El radar suculento

Restaurante Tram-Tram: 35 años de cocina honesta que no se ha dejado seducir por las modas

Isidre Soler y Reyes Lizán están al frente de este referente gastronómico de la calle Major de Sarrià de Barcelona

Isisdre Soler y Reyes Lizán, del restaurante Tram-Tram.
18/02/2026
3 min

BarcelonaEstamos en la Barcelona preolímpica, "apenas habían puesto la Gamba del Mariscal", dice Isidre Soler. Fue entonces, hace 35 años, cuando empezaron la aventura con Reyes Lizán, su mujer. Desde entonces han levantado la persiana del restaurante Tram-Tram (calle Major de Sarrià, 121) todos los días, pese a las diversas crisis y que Barcelones ha habido muchas. Pero ellos han llegado al 2026 con la sala llena de clientes habituales.

Cuando la aventura comenzó, eran tres socios, ellos dos y Guillermo Casañé, que actualmente tiene el restaurante Silvestre de la calle Santaló. La madre de Guillermo era la que traspasaba el restaurante, que ya llevaba ese nombre en homenaje al tranvía de Sarrià que pasaba por allí y que dejó de operar en 1967. Isidre y Reyes se conocieron en la escuela de Hostelería de Sant Pol de Mar. Allí coincidieron con un gran amigo de por vida, Xavier Pellicer. Con él comparten mucha filosofía, como el hecho de servir una "cocina de corazón", como la describe Isidre, que me habla de alcachofas, guisantes, setas, trompetas de la muerte y de platos que tiene en el menú del día: fricandó, garrón, suquet de pescado, habas a la catalana. En el Tram-Tram tienen carta, platos del día, y un par de menús. Uno de ellos, le sirven los mediodías entre semana y vale 45 euros. Me interpela a Isidre (o Isidro, acabado con uno, como queráis) y me pregunta cuánto se puede gastar ahora mismo una persona en Barcelona yendo a comer al 90% de los restaurantes donde, además, no existe el producto de primera calidad como el que tienen ellos. En el Tram-Tram sirven una cocina honesta que no se deja seducir por los cantos de sirena de las modas.

La sala y la terraza del restaurante Tram-Tram ubicado en la calle Major de Sarrià de Barcelona.
El pollo ecológico de medio luto con fondant de col y trufa del restaurante Tram-Tram.

"Aquí no hay turismo. Tienes que picar mucha piedra para que vengan. Tienes que tener personalidad para saber qué quieres hacer, porque si no, acabas haciendo lo mismo que hace todo el mundo. Cosas a bajo precio", explica Isidre en una larga sobremesa en la que reconoce que él juega en su propia liga. "Soy una persona discreta. No he intentado salir a los medios, pero tengo muy buena relación con todos mis compañeros". Lo demuestra que durante este año han recibido felicitaciones del gremio: Carme Ruscalleda, Ferran Adrià, Pere Monje, los hermanos Torres... Y una larga lista les felicitaban el cumpleaños. "Hago la cocina que me gusta comer a mí", dice el cocinero, que añade que nunca se ha apuntado ninguna receta. "Cocinar no es matemático", afirma contundente.

Una forma de vivir

En el restaurante tienen platos estrella, como las tres texturas de alcachofa, que acompañan con huevo a baja temperatura, foie-gras y trufa. Un plato inspirado en El Bulli, donde trabajó Isidre, que también pasó por el Rincón de Can Fabes. Isidre me explica paso a paso cómo ha hecho un plato exuberante y laborioso. Es el pollo ecológico de La Cajola de medio luto con fondant de col y trufa, que ha llegado cuando ya estaba harta, pero que he acabado mojando pan. Un pan que hacen ellos. Como el postre. A primera hora de la mañana Reyes ya empezaba a preparar a los babá, que después servirán empapados de ron. "Es una forma de vivir", comenta Reyes, que reconoce que aún ahora pasa nervios antes de venir a trabajar. "Como si fuera la primera vez", dice. Respecto al trabajo, se encuentran con cuesta encontrar personal que encaje en el proyecto. "Yo en El Bulli hacía más horas que un torero, pero gracias a eso ahora tengo esto", dice Isidre Soler con la gracia natural que le acompaña.

Ellos han formado parte de los mejores años gastronómicos del país, siendo garantes de la cocina tradicional catalana, y lejos de los focos y la exposición mediática. "He visto hijos que no han tenido padres y cocineros que no han tenido vida", asegura Isidre Soler, quien también ve que en el mundo de internet hay mucho ruido y poco conocimiento. "Los que cuelgan caviar y langosta en Instagram saben valorar un buen fricandó, ¿que es el nuestro?", me pregunta. Mientras, en la sala, un señor mayor come con la familia. Varias generaciones disfrutando de una buena comida. Le cuesta andar y tarda un buen rato para llegar a la puerta una vez ha terminado. Se para a medio camino y dice: "Aquí como mucho mejor que en muchas estrellas Michelin". Y se va orgulloso.

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