‘Cronos’, el Estado contra los Mossos
El Estado no podía soportar aquel despliegue de una policía catalana que abría fuego y abatía a terroristas. Eso era demasiado
La semana termina con la resaca del debate de ayer en el Congreso. Solo 24 horas después ya se confirma aquello que avanzábamos ayer sobre la marcha: las explicaciones de Sánchez llegaron tarde, quedan ensombrecidas por la realidad de los miles de personas que todavía deambulan por Ceuta y, por tanto, el presidente español está sentenciado. Ni oposición ni socios de investidura se creen que Marruecos no hubiera tenido nada que ver (es imposible que el desplazamiento ilegal de setenta mil personas pase por alto de un régimen como Marruecos) y por tanto Sánchez se mueve entre la figura de quien por sentido de estado no quiere indisponerse con un vecino con capacidad de complicarte la vida y la del presidente víctima de un chantaje de Marruecos. Eso de que Sánchez está sentenciado es una metáfora, pero para el PP y Vox es un deseo. Feijóo dijo ayer que “Sánchez pagará su gestión, en las urnas y en los tribunales”. Y es que Vox ya hace tiempo que recuerda que se puede juzgar a Sánchez por traición, un procedimiento que está regulado en el artículo 102 de la Constitución y del cual se ocuparía la sala penal del Tribunal Supremo y que consiste en una iniciativa de una cuarta parte de los miembros del Congreso de los Diputados y exige la aprobación de la mitad más uno de los diputados (esto sería 176), y PP y Vox solos no llegan, son 169.Más allá de cuándo y cómo termine la legislatura, el caso tiene otras dimensiones igual de graves. Por ejemplo el poder de Marruecos, aliado de los Estados Unidos, con buena relación con Israel, y que recibe dinero de la UE para que regule los flujos migratorios. Esto le da un gran poder de negociación. Como explica hoy nuestro jefe de Internacional, Francesc Millan, en esta columna en la que hace el contraste entre cómo la UE cierra filas cuando Rusia ataca pero cuando el problema ha estado en su frontera sur, el problema era español, no europeo. Eso sí, mientras hablamos de geopolítica, ayer más de 80 personas aparecieron muertas en una patera que llegó a las Canarias. La patera había salido de Gambia hace 26 días. Después de décadas de vida aparentemente previsible, hemos entrado en la época de la vida bajo amenaza, una amenaza híbrida, indirecta, disruptiva, que impide hacer planes y vivir bajo la impresión (más o menos basada en hechos reales) de que la vida depende de nosotros y no de factores externos, geopolíticos.Hablando de disrupciones violentas, ayer se estrenó en el Liceu, en Barcelona, la película Cronos, sobre los atentados de la Rambla y Cambrils de julio de 2017.Tuve la oportunidad de verlo y se lo recomiendo. Empiezas a verlo con un nudo en el estómago y terminas de la misma manera.El ritmo que le ha dado el director es muy alto y sostenido, el guion es claro, la interpretación solvente, la producción está hecha con medios. La historia se explica, sobre todo, desde dentro de los Mossos, desde Trapero a los mandos que dirigieron la captura de los terroristas, que se alargó cuatro días, pasando por la directora de comunicación de los Mossos, Patrícia Plaja, y su impecable comunicación de crisis de aquellos días. Queda apuntada la disputa política gobierno español - Generalitat por la gestión y la información del atentado, la lamentable filtración de The Mossos-The nota para hacer quedar mal a los Mossos y a la Generalitat. Lo que no se da por contexto es que solo faltaba un mes y medio para el 1 de Octubre. Y el estado de shock en Ripoll también queda bien apuntado. No tanto la historia de unos chicos aparentemente integrados pero carne de radicalización. Pero como estamos hablando de una película de dos horas y no de una serie de seis capítulos, se te ocurren muchos árboles narrativos que quedan por desplegar.
Ayer al salir del Liceo y pisar el mosaico de Miró en el Pla de l’Os, donde quedó parada la furgoneta de los terroristas, renové el escalofrío del horror. Y ahora que tengo una perspectiva que no tenía cuando pasó todo, hace nueve años, pensé también cómo el Estado no podía soportar aquel despliegue de una policía que no era ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil, que había usado las armas de fuego contra los terroristas. Una policía catalana que disparaba. Recuerden que el mayor Trapero acabó juzgado por el 1 de Octubre.
Buenos días.