Urbanismo
Sociedad  /  Barcelona 03/01/2022

'Prohibido el paso por obras': las reformas que inundarán Barcelona en 2022

El gobierno de Colau desencalla grandes transformaciones como la de la Rambla y la Vía Laietana a un año y medio de las elecciones

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Un tranvía circulante por la avenida Diagonal.

BarcelonaLa Diagonal, las Glorias, la Rambla, la Vía Laietana, las calles del Eixample incluidas en la nueva superilla, la Meridiana, Gran de Sant Andreu o Pi i Margall. Son solo algunos de los puntos de Barcelona que vivirán obras este 2022 de auténtica esprint –o de campo de minas, depende de cómo se mire–, después de que todo quedara retardado por la pandemia. Los últimos meses ya se ha desbloqueado algún proyecto que se eternizaba en la ciudad, como la reforma de la Rambla.

Cuando falta menos de un año y medio para las elecciones municipales, el gobierno de Ada Colau avisa que vienen meses de muchas obras. "La incertidumbre de la pandemia ha hecho atrasar la previsión que teníamos desde principios del mandato y que todo haya quedado concentrado en este último tramo", justifica la teniente de alcaldía de Urbanismo, Janet Sanz.

Colau empieza el año habiendo adjudicado las primeras obras de uno de los proyectos que más frustración generó a los comuns en el mandato pasado: el enlace de los tranvías por la Diagonal. Los trabajos se tendrían que empezar a mover este 2022, como la nueva superilla prevista alrededor de la calle Consell de Cent , que tendría que empezar a levantar asfalto en la primavera. Y habiendo conseguido, además de aprobar presupuestos y ordenanzas fiscales –aunque sea con bronca con ERC –, sellar la polémica modificación de la ordenanza de terrazas, que permitirá mantener las que bares y restaurantes ganaron en calzada durante la pandemia siempre que instalen las nuevas plataformas –y desaparezcan los bloques de hormigón–. El nuevo plan de alojamientos turísticos, también desencallado, corrige posibles fisuras del anterior, pero deja una gran asignatura pendiente: comuns y socialistas no se ponen de acuerdo sobre qué hacer con el alquiler de habitaciones, que de momento continúa prohibido para periodos inferiores a un mes, como defienden los de Colau.

El gobierno municipal ha cerrado muchas carpetas en pocos meses, como la reforma de Pi i Margall y el proyecto del Mercat de l'Abaceria , en Gràcia, pero mantiene otras abiertas, como decidir el futuro de la Fira de Montjuic y las Tres Ximeneies de Paral·lel , acabar de aterrizar el plan urbanístico que condicionará la construcción de vivienda en Gràcia –un proyecto que ahora parece muy encarrilado para aprobarse este mismo mes de enero– o afrontar de una vez por todas los planes de futuro de la Sagrada Família.

Y hay más carpetas, que habían sido bandera durante el primer mandato y que ahora han caído en el olvido más absoluto, como la funeraria pública –lo que ha avanzado es la apertura de pequeños tanatorios como el que se hará en el antiguo Happy Parc de Sants –, la municipalización del agua o la celebración de multiconsultas. Y temas que entran y salen de la actualidad municipal sin acabarse de concretar, como la llamada tasa Amazon, que tendría que gravar la actividad de las empresas que solo usan la ciudad para distribuir sus productos.

Un año de obras

Del túnel de Glòries a la conexión del tranvía pasando por la Rambla

El primer gran proyecto que se tendría que presentar este 2022 es el túnel viario de Glòries en sentido de entrada a la ciudad, previsto para principios de año pero sin fecha, después de que ya funcione el túnel de salida desde el 6 de noviembre. Tampoco tiene fecha el inicio de obras para hacer la conexión de los tranvías entre la Plaça de les Glòries y Verdaguer por la Diagonal. El Ayuntamiento sí que anunció justo antes de Navidad que adjudicaba los cuatro primeros lotes del proyecto, que suman un presupuesto de 46 millones de euros más IVA. Y en la primavera tienen que empezar las obras de la llamada superilla Eixample, que tiene que transformar, de entrada, las calles Consell de Cent, Rocafort, Borrell y Girona.

Simulación de cómo quedará la Rambla después de la reforma.

El gobierno municipal también ha anunciado que empezará los trabajos para reformar la Rambla, que, como recuerda un contador sobre el Cafè de l'Òpera, acumulan más de 2.000 días de retraso. La idea es que pase a tener un único carril por sentido y un nuevo dibujo de pavimento unificado de fachada a fachada, pero de momento en 2022 se destinarán sólo tres millones de euros para poner en marcha los trabajos por la parte de abajo, la más próxima a Colom. Las obras en la Vía Laietana, otro de los proyectos debatidos y redebatidos de Barcelona, que tendrá como cambio destacado la ampliación de las aceras hasta cuatro metros, empezarán en marzo y por el tramo de arriba, la parte más próxima a Urquinaona.

En verano tienen que poner en marcha las obras para convertir la calle Pi i Margall –donde predomina el asfalto y todavía hay aparcamientos en batería– en un eje verde sin tránsito de paso. El último gran anuncio ha sido el del proyecto para reformar el Mercat de l'Abaceria, derribándolo y replicando la actual estructura metálica, y ganando una plaza al lado. Pero el detalle de los presupuestos del 2022 también asigna partidas a proyectos largamente reivindicados como la rehabilitación del invernadero de la Ciutadella (2 millones), el Palacio Marqués Alfarràs (1,4 millones) y la nave central de Can Batlló (1,5 millones).

Proyectos pendientes

Detallar el futuro de la Sagrada Família y los nuevos usos del recinto de la Fira

De los proyectos que el gobierno municipal quiere acabar de aterrizar este mandato el que a estas alturas parece mejor situado es la modificación del plan general metropolitano en Gràcia. Un plan que inicialmente generó mucha polémica entre el vecindario porque prevé expropiaciones y dejaba algunas ambigüedades como si las remontas en casas unifamiliares tenían que ser o no forzosamente para vivienda social. El proyecto se está negociando con ERC, que insiste mucho en la necesidad de hacer un primer estudio de cómo quedarán las afectaciones en la zona de Joanic –fuera de plan– y todo parece encarado para aprobarlo a principios de año.

La teniente de alcaldía de Urbanismo, Janet Sanz, también confía desencallar a principios de año el futuro del recinto de la Fira en Montjuic pensando para cuando venza, en 2025, la concesión actual de este ámbito para reducir la actividad ferial –que sí que se mantendrá– y sumar vivienda de protección oficial y equipaciones. En el proceso participativo ya solo le queda una sesión de conclusiones.

Jardines de las Tres Chimeneas.

También avanza el proceso para tener concretadas cuáles serán las contrapartidas que se exigen a la empresa propietaria de las Tres Ximeneies del Paral·lel, Conren Tramway, si se le permite el cambio de calificación necesario paraq ue las antiguas instalaciones de Fecsa Endesa acaben acogiendo oficinas, como hace años que prevé. Y todavía una carambola más difícil: aclarar si se derribarán edificios de vecinos para permitir la culminación de la Sagrada Família. ¿Se hará la gran escalinata por encima de la calle Mallorca? En este capítulo, Sanz asegura que el gobierno es "optimista" para cerrar un acuerdo este mandato que encuentre un "equilibrio" entre los intereses de todas las partes. El primer punto a debatir con el templo son las condiciones de iluminación de la estrella de la torre de la Virgen María, que de momento aplican el horario de las luces de Navidad.

Los grandes olvidados

De las consultas ciudadanas a la funeraria pública

Un debate que ha quedado enterrado en Barcelona es el de la municipalización de servicios, empezando por el agua. La batalla judicial con Agbar salpicó, también, los planes de hacer una multiconsulta ciudadana, porque una de las preguntas que se quería incluir era precisamente sobre el agua, y el reglamento de participación ciudadana, aprobado en 2017, recibió una batería de recursos y acabó siendo declarado nulo.

Ahora, la comisión de gobierno ya ha aprobado uno nuevo que asume los límites legales marcados por las sentencias judiciales contrarias al anterior e incluye como cambio principal la multiplicación casi por seis de las firmas que será necesario recoger si se quiere impulsar una consulta popular: se pasa de las 15.000 que fijaba el reglamento tumbado a 88.709, que es el que recoge la ley catalana de consultas. Y esto hace casi imposible que prospere ninguna iniciativa. Lo que hace el gobierno municipal en este ámbito es reclamar cambios legales a la Generalitat y al Estado para facilitar la participación. Donde no se ha dado ningún paso –como mínimo público– es en el proyecto de la funeraria pública, que el mandato pasado no encontró aliados políticos y este mandato ha quedado olvidado en algún cajón.

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