Déjame decirte

Los escenarios de la lucha agónica PP-PSOE

Sánchez y Feijóo en la Moncloa.
07/02/2026
4 min

MadridEl PSOE y el gobierno español lo pasarán especialmente mal en las próximas semanas. Tendrán un mal resultado en los comicios autonómicos de Aragón y devolverán las especulaciones sobre la posibilidad de una convocatoria de elecciones generales este año. La prueba de fuego definitiva, sin embargo, será la de Andalucía, el próximo mes de junio. Hasta entonces seguirán los cálculos y rumores, pero es improbable que Pedro Sánchez disuelva las Corts antes de completar el ciclo en curso, que incluirá Castilla y León en marzo, y las andaluzas tres meses más tarde. En cualquier caso, podría unir estas últimas con las generales, pero parecería una salida muy a la desesperada. De hecho, no son pocos los socialistas que creen que todo sigue apuntando a una voluntad de agotamiento de la legislatura, por mucho que el PSOE pueda vivir con una sensación de lucha agónica por adaptarse a las circunstancias y tratar de sobreponerse, pese a los malos resultados electorales, los ya constatados y los que temen a partir de ahora.

En este sentido, no falta quien piensa que si Sánchez ha escogido ministros para presentarlos como cabezas de lista en el actual ciclo de comicios autonómicos –como el caso de la vicepresidenta María Jesús Montero en Andalucía o la ministra Pilar Alegría en Aragón– es sobre todo para garantizarse todo lo posible el control. En realidad, el PSOE ha vivido con mucha preocupación la campaña aragonesa, especialmente por los pronósticos de las encuestas. Muchos de estos estudios demoscópicos han pronosticado, por ejemplo, que Vox puede ser la segunda fuerza política en Zaragoza, relegando a los socialistas. No debería esperarse una reacción fuerte del gobierno si las cosas van mal para Alegría, pero el PSOE acusará el golpe.

De momento, las reflexiones críticas se hacen al oído, pocos quieren significarse, y menos teniendo en cuenta que después de Aragón aún quedarán pendientes las citas citas electorales. Sánchez tiene un amplio sector crítico entre los veteranos –Felipe González y Alfonso Guerra no pierden ocasión para demostrarlo–, y van apareciendo núcleos de disidencia, aún con cierta timidez, pero que empiezan a tener eco. Por ejemplo, el Manifiesto Socialdemocracia 21, presentado por el exministro y expresidente de Red Eléctrica Española Jordi Sevilla, en el que propone un "cambio de rumbo", para pedir un acercamiento al PP y renunciar al esquema de alianzas con Podemos o Sumar y los partidos independentistas que, con altibajos, ha caracterizado las últimas legislaturas.

Por ahora, estas prospecciones sobre lo que podría ser el postsanchismo no tienen una forma ni dimensión articulada, aunque permiten comprobar que hay quien quisiera ir preparando el futuro, modificando la estrategia seguida en los últimos años, de hecho desde la moción de censura que provocó la caída de Rajoy. Duele decir si este tipo de iniciativas llegan demasiado pronto, o demasiado tarde. La opción de buscar acuerdos con el PP es inexistente. Se ha ido ya muy lejos en el desprecio cruzado. La entrevista que debían mantener Sánchez y Feijóo el pasado 18 de enero –suspendida por el accidente ferroviario de Adamuz– sigue sin fecha por ahora. En cualquier caso, todo lo que dicen los socialistas del líder popular es por considerarlo prisionero de Vox. De hecho, ésta es la agonía del PP, que no tiene alternativa al pacto con la extrema derecha. Y la réplica de los populares sobre Sánchez oscila entre la descalificación y la profunda desconfianza.

Cambio de mentalidad

Si PP y PSOE vuelven a buscar acercarse en el futuro tendrá que estar sobre la base de una nueva composición del Parlamento que facilite un cambio de mentalidad y estrategia. Ya se ha visto, por ejemplo, que el PSOE no ha perdido ni un minuto al pensar si valía la pena plantearse que los populares gobernaran Extremadura sin Vox, con la abstención de los socialistas, como propuso el expresidente de esa comunidad, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. La prioridad del PSOE es seguir presentando batalla, y hacerlo luchando sobre todo contra el desánimo y abstención de sus votantes de ocasiones precedentes. Los insultos y descalificaciones del magnate estadounidense Elon Musk contra Sánchez, por proponer la prohibición de acceso a las redes sociales de los menores de 16 años, pueden haber ayudado al líder socialista a recuperar la conexión con sectores de indecisos. Tampoco ha estado irrelevante la mano que ha recibido del propio PP por el escándalo del trato que la dirección popular dio a la concejala de Móstoles que ha acusado al alcalde de esta localidad de haberla acosado. El equipo de Ayuso proporcionó a la denunciante consejos vergonzosos, intentando acallarla y diciéndole que la investigarían a ella. Ahora bien, en esta materia el PSOE no está en condiciones de dar lecciones, después de haber tenido en un cajón las denuncias de trabajadoras de Moncloa, también por acoso, contra Francisco Salazar, uno de los hombres de confianza de Sánchez.

Todo esto ocurre mientras las inundaciones en la mayor parte de las provincias andaluzas –de momento, con una víctima mortal– y el consiguiente desalojo de más de 11.000 personas proporcionan un cuadro de sufrimientos y alteración de la vida ordinaria que alimenta un profundo malestar y la sensación de desgobierno. Durante los años que viví en Italia se utilizaba para cualquier queja aquella frase de "piove, porco governo", que podríamos traducir rebajando un poco el tono como "está lloviendo, maldito gobierno". Pero la frustración y las pérdidas no provienen exclusivamente de las consecuencias de la lluvia, sino de todas las secuelas del accidente ferroviario de Adamuz, con anuncio de huelga del sector incluido por tres días de la semana que. de frustración y abatimiento ha sido estos días la existencia de colaboración institucional al margen de colores políticos. Pero, una vez más, mucha gente lo ha perdido todo. producida por la cadena de borrascas de este año. Esta lucha es también agónica, como la de los ciudadanos afectados por la crisis de Cercanías, que estaba más que anunciada.

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