Editorial

Groenlandia o cómo el apaciguamiento no funciona con Trump

Manifestación en Nuuk en contra de la intención de Donald Trump de quedarse con Groenlandia.
19/01/2026
2 min

Los dirigentes europeos están descubriendo, entre asombrados y aterrorizados, que con Donald Trump no vale lo de "no se atreverá" y que la política de cesiones para apaciguarlo no es que no funcione sino que le espolea a pedir cada vez más y más. Trump quiere que Dinamarca le regale Groenlandia y amenaza con aranceles a todo el que apoye a Copenhague. Cabe pensar que estamos ante un nuevo tipo de imperialismo estadounidense que amenaza incluso con tomar territorio a sus aliados tradicionales. Pero va más allá.

Si de verdad se quiere entender cuál es el motor que guía Trump hay que leer detenidamente la carta que ha enviado al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre: "Querido Jonas: teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el premio Nobel de la paz por haber siente más de ocho guerras, ya no la paz predominante, pero ahora puedo pensar en lo bueno y apropiado para EEUU", expresa la misiva. "Dinamarca –sigue el texto– no puede proteger esta tierra [Groenlandia] de Rusia o China; ¿por qué, pues, tiene "derecho de propiedad" igualmente? No hay ningún documento escrito, sólo que una barca desembarcó hace cientos de años, pero nosotros también desembarcamos con barcas", añade. O sea, como no me habéis dado el premio Nobel de la Paz, ahora les voy a tomar Groenlandia a los europeos. Es el resentimiento, pues, lo que le mueve, especialmente contra los europeos, por todo lo que representan de alternativa a su concepción del mundo.

Si se analiza fríamente, todo aquello con lo que quiere terminar Trump es lo que define el proyecto civilizado de la UE: el multilateralismo, el libre comercio, la justicia social y el respeto a los derechos humanos. El presidente estadounidense busca un mundo repartido en esferas de poder, con un comercio internacional reducido por políticas proteccionistas, sin sistemas de protección social y en los que los derechos humanos sean una reliquia del pasado. Ante esto Europa, es decir, la UE y Gran Bretaña, deben empezar a prepararse para un escenario de confrontación por Groenlandia. No militar, obviamente, pero sí en otros ámbitos como el económico. Porque ya no es descartable que, llevado por su frustración, Trump acabe dando luz verde al uso de la fuerza militar.

También es cierto que en una situación tan crítica como la actual hay brotes verdes de esperanza. Uno de ellos es el bajón de la valoración de Trump en las encuestas. Y el otro es la creciente toma de conciencia de los europeos de la necesidad de actuar unidos y no ceder más ante el inquilino de la Casa Blanca. Esto es lo que dan a entender al menos los últimos movimientos de las cancillerías europeas, que parecen haber hecho caso al pensador estadounidense Francis Fukuyama, que ha grabado un vídeo para pedir a sus amigos europeos que "no retrocedan ante Trump, porque él lo interpreta como una señal de debilidad". Los liberales y demócratas estadounidenses como él ya lo han descubierto. Y por eso la gente sale a la calle en sitios como Minneapolis. Porque el apaciguamiento, con Trump, no funciona.

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