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Premios Goya 2025

'El 47' y 'La infiltrada' comparten un triunfo inédito y sorprendente a los Goya

Ambos filmes ganan 'ex-aequo' el premio a mejor película en una gran noche para el cine catalán

47 e Infiltrada, mejores pelis
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BarcelonaSorpresa en los Goya. Por primera vez en la historia, dos películas han compartido el premio a mejor película de la Academia del Cine Español: El 47 y La infiltrada, las dos grandes favoritas, se proclamaron vencedoras de los Goya en un desenlace inédito e inesperado. La escena tuvo un punto surrealista: Belen Rueda abrió el sobre y leyó "El 47" y, mientras el equipo lo celebraba y empezaba a subir al escenario, la actriz añadió que La infiltrada también había ganado el premio. Desde el lío del sobres a los Oscar, cuando el premio de La la land fue a parar a Moonlight, no se vivía un momento de desconcierto similar en una ceremonia de premios.

También fue una gran noche para Segundo Premio, la película de Isaki Lacuesta (ausente de la gala) y Pol Rodríguez sobre la leyenda de Los Planetas, que se llevó el premio a mejor dirección, el de mejor sonido y mejor montaje. Y el otro fenómeno del cine en catalán, Casa en llamas, no se marchó vacío: Eduard Sola se hizo con el premio al mejor guión original e hizo, al igual que en los Gaudí, uno de los discursos de la noche, un elogio a las "supermadres que tuvieron que trabajar fuera de casa sin poder desprenderse del trabajo de casa" y que se ganaron "el derecho de levantar el dedo y, como Emma Vila Casa en llamas, enviarnos a la mierda".

Cabe decir que los Goya sonrieron El 47 desde principios de noche, cuando Salva Reina recogió el primer premio, el de mejor actor secundario, muy emocionado y con un recuerdo para "a los dos millones de andaluces que tuvieron que marcharse de su tierra", como el Felipín que él mismo interpreta. También hizo un discurso potente Clara Segura, Goya en la mejor secundaria, que se quitó la espina de no haber podido recoger al Gaudí –tenía función ese día– con un discurso que reivindicó "los vecinos y las vecinas de Torre Baró" y la "revolución silenciosa" que hizo el personaje que interpreta, Carme Vila, "enseñando catalán a niños nos hace más libres".

Fue una noche llena de buenas noticias para el cine catalán. Por ejemplo, el Goya en la dirección de fotografía de Edu Grau en La habitación de al lado. Grau, formado en el Ajedrez, aprovechó el momento para reivindicar la mayor cantera del cine catalán: "Gris, todavía recuerdo cuando íbamos juntos al Ajedrez", le dijo a Gris Jordana, también nominada por Soy Nevenka, confesando su "profunda admiración" por los otros nominados catalanes de la categoría: Isaac Vila (El 47), Takuro Takeuchi (Segundo Premio) y Jordana. "Cuando hacíamos cortos en el Ajedrez, nunca habríamos soñado con hacer las películas que hemos hecho", dijo antes de dejar caer el mejor consejo de la noche: "A los que podáis, os recomiendo a todos que ama locamente. Es lo mejor de la vida".

El barcelonés Àlex Lora cayó en el último momento de la carrera de los Oscar con el corto La gran obra, que estaba entre la quincena de cortos finalistas de la shortlist pero no logró la nominación. Aquest dissabte, en canvi, va guanyar el Goya i ho va celebrar amb un discurs seré i contundent, recordant els seus orígens humils ii reclamant dignitat per a les persones amb diversitat funcional com ell (només té un braç) en un moment en què els programes d'inclusió i diversitat són qüestionats: "A qui pensa que per a nosaltres les coses són més fàcils i ens ho regalen tot, potser més endavant us adonareu que no som tan diferents de vosaltres".

La gala arrancó con un número musical tocado por el sentido de la oportunidad: el Bienvenidos del granadino Miguel Ríos cantado por un surtido de intérpretes nominados (Luis Tosar, Zoe Bonafonte, Cristalino, Daniel Ibáñez, Pepe Lorente) a los que se sumaron primero Amaral y después el propio Miguel Ríos. Fue el primer momento musical de una gala llena de homenajes: en Triana (un potente Abre la puerta) de la mano de Alejandro Sanz, a Massiel –en clave electropop– por Rigoberta Bandini (El amor) y Federico García Lorca a cargo de los hermanos Morente: Estrella, Soleà y Kiki.

Maribel Verdú y Leonor Watling, presentadoras, hicieron sufrir en sus intervenciones conjuntas, sin gancho ni gracia y con chistes que rozaban la desesperación ("¿Qué nivel, Maribel"?), però van millorar un xic en solitari: Maribel Verdú en una presentació emocionada del Goya honorífic a Aitana Sánchez-Gijón, que va alertar sobre el perill de "les neteges ètniques i els nous imperialismes", i Leonor Watling en una d'aquelles rutines habituals de les gales de premis, passejant-se per la platea i fent broma amb nominats com Agustín Almodóvar o Luis Tosar. Tampoc Richard Gere va ser el salvador de la nit amb la seva quota de glamur hollywoodenc passada pel sedàs de la consciència política i els dards a Trump, a qui sense anomenar va descriure com "un abusador i un pinxo".

Però en general va ser una gala conservadora i sense risc, molt depenent de la capacitat dels guanyadors per crear moments emocionants inesperats com el d'Eva Valiño, una de les responsables de l'equip de so de Segundo premio, que cuando la música de fondo ya le empujaba fuera del escenario reclamó su derecho a reivindicar la vivienda digna para todos y celebró la resolución que impedido el desahucio de Casa Orsola. También fue valiente el aragonés Javier Macipe, Goya a la mejor dirección novel por La estrella azul, que hizo un bonito discurso en forma de milonga argentina, evocando el viaje a las raíces musicales latinoamericanas del cantante Mauricio Aznar.

La sombra de Karla Sofía Gascón planeó sobre la gala, sobre todo en una alfombra roja en la que los invitados de la gala fueron ametrallados a preguntas sobre la polémica que ha rodeado a la actriz nominada al Oscar. Pero sobre el escenario sólo hubo dos alusiones: una directa, la de los distribuidores de la película, reivindicando "más cultura y más cine ante el odio" al recoger el premio deEmilia Pérez a la mejor película europea, y uno más sutil, el de C. Tangana, que al recoger el Goya por su documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés recordó que "la comprensión y el perdón" es el corazón de la película: "Dejemos que la gente se equivoque, porque cuanto mayor es el error, más necesitamos el perdón de los demás".

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