El líder de Vox, Santiago Abascal, en el hemiciclo del Congreso con un móvil en la mano en una imagen de archivo
17/02/2026
Escriptor
2 min

El burka es otro de esos espantajos que la derecha hincha hasta el paroxismo con la voluntad de crear alarma social, así como crispación, polarización y, por supuesto, odio contra grupos de población concretos; en este caso, la inmigración árabe. Las mujeres obligadas a ir en burka a los pueblos y ciudades nuestras pertenecen a la misma categoría que los ocupas que entran en casa mientras uno sale a hacer la compra, los virus y las vacunas que experimentan con la humanidad entera y los violadores de piel oscura tras esquinas aún más oscuras. Historias de miedo a partir de casos concretos (en su mayoría inventados) que los partidos, los medios y las redes de la derecha y la ultraderecha administran con sensacionalismo y desinformación.

Es obvio que el burka es un signo de oscurantismo que no tiene cabida en una sociedad democrática. Ahora bien, confundir interesadamente el burka con el islam, y el islam con la población de origen árabe que vive en tu barrio o en tu pueblo, ya es otra cuestión sustancialmente distinta. Eso es lo que hacen PP y Vox con sus soflamas islamófobas y con "iniciativas" esperpénticas como esta propuesta de prohibición del burka que han llevado al Congreso este martes, exactamente con la misma ausencia de sentido de la realidad y del ridículo con el que Vox —que es la fuerza tractora de estos discursos— presentó a Ramón Tamames como censo. Habría que aplaudir a Junts haber sabido fugarse esta vez de la acometida racista, pero ha tenido que hacerlo presentando una propuesta "alternativa", hecha con los ojos puestos en los futuribles pactos con Aliança Catalana. Pactos, por cierto, a los que la líder ultra catalana, Silvia Orriols, ya se ha mostrado bien dispuesta pero –naturalmente– imponiendo sus condiciones. La extrema derecha hace pagar caros sus apoyos, y si no, que se lo pidan ahora a María Guardiola en Extremadura, oa Jorge Azcón en Aragón. O, sin ir más lejos, en el PP de Baleares y su presidenta, Marga Prohens, reducidos a tristes juguetes en manos de Vox.

La primera parte del falso debate ya la sabemos: la izquierda es débil y no sabe afrontar los debates de la sociedad. Falta la segunda parte: por eso nosotros, la extrema derecha y la derecha que se dobla, presentamos propuestas de odio que encenderán la sociedad con un fuego que —oh, casualidad— sólo nosotros sabremos controlar. Sobre todo porque es un fuego hecho de mentiras. Haría gracia, si no hiciera otra cosa, que la preocupación por el burka la abanderen unos tíos que dicen que con el franquismo se vivía tan y tan bien: la época en que las mujeres estaban obligadas a llevar velo para asistir a funciones religiosas, a llevar unos duelos que duraban años cuando moría un hombre de la casa oa encerrarse como monjas de llaves. Por cierto: Cataluña tiene cabezas que han pensado a fondo el islam y su relación con la cultura catalana, intelectuales catalanes de origen árabe y arabistas excelentes. Sería recomendable escucharles a ellas y ellos, y no al primer charlatán que sale a gritar que vienen los moros a invadirnos.

stats