LA OBSERVADORA

Más peligroso que desconcertante

Patricia Cornellana web 050426
04/04/2026
Directora del ARA
4 min

BarcelonaDicen que Nabokov decía a sus estudiantes lo siguiente: "No infléis de elocuencia la ignorancia". Como es evidente, Trump no habría ido a clase. Jamás un presidente de los Estados Unidos había provocado tanta estupefacción en los mercados, en los socios, en los enemigos y en su propio electorado. Sus declaraciones contradictorias provocan movimientos erráticos en las bolsas y van acabando la paciencia de los socios tradicionales, a los que va insultando de manera frívola y pueril. A los insultos a los socios que no se dejan arrastrar a una guerra para la cual nadie les consultó se suman las amenazas de matón de barrio como las de enviar la civilización persa a la edad de piedra, exactamente de allí de donde parece que llega mentalmente el presidente de la gran superpotencia. Tampoco se ha ahorrado la amenaza de salir de la OTAN, a pesar de que la decisión depende teóricamente del Congreso de los EUA.

Trump parece estar buscando una salida a la guerra compatible con su inmensa arrogancia y con su carácter iracundo, y las cancillerías europeas y los analistas rogamos para que la encuentre antes de que sea demasiado tarde y cometa errores irreversibles como desplegar tropas en Irán. 

Mientras tanto, la situación se hace cada día más compleja de desentrañar, sobre todo si Irán captura militares norteamericanos. 

Los ceses recientes en el seno del gobierno norteamericano –tanto al frente del departamento de Justicia como en la estructura de mando militar– no pueden ser leídos como simples ajustes administrativos. Forman parte de un movimiento más profundo que apunta a una redefinición de la relación entre el poder ejecutivo y las instituciones que, en teoría, deberían limitarlo. Los relevos no responden tanto a errores de gestión como a una insuficiente alineación con la voluntad del líder. La destitución de la fiscal general se inscribe así en una lógica de disciplina interna, en la que la fidelidad deviene el criterio determinante. Lo mismo se aplica a los mandos militares: lo que se busca no es solo eficacia operativa, sino consonancia ideológica y disponibilidad a ejecutar una agenda política concreta. En este marco, palabras como purga o represalia no son exageraciones retóricas, sino intentos de describir un cambio cualitativo en la manera de ejercer el poder de Trump.

Las consecuencias institucionales son la erosión progresiva de normas que durante décadas han estructurado el funcionamiento no solo de la diplomacia sino del estado. El departamento de Justicia, tradicionalmente protegido por una cierta autonomía, corre el riesgo de convertirse en una extensión del ejecutivo. No se trata solo de quién ocupa el cargo, sino de la transformación de la función misma: de garante imparcial de la legalidad a instrumento potencial en disputas políticas. De manera similar, el ejército, que ha operado bajo una estricta cultura de neutralidad técnica, se ve sometido a presiones que pueden alterar este equilibrio. El peligro aquí es la degradación gradual, casi imperceptible, de las normas que sostienen la confianza institucional.

Finalmente, son decisiones de concentración de poder. Los ceses no son episodios aislados sino pasos coherentes en un proceso de captura institucional. El control del sistema judicial y del aparato coercitivo del estado –justicia y fuerzas armadas– constituye un elemento central en cualquier proyecto de centralización del poder. Lo que se pone en juego no es solo el equilibrio entre ramas del gobierno, sino la naturaleza misma del sistema político: si continúa basándose en contrapesos efectivos o si evoluciona hacia una estructura personalista y en este caso casi caprichosa.

Los ceses no son neutros. Indican un desplazamiento en los criterios que rigen las instituciones: de la competencia y la independencia hacia la lealtad y el alineamiento. Este cambio, si se consolida, no solo altera el funcionamiento interno del estado, sino también la percepción de su legitimidad.

El futuro de la democracia de los EUA

En última instancia, la cuestión no es si un gobierno tiene derecho a nombrar o destituir cargos, sino hasta qué punto estas decisiones transforman las reglas del juego. Es aquí donde estos episodios adquieren una dimensión que va más allá de la actualidad inmediata y se inscriben en un debate más amplio sobre el futuro democrático de los EUA.

¿Estamos ante el absurdo más absoluto, o ante un pensamiento estructurado?

Básicamente, un pensamiento reaccionario basado en la laminación de la democracia. Lo más grave es que Trump es el elemento más aparatoso, pero no el único, y también lo vemos en la Unión Europea. 

Hungría, Polonia e Italia han visto cómo nacionalpopulistas de derecha llegan al poder con el trasfondo de necesidades socioeconómicas y desafíos políticos. El malestar social en Polonia y Hungría contra las élites opuestas a un pueblo que sufre pone en riesgo la democracia liberal. Revalorización de la historia del país, movilización social, retórica antiinmigración que choca con la realidad económica. Se produce un ataque metódico al estado de derecho. Primero la justicia, se intimida a la oposición, a los periodistas y a la universidad y se desprestigia el conocimiento científico. La evolución dependerá de la capacidad de resistencia democrática y del grado de intromisión desestabilizadora de Rusia. 

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