Bar Fischer, un descubrimiento en la calle Aribau con un menú de mediodía excelente
Los propietarios son jóvenes, currantes y sabían perfectamente qué tipo de restaurante de cocina catalana querían abrir
BarcelonaBuscaba un sitio para comer en la calle Aribau y topé con el Bar Fischer. Es cierto que ir a un sitio sin expectativas suele jugarte a favor. Cuando entras, ya ves enseguida que es un entorno confortable. Luego te dan la carta y el menú de mediodía, y dices: "Eh, eso pinta bien". En ese momento, no sabía ni de quién era el restaurante, ni qué manos diestras residían en la cocina. Esto vino mucho más tarde.
El menú de mediodía cuesta 15,50 euros y lo ofrecen de martes a viernes. Y te genera un problema grande: elegir. Comparto lo que me encontré yo, aunque lo cambian cada quince días. Tres opciones de primero (saltado de guisantes con jamón; berenjena a la brasa con salsa de miso; cogollo de lechuga a la brasa con anchoa y salsa César), tres opciones de segundo (capipota, macarrones de la casa y sardinas fritas con endibia a la brasa). De cara al postre, las opciones se reducen a dos (piña con crema de coco o macedonia de fruta fresca). El precio incluye bebida y puedes sustituir el postre por un café. Hay que tener presente que hay algún plato por un suplemento. Si repasamos la carta, también hay propuestas muy interesantes, como los puerros con anchoa, el salteado de setas, la pluma ibérica o los calamares cebados. También unas humildes (pero bien resueltas) bravas, que les daba pereza poner en la carta, pero resulta que las clavan y no han tenido más remedio. Si vamos a carta, la idea es hacer tapas y se puede comer bien por unos 30 euros por sombrero.
Hay cuatro nombres propios que explican el éxito del local, que abrió en mayo del 2025. Àlex Ventura y Yueying Zheng, que son pareja y vemos en la sala; su hermana, Yuejie Zheng, que es la cocinera, y Youssef Costa, también entre fogones y que fue un fichaje providencial. Yueying y Yuejie nacieron en Castellón, en la Comunidad Valenciana, y ya venían de familia de restauradores. Àlex estudió económicas y en su relación con Yueying compartían una afición: el interés por la comida. Son jóvenes con ganas de currar y las ideas muy claras. Estuvieron dos años mirando a locales. Un día vieron el del Bar Aribau Tapas. Hacía 35 años que le llevaban Vicente y Lili. Vicente en realidad era reacio a traspasarlo. Pero ellos fueron persistentes y siguieron visitándole. Y al final, Vicente les dio confianza. Pudo traspasarlo a unos extranjeros que pagaban más, pero eligió a estos jóvenes templados. En homenaje, mantuvieron la placa del bar en el interior del restaurante.
En el Bar Fischer hacen cocina catalana porque es el que domina Yuejie, que estudió cocina en la escuela Bellart y trabajó en el restaurante La Fonda. Al fin y al cabo, se incorporó el Youssef, que era el jefe de cocina del restaurante Dos Pebrots. Después de mucho tiempo en primera línea en alta restauración, el Youssef hacía un año sabático. Tenían un amigo común que les presentó. "Es muy bueno; a veces me olvido porque es amigo mío", dice Àlex. Él iba a fichar por otro establecimiento, pero les ayudó un poco por compañerismo. Primero en conformar la carta y, al cabo de un tiempo, de forma natural, se unió al proyecto. Entre todos encajaron. Àlex se queja de que a menudo tienen problemas para incorporar gente. "Nos cuesta contratar a gente porque no hay tanta gente que hable catalán, que quiera trabajar... Siempre estamos haciendo entrevistas", dice. Aquí no podemos culpar a los jóvenes, porque ellos también lo son.
Un Josper y mucho ingenio
La cocina es pequeña y hacen una especie de milagro todos los días. Tienen un Josper, que es el que más dinero les ha costado. Sacan un buen rendimiento, eso sí. El local se divide en dos salas: la de la entrada, luminosa, con mayor aspecto de bar, y la del fondo, junto a la cocina y más señora. Aparte de un buen festín, de vez en cuando en el Fischer también se han hecho partidas de ajedrez. Àlex ha participado en competiciones de ajedrez amateur toda la vida. Con su hermano y unos amigos organizaron el Club de Ajedrez Vila Olímpica. Así que alguna vez han aprovechado los domingos que cierran el local para organizar alguna partida. Si alguien se lo pide, siempre tienen algún tablero escondido. Ya habrá deducido en estos momentos que el nombre del restaurante está en homenaje al genio excéntrico del ajedrez Bobby Fischer. "Bromimos que tendríamos un lugar donde Fischer, que era muy maniático, se sentiría cómodo", dice Àlex. No sé qué habría dicho Fischer, pero su buena teca me convenció con un jaque mate en pocas jugadas.