La colaboración científica entre Europa y África se fortalece en tiempos de Trump
Investigadores de Nigeria, Ghana y Uganda visitan Barcelona con el objetivo de mejorar la respuesta a enfermedades como la fiebre de Lassa y el mpox
BarcelonaEl retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos debilita la investigación en salud pública, especialmente la de los países que tienen menos recursos para responder ante una crisis sanitaria. El recorte de fondos americanos clave en el control de enfermedades y la caída de proyectos de investigación internacionales amenazan a la comunidad científica –sobre todo la africana–, que ha reiterado en numerosas ocasiones que en salud se necesitan acciones coordinadas globalmente. Un claro ejemplo es el brote de Ébola declarado en la República Democrática del Congo (RDC), que preocupa especialmente a los expertos y las autoridades sanitarias: con más de un millar de casos confirmados y 269 fallecidos, supone la decimoséptima epidemia en este país.
En África hay países con una gran carga de enfermedades infecciosas y es el continente donde se prevé un mayor impacto de la cruzada científica de Trump. Por ello los investigadores están empeñados en reducir su dependencia y fortalecer los lazos con Europa para avanzar hacia la equidad en investigación. Una muestra son los Clústeres de Excelencia en Investigación África-Europa (CoRE), liderada por la Alianza de Universidades de Investigación Africana (ARUA) y la Guild of European Research-Intensive Universities, impulsada en 2023. Participan más de 120 instituciones de 44 países, entre las cuales la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que ha acogido a cuatro investigadores africanos de primer nivel.
Estos cuatro científicos de Nigeria, Ghana y Uganda han visitado Barcelona para conocer de primera mano el trabajo de expertos en vacunas, herramientas diagnósticas y vigilancia epidemiológica para dar una mejor respuesta a enfermedades como la fiebre de Lassa y el mpox. "África tiene una importante carga de las enfermedades infecciosas, pero la pericia y las instalaciones están en Europa. Esto tiene que cambiar", sostiene Mustapha Umar Imam, investigador de la Universidad Federal de Lafia, en Nigeria.
10.000 fallecidos anuales
Umar Imam estudia el desarrollo de vacunas para combatir la fiebre de Lassa, que es endémica en Nigeria –recibe el nombre de la ciudad donde se originó– y se ha extendido por África Occidental. Se estima que causa 10.000 muertes anuales en toda la región y no tiene tratamiento específico. "Cada año muere mucha gente y personal sanitario por esta enfermedad, así que intentamos ver si podemos desarrollar una vacuna que reduzca las muertes. Se reportan cientos de miles de casos al año", lamenta Umar Imam.
La viróloga molecular Mariam Kehinde Sulaiman, de la Universidad de Ilorin, en Nigeria, es experta en diagnósticos rápidos y vigilancia genómica de la fiebre de Lassa. A diferencia de su compañero, su trabajo se centra en desarrollar pruebas y tests que se puedan hacer en el mismo lugar donde se ha producido la infección. "Ahora el diagnóstico se centraliza en laboratorios de las zonas urbanas, lo que retrasa las decisiones clínicas. Hacen falta kits que se puedan usar a pie de cama en zonas rurales", argumenta la experta.
La fiebre de Lassa se relaciona con la falta de higiene porque la transmiten principalmente ratas. Los animales se alimentan de comida que se deja al aire libre y dejan excrementos y orina contaminados a través de los cuales la gente se infecta. En este caso, la transmisión de humano a humano está muy extendida. Kehinde Sulaiman explica que los brotes también se pueden propagar entre profesionales sanitarios en entornos higiénicos si no se tiene cuidado en el manejo de los pacientes. A la espera de una vacuna efectiva, Umar Imam explica que la buena noticia es que la mayoría de personas que se infectan sufren una forma leve, pero algunos empeoran y acaban muriendo.
Mpox y la lección de la covid
Otro de los brotes importantes de los últimos años en África ha sido el de mpox, que en 2024 obligó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar la emergencia sanitaria internacional. Irene Owusu Donkor, epidemióloga de la Universidad de Ghana y del Instituto Memorial Noguchi de Investigación Médica, se especializa en enfermedades infecciosas y sus estudios detectaron un foco de mpox en Ghana que hasta entonces había pasado desapercibido.
Su visita a centros de investigación europeos obedece a la necesidad de desplegar un sistema de detección de zonas calientes de brotes en África Occidental antes de que los casos se diseminen y la situación sea más difícil de controlar. "Los síntomas iniciales son similares a la fiebre y después aparece una erupción cutánea que se puede confundir con la varicela. A veces se pierde el diagnóstico por esta similitud", dice.
Además de detectar con rapidez los brotes para poder cortar las cadenas de contagio, también se busca una vacuna. Es el objetivo de Marina Jupiter Kabahita, bioinformática y especialista en genómica de patógenos, que lidera la vigilancia genómica del mpox y de múltiples patógenos desde el Laboratorio Central de Salud Pública de Uganda. Su proyecto busca utilizar todos los datos genómicos que han recopilado para diseñar una vacuna específica. Tienen más de 500 secuencias genéticas de diferentes casos que han detectado en el país.
Replicar la capacidad técnica de Europa en África es vital a ojos de estos investigadores. Umar Imam lamenta que los líderes políticos de Nigeria no hayan aprendido la lección de la covid-19 porque no se ha visto "la financiación masiva esperada para la investigación" después de la crisis. Owusu Donkor plantea la duda de si la responsabilidad es de los científicos, que deberían "saber trasladar su trabajo a políticas públicas e interesarse por la política" para poder tomar decisiones.