Tenis
Deportes 24/01/2022

La tenista que reivindica con orgullo su herencia aborigen

Ashleigh Barty aspira a ser la primera australiana en ganar en Melbourne en 43 años mientras reivindica el derecho de los pueblos autóctonos

4 min
Ashleigh Barty, jugadora australiana, en acción en Melbourne

BarcelonaDespués de muchos años buscando, Australia por fin ha encontrado una nueva fuente de inspiración en una pista de tenis. En la isla donde han nacido algunos de los jugadores que más impacto han tenido en este deporte, como Rod Laver, la nueva heroína es Ashleigh Barty, que ha subido al número 1 mundial con la esperanza de ser la mujer que consiga imponer su ley con cierta frecuencia. Después del reinado de las hermanas Williams, el tenis femenino ha entrado en una era sin ninguna dominadora, con un montón de jugadoras que suben y bajan del ranking.

Con Naomi Osaka ya eliminada, después de un año en el que ha decidido tomarse las cosas con calma porque no quiere volver a sufrir problemas mentales en forma de demasiada presión, y Garbiñe Muguruza de vuelta a Europa, Barty es la gran favorita y quiere ganar su tercer Grand Slam. Y ahora, en casa. De momento no ha cedido ningún set y ha dominado el juego sin sufrir mucho. Agresiva y sólida, Barty ya tocó el cielo al ganar en Roland Garros en 2019 y en Wimbledon en 2021. Ahora le toca mandar sobre pista rápida. Y parece que va por buen camino, dispuesta a imitar los hitos del gran nombre del tenis australiano femenino, Evonne Goolagong Cawley. Ellas dos son las únicas australianas que han sido número 1 mundial. Y las dos tienen un punto en común: sangre aborigen. "Goolagong Cawley es una fuente de inspiración. Rompió barreras en una época en la que los aborígenes todavía eran maltratados", ha dicho Barty, que desciende de la tribu Ngaragu por parte de su abuela paterna. En cambio, Goolangong Cawley era 100% aborigen, hija de un pastor nómada. Una mujer que consiguió ser la mejor jugadora del mundo en una época en la que en casi ningún club de tenis dejaban entrar a personas que fueran aborígenes.

"Estoy muy orgullosa de ser Ngaragu, muy orgullosa de ser una mujer indígena. Lo llevo en el corazón", explica Barty, de 25 años, que forma parte de una asociación que utiliza el deporte para empoderar a mujeres aborígenes y jóvenes sin mucho futuro. Durante años Australia ha negado el racismo contra los aborígenes, que han sido arrinconados durante décadas y han sufrido violaciones de los derechos humanos de manera sistemática: apartando a niños de sus padres, robos de tierras, violaciones de mujeres o asesinatos de líderes de las comunidades. Solo en las últimas décadas el gobierno ha pedido perdón, con algunos deportistas, como el atleta Cathy Freeman, ejerciendo de abanderados de la causa aborigen. No fue hasta 2008 cuando el gobierno australiano pidió perdón oficialmente, especialmente por la conocida como "generación robada", cuando en los 60 miles de niños y niñas aborígenes fueron separados de sus padres, oficialmente para fomentar la integración, y criados por familias blancas. En muchos casos se produjeron abusos contra estos niños.

"Australia se reconcilia con su pasado. Quizás antes mucha gente con sangre aborigen lo escondía, pero yo estoy muy orgullosa. Para mí es un honor. Es mi manera de estar conectada a la tierra, de rendir homenaje a los primeros pobladores de Australia", dice Barty, que durante muchos años vio cómo, de manera sistemática, muchos medios de comunicación evitaban hablar de su herencia Ngaragu. Su página de la Wikipedia en inglés era editada para borrar esta parte. En una entrevista, le llegaron a preguntar por qué razón se consideraba "indígena" si tenía una madre hija de británicos. "Soy una mujer Ngaragu y estoy orgullosa de ello, reivindico esta cultura", dice la jugadora, que con 15 años ya ganó el torneo júnior de Wimbledon.

Evonne Goolagong Cawley durante el torneo de Wimbledon del 1971.

Siguiendo el camino de Goolagong Cawley

Cuando en 2021 Barty llegó a la final de Wimbledon lo hizo con un vestido que imitaba el que había llevado Evonne Goolagong Cawley cuando ganó en Londres en 1971. Goolagong Cawley, de hecho, se conviertió en la primera mujer en 66 años en ganar el mismo Grand Slam, Wimbledon, antes y después de ser madre en una época en la que las jugadoras no siempre encontraban facilidades para jugar. Nacida en 1951, hija de un pastor de ovejas itinerante que casi nunca dormía en el mismo lugar, pudo jugar a tenis en el pequeño pueblo de Barellan, en Nueva Gales del Sur, cuando un profesor de escuela, Bill Kurtzman, la vio cuando todavía era una niña mirando un partido desde el otro lado de la valla de un club. Kurtzman la invitó a jugar cada día, hasta que a Vic Edwards, un entrenador de Sydney, le llegó el rumor de una chica aborigen que jugaba como los ángeles. En 1965 la fue a ver en acción y la llevó a Sydney para que entrenara con él. Goolagong Cawley ganaría 7 Grand Slams, cuatro veces en Australia, y todavía hoy es la 12ª jugadora con más títulos grandes del tenis profesional femenino. Solo se le resistió el Open de los Estados Unidos, donde perdió cuatro finales. Goolagong Cawley ha explicado que, cuando era joven, su madre acostumbraba a decirle que "saliese por la puerta de atrás corriendo" para esconderse cada vez que aparecía un coche en la puerta, puesto que "tenia miedo de que fuera secuestrada". De cada 10 niños aborígenes de los años 60, de media dos fueron secuestrados. Barty ha hecho campaña junto con Goolagong Cawley para pedir compensaciones para las víctimas de estos abusos.

Ahora es Barty quien ilusiona los australianos, que no ven a una de las suyas ganar en Melbourne desde el año 1978, cuando lo hizo Chris O'Neil, justo un año después del último triunfo de Goolagong Cawley, en 1977. En categoría masculina, el último ganador australiano fue Mark Edmondson, también en 1978. De hecho, en los últimos 25 años solo una vez un australiano ha llegado a la final, Lleyton Hewitt, en 2005. Perdió. Barty quiere encargarse de sacar el tenis australiano del desierto.

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