La familia que cambió la manera de hacer el café

Un fondo chino es el actual propietario de la empresa de cafeteras nacida en un pueblecito piamontés

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EUREKA web Bialetti
30/09/2026 - 07:02 h
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Montebuglio es un pueblecito tranquilo de los Alpes piamonteses. Hoy viven allí unas 180 personas, que hacen vida alrededor de una pequeña plaza, la iglesia y el bar del pueblo. El martes 16 de febrero de 2016, sin embargo, la tranquilidad habitual se rompió durante unas horas. En la carretera que lleva hasta allí había más movimiento de la cuenta: se había habilitado un servicio de autobuses lanzadera desde la vecina Crusinallo y una multitud conquistó las cuatro calles del pueblo. Todo el mundo iba hacia el mismo lugar: al entierro de Renato Bialetti.

La escena que se encontraron cuando llegaron explica por sí sola quién era el difunto. Delante del altar había una enorme cafetera Moka Bialetti, de 24 tazas. Dentro reposaban las cenizas de Renato Bialetti. Nacido en 1923 en aquel mismo pueblo, era el hombre que había convertido aquella cafetera octogonal de aluminio en un fenómeno mundial. Hoy Bialetti sigue siendo una de las marcas más reconocibles del mundo del café, con una facturación que ronda los 150 millones de euros anuales. Pero, ¿cómo consiguió una pequeña empresa piamontesa convertir un utensilio de cocina en un icono mundial?

El invento del padre; el empuje del hijo

Para encontrar la respuesta hay que retroceder una generación. Alfonso Bialetti había nacido en Montebuglio en 1888, pero de muy joven se marchó a Francia, donde trabajó como fundidor y aprendió las técnicas para modelar el aluminio. En 1918 regresó al Piamonte y, un año más tarde, abrió en la vecina Crusinallo un pequeño taller dedicado a fabricar piezas con este material. Fue allí donde, a principios de los años treinta, empezó a dar vueltas a la idea de un utensilio metálico que permitiera preparar café en casa. En 1933, de aquella intuición nació la Moka Express, la famosa cafetera de aluminio octogonal de tres piezas.

Hasta después de la Segunda Guerra Mundial, la producción era bastante artesanal y rondaba las 70.000 unidades anuales. El gran salto llegó en 1946, cuando su hijo, Renato Bialetti, regresó de un campo de prisioneros alemán y tomó las riendas del negocio. Centró los esfuerzos en industrializar la producción y apostar fuerte por la publicidad. En los años cincuenta llegó también el omino con i baffi, el pequeño hombre con bigote creado por el dibujante Paul Campani a partir de los rasgos del mismo Renato. El personaje apareció en las campañas de televisión de Carosello y se convirtió en el logotipo de la marca. Las ventas se dispararon: Bialetti pasó de fabricar decenas de miles de cafeteras a superar el millón de unidades anuales.

De símbolo italiano a capital chino

Con los años, sin embargo, la familia fue perdiendo el control de la empresa. En 1993, Rondine, propiedad del empresario Francesco Ranzoni, compró Bialetti y cinco años después ambas compañías se fusionaron. La nueva Bialetti Industrie amplió el negocio más allá de la cafetera que la había hecho famosa: abrió tiendas propias, entró en el mercado de las máquinas de café espresso y las cápsulas, lanzó la Moka para placas de inducción e incluso empezó a vender su propio café. En 2007 salió a bolsa. Todo, en un mercado que empezaba a cambiar con fuerza y en el que las cafeteras de cápsulas ganaban terreno.

A pesar de que en 2024 Bialetti facturó 149,5 millones de euros, un 5,9% más que el año anterior, arrastraba pérdidas y una pesada mochila de deuda. En abril de 2025, el fondo chino Nuo Capital, controlado por la familia Pao Cheng, adquirió una participación mayoritaria de Bialetti.

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