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Crítica de series

Una serie cómica que hace reír de verdad, y que es una de las mejores de la temporada

'The Studio' satiriza la industria del cine desde dentro con una dosis de hilaridad como ya no se encuentra en ninguna ficción

Olivia Wilde y Seth Rogen en la serie 'The Studio'.
03/04/2025
3 min
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'The Studio'

  • Seth Rogen, Evan Goldberg, Peter Huyck, Alex Gregory, Frida Perez para Apple TV+
  • En emisión en Apple TV+

¿Cuál fue la última vez que reímos a corazón qué quieres ante una serie estadounidense? Reír de romperse de risa, no de dibujar una ligera curva ascendente con los labios. En este territorio cada vez más erial de risas aterriza The Studio, una de las mejores series de la temporada, que sacan adelante dos de los grandes nombres de la nueva comedia estadounidense de los inicios del siglo XXI, Seth Rogen y Evan Goldberg. Como guionistas y, en algunos casos, también como directores, esta pareja de colegas se encuentran detrás de títulos de culto como Supersalidos (2007), Superfumados (2011), Gresca hasta el final (2013) o La fiesta de las salchichas (2016). Con The Studio ponen de manifiesto cómo mantienen en forma su capacidad para ser hilarantes en una ficción, podríamos decir más madura, en torno al tema preferido de Hollywood: la misma industria.

El primer episodio arranca con un punto de partida bastante irónico: qué pasaría si un estudio de Hollywood le dirigiera alguien a quien le gusta el cine, en lugar del típico magnate más atento a amasar dinero que a cultivar el arte de las películas. El protagonista, Matt Remick, al que encarna el propio Rogen, es un ejecutivo de un estudio, muy cinéfilo, que en el combate entre Martin Scorsese y Marvel en principio se alinearía con el director y no con la franquicia. Hasta que el despido de su jefe le catapulta a la posición de productor ejecutivo, el hombre que debe tomar las decisiones determinantes sobre qué películas financiará el estudio, quién las dirigirá y qué perfil tendrán. De modo que a Matt se le presenta exactamente el dilema que antes planteábamos: apoyar una obra personal de Scorsese o producir el enésimo filme inspirado en una marca conocida. The Studio extrae altas dosis de comicidad a las contradicciones que se le plantean al protagonista ya las inercias capitalistas que mueven a la industria del cine. Y lo hace, en este primer episodio, con la ayuda de un impagable Martin Scorsese que se encarna a sí mismo.

Éste se convierte en uno de los grandes atractivos de una producción que sabe sacar provecho de las muchas estrellas invitadas que se dejan ver en cada episodio. Porque la mayoría no se limitan a hacer un simple cameo y se les da juego en arcos narrativos inesperados. Entre invitados como Sarah Polley, el citado Scorsese, Ice Cube, Charlize Theron o Zoë Kravitz, destacan apariciones como la del veterano Ron Howard, a quien se le permite dar la vuelta a la imagen que tiene todo el mundo de él como director de carácter entrañable.

Ilustración sobre la serie 'The Studio' creada por Giulia Sagramola para el ARA del Cómic.

Al modo de Larry David

The Studio también celebra el potencial hilarante de los diálogos agudos y acelerados típicos de la screwball comedy, una forma de comedia cada vez más difícil de ver en un territorio dominado por los monólogos, el posthumor irónico y la comicidad dirigida al público familiar. La serie también se adentra a menudo en el territorio de la incomodidad social a la manera del Larry David de Curb your enthusiasm. Todo ello en una propuesta que no deja de poner sobre la mesa las hipocresías y los retos de la industria del cine, desde el desprecio a la figura del autor hasta la competencia de la inteligencia artificial pasando por la manía por la fama y el poder de sus integrantes o la obsesión por la corrección política, que da pie a uno de los episodios más divertidos. La producción de Rogen y Goldberg deja atrás algunas perspectivas habituales a la hora de disparar contra Hollywood. Aquí apenas aparecen cuestiones ligadas a las drogas, el sexo y otros excesos, certificación de que en la industria del entretenimiento contemporánea la doble moral va en otras direcciones.

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