Las manipulaciones del PP
“No permitiremos el intento de manipulación emocional de los españoles”. Estas palabras son de Feijóo, para justificar la negativa del PP a asistir a los minutos de silencio por la muerte de Maricarmen Abascal. Un ejercicio de insensibilidad que retrata al personaje y pone de manifiesto su incapacidad para captar los estados de ánimo de la ciudadanía.
Con la vivienda no se juega. El 76% de la población (según la encuesta del CIS) cree que el Estado debe intervenir el mercado de la vivienda. La derecha ha optado por el demagógico discurso de atribuir a los que vienen de fuera las distorsiones del mercado inmobiliario. Ya tenemos al enemigo, el inmigrante, que es la eterna coartada. La lógica patriotera del nosotros y los otros para justificar los exabruptos de la derecha, desfigurando obscenamente la realidad. A los que vienen a trabajar de fuera los necesitamos. Y lo que hace falta es más vivienda protegida.
Vivimos un momento de estallido social, de decretos de emergencia, de adelanto electoral, con una huelga general en el horizonte. Y Feijóo va camino de conseguir un éxito extraordinario: que las movilizaciones no sean contra el gobierno sino contra ellos. En su lucha por el poder no solo quiere controlar las ideas y los proyectos sino incluso las sensibilidades: prohibido lamentar un desahucio. Y de repente la huelga general por la vivienda rebota contra él.
A pesar de que las encuestas le dan buenas perspectivas, en un momento en que el desgaste del gobierno es manifiesto, Feijóo sigue tirando de la manta sin ningún respeto por un derecho de los ciudadanos como es el del voto. Vox le recorta espacio día a día con su apuesta por el autoritarismo posdemocrático. Y la última ocurrencia de Feijóo ha sido negar, en nombre del interés de su partido, un principio elemental de la democracia: el derecho fundamental de voto que todo ciudadano tiene. Un derecho que el PP quiere violar en dos casos: negando el voto a los nietos de exiliados españoles a los cuales se ha otorgado la nacionalidad y, una filigrana más, cancelando el voto por correo.
Conociendo los orígenes del PP sería lógico que entre los herederos del exilio hubiera poco voto para ellos. La pretensión –brillante aportación de Ayuso– de que Correos puede manipular los votos que pasen por sus canales, sin pruebas, es una ignominia. En todo caso, quién puede votar lo dice la ley, no el PP. Poca confianza debe tener Feijóo en sí mismo, si necesita ponerse tan en evidencia.