EPIDEMIA GLOBAL
Sociedad 17/09/2021

¿Vamos hacia una sociedad de obesos?

Casi la mitad de los catalanes tienen sobrepeso y hay el doble de niños obesos en familias con ingresos bajos

Lara Bonilla
6 min
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Barcelona“Tenemos un problema y no es estético”, sentencia Albert Goday, jefe de endocrinología del Hospital del Mar, que recuerda que la obesidad “es una enfermedad”. Casi la mitad de la población catalana de 18 a 74 años tiene exceso de peso (un 34,6% tiene sobrepeso y un 14,7% tiene obesidad), según datos de la Encuesta de Salud de Catalunya. La obesidad va de la mano de otras muchas enfermedades crónicas. El exceso de peso, el sedentarismo y un consumo bajo de fruta y verdura están detrás de 11.351 muertes anuales en Catalunya. “Podemos hablar claramente de epidemia”, alerta Joan Pujol, especialista en cirugía de la obesidad. Y es una epidemia mundial. Según la OMS, 223 millones de niños en edad escolar tienen exceso de peso. Si se mantiene la tendencia actual, la cifra puede llegar a 268 millones en 2025. La buena noticia es que en Catalunya la prevalencia del exceso de peso se ha estabilizado. ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? Las causas son múltiples: desde una alimentación poco sana hasta una vida sedentaria, pasando por causas económicas y culturales, así como predisposición genética. “Intervienen muchos factores y por eso es tan difícil prevenirla”, dice Pujol.

Malnutrición por exceso

Vivimos en un entorno que predispone a comer mal

Hay malnutrición por defecto y malnutrición por exceso. “Si en los países del Tercer Mundo es por defecto, aquí es por exceso o por consumo inadecuado”, alerta Nancy Babio, presidenta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya. “Vivimos en un entorno obesogénico, que predispone a ello, porque es más barato comer de manera insana que sana”, apunta Albert Goday. La fruta es más cara que la bollería. “El mercado ha evolucionado de tal manera que cada vez es más fácil acceder a alimentos procesados y los de precio más bajo son también los que tienen un contenido más elevado de azúcar y grasas”, argumenta Gemma Salvador, nutricionista de la Agencia de Salud Pública de Catalunya.

Causas sociales

La obesidad también es un indicador de pobreza y de nivel educativo

La clase social, el lugar donde vives, el nivel educativo y el entorno influyen en nuestra salud. Y el peso no se escapa. La obesidad es también un indicador de pobreza. “El porcentaje de obesidad tiene un gradiente social muy importante”, dice Salvador. Los datos lo demuestran. Las cifras de obesidad infantil son el doble en clases bajas (15,9%) que en la clase media-alta (8%). También es una cuestión de acceso a la información. Por eso está muy vinculado al nivel educativo del responsable del núcleo familiar. La prevalencia del exceso de peso es más elevada en las personas de clases menos favorecidas y en personas con estudios primarios o sin estudios. La educación alimentaria también es educación. Los niños hacen lo que ven. Y para incrementar el consumo de fruta, verdura y legumbres hay que tener la nevera llena de alimentos sanos y dejar de lado los procesados. “Los adultos están obligados a cambiar hábitos dietéticos para dar ejemplo. Así también enseñas a comer bien a los hijos y los nietos”, dice Goday.

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Sedentarismo

La obesidad no se puede separar de la falta de actividad física

El entorno favorece el elevado consumo de alimentos procesados y también el sedentarismo. “Si no te esfuerzas, cada vez necesitas moverte menos para hacer lo mismo”, argumenta Gemma Salvador, que insiste en que toda la culpa no recae en la alimentación. Hasta 3.357 muertes anuales en Catalunya se relacionan con el sedentarismo, un 5,5% de la mortalidad total, y un 4,8% adicional se vinculan con problemas de salud relacionados, como el exceso de peso. “Cualquier programa que se plantee la prevención y el tratamiento de la obesidad no puede separar la mejora de la calidad alimentaria del incremento de la actividad física”, destaca Salvador. A pesar de que la prevalencia de la actividad física ha aumentado y la gente hace un esfuerzo para hacer ejercicio reglado en el gimnasio, la actividad física cotidiana, como ir andando al trabajo y subir escaleras, va de baja. Además, las personas con poco poder adquisitivo tienen más enfermedades crónicas y más obesidad asociadas a un bajo nivel de actividad física. Y se calcula que practicar un mínimo de 30 minutos de actividad física moderada cinco veces por semana reduce a la mitad el riesgo de sufrir obesidad, entre muchas enfermedades más.

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En el caso de los niños, el juego activo se ha sustituido por el ocio sedentario. Cuatro de cada diez niños de 3 a 14 años pasan de media dos o más horas cada día mirando una pantalla y este estilo de ocio es más frecuente entre los niños de clase social más desfavorecida y con uno de los progenitores sin estudios, según datos de la Encuesta de Salud de Catalunya.

Dieta mediterránea

Menos del 20% come las cinco raciones de fruta y verdura

A pesar de que los datos dicen que el 70,8% de la población hace un seguimiento adecuado de la dieta mediterránea, hay que preguntarse cómo es esta alimentación actualmente. “En los últimos 40 años la dieta mediterránea se ha vuelto más salada, más dulce y más energética”, explica Nancy Babio. Y también más carnívora. Solo un 4,9% de los niños de 6 a 14 años comen las cinco raciones de fruta y verdura recomendadas, una cifra que aumenta hasta el 18,8% en el caso de los adultos. Entre la gente mayor es donde más adherencia hay a la alimentación mediterránea, que se basa en un 60% en productos de origen vegetal.

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Enfermedades

La obesidad está asociada a múltiples enfermedades crónicas

El exceso de peso y especialmente la obesidad no es un problema estético. La obesidad está asociada a múltiples enfermedades crónicas: diabetes de tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, del aparato locomotor, apneas de sueño, depresión o más riesgo de sufrir los cánceres más frecuentes. La alimentación tiene un efecto protector. Se calcula que hasta el 50% de los cánceres, el 80% de las enfermedades cardiovasculares, el 70% de los derramamientos cerebrales y el 90% de las diabetes de tipos 2 se pueden prevenir con hábitos saludables, entre los cuales una alimentación rica en fruta y verdura. “Los niños obesos serán los obesos adultos de mañana y ahora podemos decir que será la primera vez que nuestros hijos tienen más riesgo de enfermedades crónicas”, alerta Nancy Babio. El abordaje de la obesidad en adultos supone también un importante gasto sanitario porque se vincula a más prevalencia de enfermedades crónicas.

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Cómo encararlo

Salud implementará dos nuevas herramientas para combatir la obesidad

Se han hecho campañas informativas y educativas para combatir la obesidad, como el Plan Integral de Promoción de la Actividad Física y la Alimentació Saludable (PAAS). También se han mejorado los menús escolares -reduciendo los fritos, por ejemplo- y se han implementado medidas disuasorias como la tasa sobre las bebidas azucaradas. Y este otoño se pondrán en marcha dos herramientas más.

Por un lado, se activará un protocolo de prevención, detección y tratamiento de la obesidad infantil en Catalunya, en el que participan varios profesionales. El primer peldaño de atención serán los equipos de pediatría de la atención primaria, pero también habrá un equipo especializado formado por un pediatra, un nutricionista y un asesor en actividad física, así como apoyo psicológico. Por otro lado, a partir de septiembre se implementará progresivamente en todo el territorio el programa de paciente experto en obesidad para potenciar un cambio de hábitos entre iguales. “No sustituye al médico ni a la enfermera, pero aprendes de una persona que ha pasado por lo mismo que tú”, explica Assumpció González, jefa del programa de paciente experto de Catalunya.

La cirugía de reducción del estómago es el último recurso. “Se interviene solo cuando fracasa el tratamiento médico porque algunas personas, a pesar de hacer las cosas bien, no logran los objetivos”, dice Goday. A pesar de que es una operación cada vez más segura, tiene riesgos y limitaciones. “No se puede entrar en quirófano sin haber probado antes otros mecanismos para reducir peso: desde el menos invasivo hasta el más invasivo”, concluye Joan Pujol.

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