momento en buenas palabras. Compromisos anunciados solemnemente sobre la crisis climática o sobre la facilitación del acceso a las vacunas contra el covid-19 en los países pobres han convivido con la sombra, cada vez más espesa, de una guerra comercial que parece que cuanto más avanza más se militariza.