La comedia de antes de la tragedia
Es indudable que a los políticos en campaña ir a programas simpáticos (que suponen lo que antes era ir a los mercados) les ayuda. Nos muestra una cara amable. “Mira, este también tiene hijos adolescentes como yo, también le gusta el fútbol como a mí...” Ir a programas como La revuelta les va bien para llegar a la gente que los ve y que no mira la televisión convencional, ni lee periódicos. Esta gente quizás es abstencionista y, al oír a Rufián hablar de “comer culo” o a Montero decir que “cuesta encotrar a un tío que te coma bien el coño” (perdónenme, que cito de memoria, y no traduzco por mor de la sonoridad en versión castiza), piensa que el programa electoral que tengan es igual, pero que son “colegas”.
Esto funciona bien hasta que hay una catástrofe como la que nos conmueve estos días; un accidente de tren a causa de un error humano que viene de muchísimos otros errores humanos. Entonces te vienen a la cabeza estos políticos hablando de esto. Hablando de cosas de las que hablas hoy, comiendo castañas y riendo con los tuyos. Esto no es culpa suya, ni del presentador, claro que no, pero en un momento trágico no puedes dejar de recordarlos diciendo estas frases.