El alto coste de la vida y el exceso de incidencias expulsan a los maquinistas de Cercanías
La mayoría de los conductores de trenes son jóvenes que provienen de otras comunidades y se marchan en dos o tres años
BarcelonaEl maquinista catalán es minoría en Cercanías. La red ferroviaria se nutre, año tras año, de conductores que proceden de otras comunidades autónomas. La mayoría son jóvenes –tienen entre 20 y 30 años– y eligen a Catalunya para instalarse temporalmente y formarse. Desde el sector afirman que el servicio ferroviario catalán es un plantel de maquinistas para Renfe, pero también admiten que es innegable que pocos de ellos deciden quedarse indefinidamente: algunos cambian de destino a los dos o tres años, sea para volver a casa o buscar otro servicio de trenes menos problemático.
Fuentes del sector confirman al ARA que esta tendencia hace años que se da, pese a que se están dando pasos para intentar retener a los maquinistas y, sobre todo, para incentivar el interés de potenciales aspirantes residentes en Catalunya. Por ejemplo, con cursos subvencionados por la Generalitat, que pueden cubrir hasta la mitad de los 20.000 euros que cuesta la formación. Sin embargo, sindicatos y trabajadores señalan dos motivos tras la desbandada a Cercanías: Catalunya tiene un coste de vida más elevado y la estructura ferroviaria más compleja de España.
En cuanto al alto coste de la vida, hay que tener en cuenta que el sueldo de un maquinista oscila entre los 22.000 euros al inicio de la carrera y los 45.000 euros en categorías superiores (incluyendo los complementos), pero este salario no genera la misma estabilidad económica en Barcelona que en Mà. Por otro lado, están los trazados de las vías, que son las más enrevesadas o antiguas del Estado –hay muchos túneles, muchas bifurcaciones y cruces y un solapamiento diario de diferentes servicios (Cercanías, Regionales, Media Distancia) en los mismos raíles–, y las múltiples incidencias que se registran: desde y atropellos mortales.
"Cercanías es un banco de pruebas: tenemos la plantilla de Renfe más joven de toda España", afirma Francisco Cárdenas, maquinista con más de 40 años de experiencia. Según el también representante ferroviario de UGT, los maquinistas que eligen la red ferroviaria catalana para formarse aprenden la profesión durante cinco o seis meses y sacan el título "con nota". Después, cuando se marchan a otras regiones, no se encuentran nada parecido. Y, de hecho, esto es lo que muchos quieren: trabajar en un sistema menos "intenso". "En casi todas las redes de España ocurre que hay maquinistas que trabajan de forma temporal, no pasa sólo en Catalunya, ya que la convocatoria es estatal. Pero ahora es cierto que vemos a mucha gente que no quiere quedarse, ni siquiera los catalanes, y no sabemos por qué pasa", admiten al ARA fuentes de Semaf, el sindicato mayoritario de los conductores de Renfe.
Primeros brotes verdes
Para obtener el título de maquinista es necesario ocupar una plaza en uno de los doce centros de formación que Renfe tiene en España –en Cataluña está ubicado en Hospitalet de Llobregat–, realizar una formación de más de dos años, con prácticas y múltiples exámenes, y pasar un test psicotécnico. Los aspirantes con las mejores notas obtienen una de las plazas que Renfe publica anualmente en todo el Estado. Y como ocurre con cualquier plaza de empleo público, el maquinista que trabaja en un puesto asignado por la empresa puede solicitar un traslado o un cambio de destino posteriormente, que se otorgará en función de las necesidades y convenios de la empresa, así como de las vacantes disponibles. "Aquí trabajamos con una permanencia de tres años, pero no se puede negar a alguien que pida un cambio antes de terminarla ni obligarle a trabajar donde no quiere", admite Cárdenas.
El año pasado, por primera vez, las 28 plazas de aspirantes a maquinistas del centro de formación que Renfe tiene en Hospitalet estaban ocupadas por alumnos catalanes. Incluso había aspirantes catalanes que se habían quedado sin plaza aquí y tuvieron que marcharse fuera. Aunque se trata de un primer brote verde, desde el sector confían en que esto suponga un cambio de tendencia.