A quienes nos gusta el fútbol nos lo ponen muy difícil para disfrutar del Mundial, con toda esta exhibición de nacionalismo banal y de geopolítica barata. Me podréis decir, como decían los abuelos, y como antes dijo Esopo, que la zorra, cuando no las puede alcanzar, dice que están verdes. Y efectivamente, querría que Cataluña pudiera participar en este circo, y me irrita que la FIFA instaure una fiebre de patriotismo —como cada cuatro años— que, en nuestro caso, es la expresión de una identidad subrogada. Ante un Mundial, todo el mundo elige camiseta, y si la catalana no está, se ponen otra, ya sea la española (porque es donde juegan, por decreto, los catalanes), la marroquí o la argentina, que es la de muchos recién llegados. En Cataluña todo el mundo tiene el derecho de ejercer, excepto los catalanes.España es una nación frágil y sabe que el deporte amorosa las grietas. Como ahora, además, en el equipo español hay muchos catalanes, un musulmán y un negro, el españolismo progre ha elaborado un discurso a su medida, eludiendo el hecho de que la pretendida pluralidad de la roja se sustenta sobre una imposición. Evidentemente, cuentan con la complicidad de los jugadores catalanes, que se adaptan a la situación porque no quieren estar bajo sospecha. Lamine Yamal habla catalán, si es necesario, cuando viste la camiseta del Barça, pero renuncia a hacerlo en el Mundial para que no haya dudas sobre sus lealtades, que quizás son las del corazón pero también las que le marcan el sentido práctico y la presión del entorno: mira, Lamine, ya te miran extrañamente porque eres medio marroquí y musulmán, no lo compliquemos más con demostraciones de catalanidad.
Otro catalán, el defensa Pau Cubarsí, fue pillado hablando en catalán con Eric Garcia, le preguntaron por el tema y su sonrisa congelada, el pánico en la mirada, lo decían todo. “A lo mejor con Eric sí que hablo catalán porque me sale más fluido, pero con todos los demás hablo castellano perfectamente...”. Habría hecho un mejor servicio a la causa si hubiera dicho que la diversidad lingüística en la selección es un reflejo de la España plural, pero pesó más el miedo al señalamiento. ¿Creéis que exagero? Preguntádselo a la chica que ha sido despedida de Attico, empresa de coworking y coliving, por hacer uso del catalán y “generar incomodidad” entre compañeros y clientes. Preguntádselo también a Teresa Comellas, distinguida por tener la mejor nota de la selectividad en las Baleares. Al agradecer el reconocimiento, reivindicó la enseñanza pública en catalán, y la lluvia de improperios que recibió en las redes supera cualquier límite de la indecencia. Estas dos chicas tienen los ovarios de mantenerse firmes mientras las celebrities y los deportistas de élite eligen siempre la opción más cómoda. ¿A quién preferimos idolatrar?Esta selección española con mayoría blaugrana y toques de etnicidad se ha convertido en la coartada de los progres catalanes que desde los porrazos de 2017 se sentían incómodos porque saben, les guste o no, que por una vez su bando fue el de los opresores. Por eso ahora el fútbol en España es una política de estado, como lo fue en Argentina en 1978 (salvando las distancias). Esta es una batalla que –incomprensiblemente– los partidos catalanistas han renunciado a disputar. Mientras tanto, Felipe VI pasa el día en el Mundial apropiándose de cada gol, Rosalía y Alexia Putellas hacen postureo en el palco, seguras de que su patriotismo les saldrá a cuenta. Y los que queremos recordar que todo esto deriva de un acto de violencia, de la negación de un derecho básico, de una identidad construida sobre la negación de otra, nos tenemos que conformar haciendo el papel de aguafiestas, convencidos, sin embargo, de que aunque la pelotita entre, como en 2010, el dinosaurio continuará aquí.