Por encima de la nieve, ligero en un trineo

La capital de Groenlandia, Nuuk, en una imagen aérea.
18/01/2026
Periodista
2 min

Acabo de leer Los idus de marzo, de Thornton Wilder (Eclecta), empujado por el luminoso prólogo de Carlota Gurt (si lee este prólogo terminará leyendo el libro), y Julio César me parece un príncipe del Renacimiento y un déspota ilustrado, junto al césar inculto y pintado de calabaza de nuestros días. Pero a pesar de los dos mil años que les separan, uno podría dialogar con otro. Julio César se proclamó dictador perpetuo y Trump aspira. El romano recibía correos de los procónsules de las Galias y oficiaba de anfitrión de Cleopatra mientras Trump recibe a los briefings de Groenlandia, se hace pasear en la carroza dorada del rey de Inglaterra y se hace regalar medallas ajenas, mientras en las remotas provincias del imperio nos levantamos cada día pensando cuál una habrá perpetrado.

Ambos llegaron a lo más alto, uno después de haber entendido y conducido la naturaleza de sus soldados y el otro, la psicología de sus votantes. En ambos casos, la ley del más fuerte era el argumento más convincente, esa ley que ahora se disfraza de principio de realidad. Haga la prueba: estos días siempre encontrará a alguien que le mirará con una sonrisa condescendiente cuando comparta sus temores por el porvenir. Os dirá que las cosas no son muy distintas de cómo han sido siempre, y mostrará el tono de superioridad de quien ya vive instalado en una página de la realidad que tú ni te olvides, como si ya le hubieran enviado el salvoconducto para escapar el día que pinten bastos, mientras tú te quedarás en el suelo. Son gente que se ríen de los trineos de Groenlandia porque Trump se ríe, de los trineos y de los perros, convertidos en símbolos ingenuos de cancionero navideño.

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