Unas gafas… y una vida que vuelve a empezar

La fundación Ojos del mundo celebra 25 años formando oftalmólogos y evitando casos de ceguera prevenible en el mundo

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El momento en que los asistentes al 25º aniversario de Ojos del mundo se tapan los ojos para escuchar y sentir a la soprano Serena Saenz.

BarcelonaAl menos 2.200 millones de personas en todo el mundo tienen alguna deficiencia visual, aunque muchos casos, prácticamente la mitad, se podrían prevenir o tratar de forma sencilla, con unas gafas o con una cirugía. La discapacidad visual evitable sigue siendo, hoy en día, un reto importante de salud pública en numerosos países. En los campos de refugiados saharauis, en Mozambique o en Bolivia, las dificultades de acceso a servicios sanitarios especializados en comunidades vulnerables impiden realizar prevención y diagnósticos precoces y, por tanto, indicar tratamientos.

Desde hace veinticinco años, la Fundación Ojos del Mundo trabaja para revertirlo: realizan revisiones y operaciones oculares, proporcionan gafas a niños y adultos, financian equipamientos especializados, pero sobre todo forman a profesionales. La máxima es sencilla: poder ver es vivir. Es poder volver a trabajar, poder volver a estudiar, poder volver a caminar con autonomía, poder volver a mirar a los ojos del otro. “Recuperar la visión es como volver a nacer”, describe el presidente de la entidad, el exsíndic de greuges de Cataluña, Rafael Ribó.

Este miércoles, esta organización privada sin ánimo de lucro ha celebrado su 25º aniversario. Bajo el eslogan “Nos quitamos la venda de los ojos para concienciar sobre la pérdida de visión evitable”, el Gran Teatro del Liceo de Barcelona ha acogido un acto institucional y solidario para recaudar más de 140.000 euros para financiar proyectos de cooperación oftalmológica internacional y de atención, prevención y sensibilización en África y Latinoamérica, pero también en el Estado español.

En el año 2001, Ribó y el reconocido oftalmólogo vasco Borja Corcóstegui impulsaron Ojos del Mundo tras un viaje a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia). “Allí encontramos una situación muy dramática, una oftalmología muy primitiva. La lista de pacientes era infinita, en pocos días nos llegaban personas desde muy lejos”, ha recordado Corcóstegui. Allí, después de unas jornadas extenuantes, ambos coincidieron en que la visión no podía ser un privilegio y que el hecho de serlo por el lugar de nacimiento era una injusticia. Y estos 25 años han trabajado, en palabras suyas, para que la salud visual sea un derecho real. “Para los próximos 25 años hay que continuar así: potenciando la formación”, ha defendido Corcóstegui, vicepresidente de Ojos del mundo.

Y hoy, con más de un millón y medio de personas tratadas y una red de 20.000 oftalmólogos en países de rentas bajas y medias, alzan la voz. "Hemos demostrado que transferir conocimiento a los médicos locales funciona, pero el trabajo no ha terminado: mientras haya alguien ciego por una causa que tiene cura, no podemos bajar los brazos ni cerrar los ojos", ha afirmado Ribó.

También en Cataluña

En el acto, encabezado por el presidente del Parlamento de Cataluña, Josep Rull, y conducido por el periodista Xavier Grasset y la actriz Àgata Roca, la soprano Serena Sáenz ha regalado una actuación muy emotiva en la que no han faltado grandes obras de Rossini y Mozart. En una de las últimas piezas, O mio babbino caro de Giacomo Puccini, la cantante barcelonesa ha pedido a los asistentes cubrirse los ojos con un pañuelo para disfrutar la música sin el sentido de la vista, pero agudizando el resto.

La doctora y directora de la organización, Anna Barba, ha recordado que la ceguera es una crisis invisible porque los problemas de visión no causan la muerte. “Pero condicionan profundamente la vida”, ha apuntado. Y, además, la ceguera tiene género: dos de cada tres afectados son mujeres. “Ellas tienen más dificultades para acceder a los tratamientos porque, por los roles que tienen en sus comunidades y familias, acostumbran a poner en un segundo plano su salud”, ha expuesto Barba.

La exclusión ocular, sin embargo, no es un problema lejano: también afecta a Cataluña. El año pasado se puso en marcha el programa Ulls propers, con un proyecto piloto en Barcelona conjuntamente con Arrels para atender a personas sin hogar. “Hemos visto una realidad más cruda de lo que imaginábamos: nueve de cada diez personas que viven en la calle necesitaban gafas”, ha explicado Barba. Ahora la entidad quiere extender la iniciativa de diagnóstico y tratamiento a más colectivos vulnerables y otras comunidades autónomas. 

Cupones especiales de la ONCE

El delegado territorial de la ONCE en Cataluña, Enric Botí, ha anunciado que, para conmemorar el 25.º aniversario de Ull del món (Ojo del mundo), se comercializarán 5,5 millones de cupones para un sorteo que se realizará el próximo 26 de octubre. Es un reconocimiento, ha dicho, al “trabajo silencioso e invisible, pero imprescindible” de la organización. “Las cosas importantes de la vida se hacen con los ojos cerrados y el corazón abierto”, ha concluido.

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