Jordi Pujol, en una imagen del año pasado.
27/04/2026
Escritor
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Al final, la citación de Jordi Pujol ante la Audiencia Nacional ha sido una especie de capricho negro (un capricho de Goya, que ya denunciaba los abusos de poder de la España de su tiempo) del tribunal presidido por el magistrado José Ricardo de Prada, que no se ha molestado en disimular mucho su complacencia al hacer pasar al expresidente catalán por este episodio esperpéntico. “El tribunal no quiere caer en el edadismo”, soltó, en evidente tono de mofa. En Madrid han corroborado aquello que ya se había determinado en Barcelona: que Pujol no estaba en condiciones físicas ni psicológicas de comparecer ante un tribunal. “Era imprescindible el contacto personal”, ha insistido el juez De Prada, a años luz de reconocer que él y el tribunal habían cometido aquello que en lenguaje jurídico se conoce como una cagada monumental. El sentido común más elemental avisaba que la maniobra, además de fea, no tenía ningún sentido ni contenido, más allá de una exhibición gratuita de poder a mayor abundancia de la España ultranacionalista. Pero el sentido común más elemental es algo que no se le puede ni se le debe pedir a la cúpula de la magistratura española, porque está exenta de él.El episodio recuerda varias cosas sobre la justicia en España. Una, que la justicia lenta no es justicia y que cuando se tardan diez, doce o catorce años en juzgar las cosas puede pasar, por ejemplo, que uno de los acusados (sobre el cual, por otra parte, no se ha probado nada de nada) ya sea muerto o tenga una salud demasiado precaria, como en este caso. En cambio, a los protagonistas de la trama Kitchen, que se juzga en la misma Audiencia Nacional, el retraso les ha ido bien para abonar los ataques de amnesia fingida con que se presentan a declarar. La mención a la Kitchen nos conduce a las siguientes cuestiones: las diferentes varas de medir de la justicia española son, también, políticas. Y esto explica que De Prada y su tribunal se diviertan haciendo escarnio de Pujol, mientras en la sala de la Kitchen la magistrada Teresa Palacios se ocupa de interrumpir o desautorizar las preguntas que puedan incomodar a Rajoy, De Cospedal o Sáez de Santamaría, que no solo no reciben ningún tipo de trato vejatorio sino que llegan y se van con la cara bien alta. Poner la justicia al servicio o en contra de unos u otros intereses políticos es una de las peores formas de perversión del estado de derecho.Este episodio ha sido también un recordatorio de que lo que llamamos el conflicto Cataluña-España es el resultado de la suma de dos debilidades: la de España, que no ha conseguido nunca completar, ni siquiera con la Guerra Civil, su proyecto nacional jacobino y homogeneizador (un estado, una nación, una bandera, un rey, una lengua), y la debilidad de Cataluña, que no solo no ha conseguido salir de este proyecto nacional de España, sino que en gran medida tampoco quiere salir de él. El españolismo es fanfarrón; el catalanismo es victimista; ambos son resentidos y rencorosos. Nada avanza nunca, o avanza muy poco. De todo ello Jordi Pujol es una completa personificación.

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