Diez grandes libros para este Sant Jordi que quizás no conozcas
Diez novelas, recopilaciones de relatos y poemarios notables, insólitos y de calidad que se han publicado este año
BarcelonaPor Sant Jordi hay vida más allá de los libros más vendidos, de los fenómenos editoriales y de las tendencias coyunturales. Solo hay que dar una vuelta por una librería con fundamento para comprobar que la buena salud del sector editorial catalán se encuentra en la diversidad explosiva de propuestas y en la calidad y exigencia de muchas de estas propuestas. Elegimos solo diez que creemos que valdría la pena que llegasen a más lectores.
Desde hace casi tres décadas, Neus Canyelles (Palma, 1966) ha levantado una obra literaria tan íntima y sutil como poderosa que ha ahondado en la autobiografía cuando aún no era tendencia –Neu d'agost, su debut, data de 1997– y que ahora se fija en una galería de personajes que esperan, física o simbólicamente, desde un presente delicado o evocando un pasado conflictivo. "Yo esperaba con desasosiego olvidar, pero no mi nombre ni las facciones de mi madre ni los ojos de mi hija", admite la narradora deElectroxoc, uno de los diecisiete cuentos incluidos en el volumen. Sales d'espera llega tres años después de otra obra elogiable, Milady (Empúries, 2023), centrada en la compleja relación de la autora con su madre, y que completaba una trilogía involuntaria que había arrancado con Les millors vacances de la meva vida (Empúries, 2019) y continuaba con Autobiografia autoritzada (Empúries, 2022).
Un grupo de cinco amigos adolescentes que viven en una urbanización de una pequeña ciudad de provincias se decide a entrar en una casa abandonada: la experiencia será el punto de partida de una pesadilla que les cambiará las vidas. Esta es la premisa que flota en la superficie argumental de La noche devastada. La nueva novela de Jean-Baptiste del Amo (Tolosa, 1981) parte de un homenaje explícito a escritores como Stephen King y cineastas como Wes Craven para ofrecer una historia de terror combinada con el análisis preciso de las desigualdades sociales, del racismo creciente y de la intolerancia hacia la homosexualidad en la Francia de finales del siglo XX.
Hasta ahora, la norteamericana Deborah Eisenberg (Winnetka, 1945) se ha quedado "en un rincón acogedor y silencioso (...) de las muchas habitaciones de la Casa de la Literatura", asegura Damià Alou en el prólogo deTu pato es mi pato, primer recopilatorio de relatos de la autora que nos llega en catalán. Compañera de generación de cuentistas aún por descubrir en nuestra lengua como Joy Williams, Ann Beattie y Diane Williams, Deborah Eisenberg sobresale en el retrato de personajes privilegiados y a la vez perdidos, como ocurre con la pintora que explica la estancia en la casa de playa de unos amigos para superar la crisis creativa y existencial que arrastra. "Avanzo por el tiempo a toda velocidad, atada a una bomba, que es mi vida –leemos en el relato–. Además, empieza a parecer una photo-finish: si llegaré primero yo o el mundo. No es tan difícil averiguar por qué no duermo. Lo que no puedo averiguar es por qué los demás pueden dormir".
Aunque la trayectoria de Shirley Ann Grau (Nueva Orleans, 1929–Kenner, 2020) se desplegó desde mediados del siglo XX hasta la primera década del XXI, fue con Los guardianes de la casa que la narradora alcanzó su cima de popularidad gracias al premio Pulitzer en 1965. Cuando le llamaron para comunicarle la noticia, Grau, que aquella noche había dormido poco por culpa de uno de sus cuatro hijos, entonces todavía muy pequeños, creyó que un amigo le estaba gastando una broma: "Sí, he ganado el Pulitzer y soy la nueva reina de Inglaterra", contestó, antes de colgar el teléfono.
Inédita hasta ahora en catalán, Los guardianes de la casa,indaga en el racismo estructural de la sociedad norteamericana a través de las siete generaciones de la familia Howland. El despertar moral de Abigail, el último eslabón del linaje, es fragmentario, tardío y, sobre todo, ambiguo. La novela de Grau no presenta una resolución tranquilizadora, ni justicia poética, ni reconciliación simbólica. El racismo no es derrotado porque no se trata de un antagonista individual, sino de una estructura que sobrevive a las buenas intenciones.
"En un futuro cercano, una mujer digitaliza su conciencia para editar su propia memoria": este es el punto de partida del regreso a la novela de Alicia Kopf (Girona, 1982). El libro da un paso adelante en la experimentación formal iniciada en Germà de gel (L'Altra, 2016) y reconstruye fragmentariamente el yo de la protagonista a través de capítulos breves que indagan en los mecanismos del deseo y la memoria. "Antes de todo esto quería escribir sobre el amor y no he encontrado el amor –leemos en la novela–. Quizás quería escribirlo pero no encontrarlo. Ningún hombre que me guste me dice nada y los que me dicen cosas no me interesan. De fondo la duda constante de si el hecho de engancharme a la indisponibilidad es un mecanismo de protección: miedo a la intimidad".
"Quizás escribimos para recordar, pero sobre todo recordamos para escribir", asegura Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) en su nuevo libro, el primero que escribe directamente en catalán la autora nacida en Alemania, criada en Brasil y vecina de Barcelona desde hace más de dos décadas. Después de Si este calle fuera mío (Edicions de 1984, 2020; traducción de Marina Bornas), un libro de memorias en el que, a través de las más de veinte casas donde había vivido hasta entonces –en Europa, América del Norte y América del Sur–, Kremser se preguntaba por la "formación y reformación constante" de su identidad, en este caso parte del recuerdo reciente y traumático de haber tenido que marcharse del piso de la calle Princesa donde vivía con su marido, el también escritor Jordi Puntí, para elaborar una reflexión sobre la importancia de tener un lugar donde vivir y de cuidarlo, sea modesto o lujoso, y de cómo una ciudad como la capital catalana cada vez lo pone más difícil a sus habitantes para que puedan quedarse.
"En todo Nápoles solo quedan doce ambulancias. Las otras las han enviado a Roma, donde no hacen ninguna falta. ¡Pobre Nápoles! ¿Dos bombardeos al día y ni ambulancias? –se exclama un ingeniero del Ayuntamiento al narrador de La piel–. Hay miles de muertos, hoy; los que han recibido más, como siempre, son los barrios populares. ¿Y qué puedo hacer, con doce ambulancias? Deberíamos tener mil".
La impotencia y la indignación son dos de los sentimientos que abundan en uno de los libros más controvertidos y conmovedores de Curzio Malaparte (Prato, 1898–Roma, 1957). Perseguido durante un tiempo en Italia, incluido en el Índice de Libros Prohibidos del Vaticano en 1950, La piel (1949) da testimonio directo de la ocupación o la liberación de Italia por parte de los aliados (1943), un acontecimiento que el mismo autor vivió haciendo de oficial de enlace del ejército italiano con las tropas norteamericanas y acompañándolas desde Nápoles hasta Roma. Se trata de un gran precedente de la novela de no-ficción, que posteriormente han cultivado autores como Truman Capote, Emmanuel Carrère y Javier Cercas.
Además de los nuevos libros de Feliu Formosa y Jaume Coll Mariné, de la publicación de dos inéditos de Blai Bonet con motivo del centenario de su nacimiento –Oh Calvary, Calvary y El joven (1971)– y de una antología de Jordi Llavina, esta primavera merece una atención especial el regreso a la poesía de Biel Mesquida (Castelló de la Plana, 1947). El último Premi d'Honor es uno de los autores más singulares y radicales de las letras catalanas: pionero del textualismo (L'adolescent de sal) y de la literatura queer (El bello país donde los hombres desean a los hombres), Mesquida ha combinado vanguardismo y costumbrismo, compromiso político y aversión a los convencionalismos en una veintena de novelas, libros de relatos –como el ciclo comenzado con Tots els detalls del món (Empúries, 2005) y que llega, de momento, hasta Encarnacions (LaBreu, 2022)–, piezas teatrales y poemarios. Trast reflexiona sobre el paso del tiempo en poemas divididos en varias secciones, como Hors-Champ: Sensitive Content, donde se puede leer: "En mi ventana la vida se escapa / como bolas de mercurio entre los dedos / Lo que fue palacio de luz / de leds de flashes de foco / ahora es piel de sombras muertas / en que tanta basura low cost / hace de abono a un ramo de rosas / que la oscuridad transfigura".
En 2026 debería ser un año importante para Dolors Miquel (Lleida, 1960). Acaba de ganar el premio Jaume Fuster a la trayectoria poco después de reeditar El musot (Documents Documenta), de presentar la traducción al castellano de Mata'm psicosi (Temporal) y de publicar uno de los hitos de su obra, El pit adormit. En casi 500 páginas de una intensidad y ambición impresionantes, Miquel combina diversos hilos narrativos, como la detección y evolución del cáncer que le detectaron hace cinco años, la crónica de cómo la poesía catalana renació a finales de los años noventa gracias a un circuito alternativo de recitales, reflexiones sobre la misoginia –la del pasado y la del presente– y fragmentos en los que los recuerdos familiares se entrelazan con la pasión por la lectura y por la escritura.
La literatura de Mercè Rodoreda continúa demostrando su fuerza y vigencia a través de exposiciones –como la que aún se puede ver en el CCCB–, reediciones de su obra y traducciones, en algún caso polémicas, como la última de La mort i la primavera, que incluye una portada y posfacio de David Uclés. También a través de la ironía que gasta la voz narradora de uno de los debuts más destacados del año, Amèlia de les Camèlies, de Etna Miró (Barcelona, 2001).
Los jóvenes y diletantes estudiantes de filología, literatura y ciencias políticas de la novela pueden pasar una tarde entera dirimiendo si a la Colometa le gustan o no las naranjas, y de cómo hay que asociar la redondez de esta fruta "con la feminidad, en contra de las formas verticales y fálicas". La idolatría a Rodoreda los aboca a la "claustrofobia intelectual" y contribuye a inmovilizar su progresión intelectual y vital, vulnerada también por el culto desmesurado al yo y a las apariencias. El libro detalla el auge y la caída de Amèlia, una chica que no es capaz de distinguir entre la realidad y la ficción, igual que don Quijote o Emma Bovary, pero sin llegar a las alucinaciones del primero y sin recibir un castigo tan severo como el personaje de Flaubert.