Literatura

El día que Mercè Rodoreda fue a ver 'Emmanuelle'

'Cartas a las amigas reencontradas' permite reconstruir la relación de la autora de 'La plaza del Diamante' a lo largo de casi dos décadas con Susina Amat, Julieta Franquesa y Carme Manrubia

Mercè Rodoreda, en 1967, con Susina Amat, su hija Anna Maria Saludes y el propietario de la Fonda del Llac, en Coll de Nargó
04/09/2026 - 07:16 h.
8 min

Barcelona"Estimada Mercè: hace tiempo que no sabemos nada de ti. ¿Qué haces? ¿Dónde estás? ¿Cómo estás? [...] Ya ves que estoy [sic] en la Molina, donde hago una cura de reposo de pànxing". Esta es la postal que la pintora y pedagoga Susina Amat i Juvé (Barcelona, 1912-1983) envió el 20 de julio de 1971, desde el Pirineo catalán, a Mercè Rodoreda (Barcelona, 1908 - Gerona, 1983), de quien se había hecho amiga cuando trabajaban en el Comisariado de Propaganda de la Generalitat, en plena Guerra Civil. La autora, que en aquellos momentos ultimaba una de sus novelas más emblemáticas, Mirall trencat (1974), le contestó desde Viena tres semanas más tarde para enterarla del mal momento por el que pasaba: "Hace cerca de cuatro meses que estoy [sic] en Viena, donde una persona muy querida por mí se va muriendo poco a poco después de un par de operaciones en el cerebro".

Rodoreda hacía referencia a Joan Prat (Sabadell, 1904 - Viena, 1971), su pareja. Desde que coincidieron, poco después de exiliarse en Francia, en el castillo de Roissy-en-Brie, Prat –que había firmado sus artículos y textos literarios con el pseudónimo de Armand Obiols– y la escritora comenzaron una controvertida relación que duró más de tres décadas. En Viena, Prat agonizaba a consecuencia de un cáncer. "Tengo pocas cosas para explicarte; me paso el día en la clínica, donde cada día es espantoso –continúa Rodoreda en la misiva enviada a Susina Amat, una de las 170 que recoge el volumen Cartes a les amigues retrobades (Sidillà), a cargo de Anna Maria Saludes Amat y Araceli Bruch Pla–. Si algún día me encuentro con que me tienen que operar el cerebro haré todo lo que pueda para acabar conmigo de la manera que sea".

Las dos últimas décadas de la autora

La escritora se encontraba en un momento vital decisivo: además de estar a punto de perder al compañero y primer lector de buena parte de sus libros, sufría por el desenlace de la herencia de su primer marido, Joan Gurguí, que había muerto en 1966. Tal como se puede leer en las notas de Saludes i Bruch de una carta fechada el 5 de noviembre de 1971, también enviada a Susina Amat, el hijo único de Rodoreda, Jordi Gurguí, "pretendía anular el derecho de la legítima de su madre, invocando unas leyes que debían penalizarla". En la carta, la autora recuerda también las cinco "cartas manicomiales" que Joan Sales, su editor, le había enviado cuando volvió de Viena después de haber enterrado a Prat. En la última decía que, "gracias a él, Jordi retiró aquella carta que había enviado al banco para privarme de poder sacar los valores".

Estos detalles íntimos y desgarradores no escasean en la correspondencia que Sidillà acaba de poner en circulación, que también aborda cuestiones literarias y, de vez en cuando, regala al lector alguna frase que parece sacada de una obra de Rodoreda. "Ya sé que tienes que vivir superando penas –escribe el 2 de enero de 1969–: la vida acostumbra a portarse muy mal con los mejores". "La tranquilidad ya es una especie de muerte –asegura el 28 de febrero de 1972, todavía desde Ginebra–. Pero quizás vale más buena paz, sobre todo cuando ya se ha hecho uno a todo, que grandes desasosiegos".

Una edición accidentada

La existencia de Cartas a las amigas reencontradas ha sido fruto de la larga dedicación al estudio de Mercè Rodoreda por parte de las dos editoras del volumen. Anna Maria Saludes (Bayona, 1939 - Santa Cristina d'Aro, 2025), además de haber traducido el grueso de la obra narrativa de la escritora al italiano, recopiló durante años la correspondencia que Rodoreda mantuvo con su madre, Susina Amat, integrada por un centenar de cartas, que arrancan en 1964 y llegan hasta enero de 1983. Araceli Bruch Pla (Manlleu, 1953) ha sido pionera a la hora de dar a conocer la faceta teatral de la autora de La muerte y la primavera: desde que dirigió y adaptó El hostal de las tres camelias (1979) no ha dejado de reivindicar la vertiente menos conocida de su producción literaria, integrada por cinco obras y dos manuscritos inacabados que han de ver la luz próximamente en el volumen correspondiente de la obra completa de Rodoreda por parte del Instituto de Estudios Catalanes.

En el prólogo de Cartas a las amigas reencontradas, Bruch explica que su vinculación con el proyecto arranca a finales de 2022, cuando Anna Maria Saludes –que entonces tenía 83 años– le pidió si le podía echar una mano. "Rodoreda era la clave de bóveda que nos unía y el género epistolar una de mis debilidades", escribe. Poco después de empezar a trabajar juntas, la muerte del marido de Araceli Bruch y los problemas de salud de Anna Maria Saludes fueron retrasando la tarea. "El trabajo se dilataba, se nos hacía difícil coincidir, surgían inconvenientes de todo tipo", recuerda Bruch. En 2025, cuando ya habían tomado la decisión de que Sidillà publicaría el volumen, Saludes tuvo que ingresar en el Clínic y pasó las últimas semanas de su vida en el Centro de Personas Mayores de Palamós. "No habías firmado el contrato, no podíamos acceder a tu casa para buscar material, había quedado pendiente información que solo tú sabías y que ya no nos podías dar", continúa Bruch. Gracias a Montse Ardiaca, que se convirtió en "albacea simbólica" de "la herencia intelectual" de Saludes, Bruch y los editores pudieron entrar en el piso y culminar el proyecto, que acaba de llegar a librerías y será una de las novedades relacionadas con Rodoreda más destacadas del año.

Recuperar amistades forjadas durante la guerra

Para el tándem de editoras de Cartas a las amigas reencontradas, el libro recupera "las primeras amigas que Rodoreda tuvo, ya casada y con un hijo, fuera del círculo habitual de vecinos y parentela". Cuando empezó a trabajar en el Comisariado de Propaganda Antifascista, en 1937, Rodoreda ya había publicado cuatro novelas, la última de las cuales había sido Crimen (1936). En la oficina de la Generalitat coincidió con Susina Amat, Julieta Franquesa (Barcelona, 1910 - Ginebra, 1987) y Carme Manrubia (Almería, 1916-1998). Las cuatro trabaron "una amistad que debía ser lo suficientemente sólida para retomar el hilo tantos años después". El intercambio epistolar entre Rodoreda y Amat abarca casi dos décadas y es el más completo del volumen. El que mantiene con Franquesa arranca en 1974 y termina en 1982, y la relación por carta con Manrubia comienza en 1972 y acaba en 1978.

El "buñuelo" de Luis Buñuel

La primera carta de Rodoreda a Julieta Franquesa, datada el 12 de octubre de 1974, sirve para confirmar una vez más la pasión de la escritora por el cine. Le explica que ha visto, en París, la adaptación de Las mil y una noches de Pier Paolo Pasolini, "llena de belleza y de poesía". Las otras dos películas que comenta no le han convencido: está Emmanuelle, "más erótica que no sé qué" y que "ni se puede explicar", y El fantasma de la libertad, "la última de [Luis] Buñuel, que más bien me pareció un buñuelo". "Se le ve demasiado que quiere pasmar", añade.

Más adelante, Rodoreda comenta con Franquesa los tira y afloja de la administración para aceptar la enseñanza en catalán, se queja del día que un equipo de televisión le hace una entrevista ("Estas cosas no solo me molestan sino que me enervan y me descentran", admite), comenta alguna de las traducciones de su obra que se van publicando y da la noticia de la muerte por atropello de la perra que Carme Manrubia y ella tenían en Romanyà, donde Rodoreda pasó temporadas, primero en la casa de la amiga y, a partir de 1979, en el chalet que se construyó justo encima de la propiedad de Manrubia. "Aquí arriba nos llegan ecos de huelgas, de conflictos laborales, de gritos de amnistía y libertad pero parece que el gobierno tiene el timón bien cogido y todo va adelante con el rey a proa", escribe a Julieta Franquesa el 19 de enero de 1976.

El volumen incluye 23 cartas de Carme Manrubia a Mercè Rodoreda y una única misiva de la escritora. Mientras no llega el libro que Mariàngela Vilallonga, catedrática emérita de filología latina en la Universidad de Gerona, ultima sobre la peculiar relación entre las dos amigas, en el volumen publicado por Sidillà el lector podrá hacer una primera cata del amor que ambas compartían por la naturaleza y, en concreto, por las flores; encontrará encendidas declaraciones de añoranza, y también descubrirá el gusto de Manrubia por el mundo onírico, espiritual y misterioso –practicaba la filosofía de los Rosacruz–, que en algunos casos se llega a vincular enigmáticamente con Rodoreda: "Un día te dije que a ti podría decirte cosas difíciles en la seguridad de que lo comprenderías bien, pero nunca pensaba que te diría cosas tan delicadas, tan secretas que nadie debería saber. Que se mantienen en secreto por lo importantes que son y nadie pueda tocarlas".

El buzón de Mercè Rodoreda en la última casa de Romanyà de la Selva.

CUATRO VOLÚMENES DE CARTAS IMPRESCINDIBLES

1.
'Cartas completas Joan Sales - Mercè Rodoreda (1960-1983)'

Edición a cargo de Montserrat Casals

Club Editor, 2008

La coberta del volum de cartes de Mercè Rodoreda i Joan Sales

La correspondencia de Mercè Rodoreda más extensa es la que mantuvo con su editor, Joan Sales, entre 1960 y 1983. Además de comentar la escena literaria de la época –a menudo, en un tono no muy halagador– y de discutir la lengua que había que usar para convertir La plaza del Diamante en la novela más leída y traducida de la autora, llama la atención el intercambio de cartas a raíz de la primera versión de La muerte y la primavera, redactada a principios de la década de los 60. Sales es muy crítico con el alejamiento de la realidad de aquella novela, y le acaba exigiendo que escriba "otra Colometa". "Le estaba pidiendo que prostituyera su proyecto creador y Rodoreda, que era muy hábil, le entregó La calle de las Camelias, en la que la protagonista, Cecilia Ce, se acaba prostituyendo", recordaba años después Neus Penalba a raíz de la publicación del ensayoHambre en los ojos, cemento en la boca (3i4, 2024), centrado en La muerte y la primavera.

2.
'Cartas a Mercè Rodoreda'

Armand Obiols

Fundació La Mirada (2011)

La coberta de les 'Cartes a Mercè Rodoreda' d'Armand Obiols

Convencida de que Armand Obiols "merece un lugar de mérito dentro del género" epistolar, Anna Maria Saludes dio a conocer tres libros firmados por el autor, todos ellos para la Fundación La Mirada, encargada de divulgar el legado de los autores vinculados a la Colla de Sabadell. El primero fue Bordeus 45 (2004). El segundo, Lectures del romanticisme (2006), es una recopilación de cartas dirigidas a su primera mujer, Montserrat Trabal. El tercero, Cartes a Mercè Rodoreda (2011), lo integran 319 documentos de Obiols, entre postales, cartas, tarjetas y algún telegrama. Saludes explicaba en el prólogo que no se conserva la respuesta de la escritora a ninguna de las misivas publicadas, aunque sí que han sobrevivido 39 cartas y 9 tarjetas y postales dirigidas a su pareja que decidió no incluir en el volumen. Aunque el jurado del Sant Jordi no quisiera premiar La plaça del Diamant, Obiols asegura a Rodoreda que la novela se "leerá todavía de aquí a 300 años [...] si aún quedan catalanes", y añade que "desde el siglo de oro catalán, en prosa de creación no se ha hecho nada de esta categoría".

3.
'Cartas de guerra y de exilio (1934-1960)'

Mercè Rodoreda

Edición a cargo de Carme Arnau

Institut d'Estudis Catalans, 2017

La coberta de les 'Cartes de guerra i d'exili' de Mercè Rodoreda

El volumen, que forma parte del proyecto en curso de obras completas de Rodoreda a cargo del Instituto de Estudios Catalanes, propone el retorno a unos años cruciales en la vida de la escritora a través de las cartas que enviaba a autores como Carles Riba, Josep Carner, Anna Murià y Rafael Tasis, a editores como Josep Maria Cruzet y a políticos como Josep Tarradellas. “Estas cartas permiten seguir una vida azarosa, de «piedra que rueda», tal como decía la misma Rodoreda”, recuerda Carme Arnau, editora del libro, en relación a la itinerancia de la autora, que pasó de Roissy-en-Brie a Limoges y Burdeos antes de instalarse en París y, más adelante, en Ginebra. Arnau prepara una segunda parte de la correspondencia, que arrancará en 1960 y llegará hasta 1983, año de la muerte de Rodoreda.

4.
'Cartas a Anna Murià (1939-1956)'

Mercè Rodoreda

Club Editor (2021)

La coberta de 'Cartes a l'Anna Murià', de Mercè Rodoreda

Prologadas y anotadas por la poeta Blanca Llum Vidal y la editora Maria Bohigas, Cartas a Anna Murià (1939-1956)pone a disposición de los lectores las cartas que Rodoreda envió a Murià durante el exilio. Publicadas por primera vez por La Sal Edicions en 1985, solo contiene las cartas de una de las partes. Por la razón que sea, Rodoreda no conservó nada de lo que le envió su amiga, con la excepción de tres misivas que no llegó a enviarle. Los temas se mezclan de una manera atropellada –el amor complejo con Armand Obiols, el día a día en París y en Burdeos, las lecturas y la voluntad a ratos enfermiza de escribir, los cotilleos sobre los otros escritores del exilio, los comentarios sobre los asuntos familiares más espinosos– y solo permiten entrever una parte de la verdad de la Rodoreda exiliada.

stats