Asia
Internacional 02/02/2021

El ejército de Birmania asegura que ocupará el poder al menos un año

La líder Aung San Suu Kyi, que ha llamado a la gente a salir a la calle contra los militares, está detenida

Cristina Mas
4 min
Aung San Suu Kyi

BarcelonaEl ejército de Birmania, que ocupó el poder de este país asiático desde 1962 hasta 2011, ha protagonizado la madrugada del lunes un golpe de estado contra el ejecutivo de Aung San Suu Kyi. La líder birmana ha sido detenida y sustituida por el general Min Aung Hlaing, que ha declarado el estado de emergencia al menos durante un año, hasta que se hagan otras elecciones. Tanto en Naypidaw -la capital política- como en Yangón -la capital económica- como en otras grandes ciudades, camiones de militares controlan desde ayer por la mañana las calles. En un primer momento, se cortó internet, tampoco funcionaban la mayoría de teléfonos móviles, el aeropuerto internacional había quedado cerrado -con los vuelos supsendidos- y los bancos y cajeros automáticos estaban fuera de servicio. Alrededor de los supermercados se habían formado largas colas de gente, que se intentaba proveer de alimentos ante la incertidumbre de los próximos días.

Suu Kyi, de 75 años, hizo público un comunicado en el que pedía a la gente "que no lo acepte y salga incondicionalmente a la calle para protestar contra el golpe de los militares". La líder del gobierno no fue la única arrestada: el líder del sindicato de estudiantes, ministros, líderes regionales, políticos opositores, escritores y activistas también forman parte de la larga lista de detenidos. Las embajadas de los países extranjeros recomendaban ayer a sus ciudadanos residentes en Birmania que no salieran de casa si no era imprescindible.

Protestas en Myanmar

El alzamiento ha tenido lugar después de meses de tensión entre civiles y militares. Estos últimos no reconocieron el resultado de las elecciones celebradas en noviembre y acusan a Suu Kyi de fraude. De hecho, el golpe llegó solo unas horas antes de que se constituyera el Parlamento surgido de esos comicios, en los que el partido de Suu Kyi, la Liga Nacional Democrática (NLD), obtuvo un triunfo histórico, con 396 escaños de los 476 que había en juego.

Los rumores sobre un posible golpe de estado habían comenzado la semana pasada. Y el ejército justifica el motín apelando al artículo 417 de la Constitución vigente, de 2008 y redactada por los propios uniformados: este apartado autoriza a las fuerzas armadas a hacerse con el poder si consideran en grave peligro la unidad de país. Y "el grave peligro", en este caso, era el supuesto intento de fraude de la líder de gobierno.

Liderazgo histórico

El historiador Than Myint-U ha explicado al New York Times que "se han abierto las puertas para un futuro más negro: Birmania es un país que ya estaba en guerra contra sí mismo, lleno de armas, con millones de personas que apenas tienen qué comer y profundamente dividido en fracturas étnicas y religiosas". Según el historiador: "Fue casi un milagro que pudiera avanzar hacia la democracia la década pasada, pero no estoy seguro de que nadie pueda controlar lo que viene ahora".

Aung San Suu Kyi pasó casi 15 años en la prisión dentro de una larga trayectoria como opositora al poder militar, antes de dirigir la Liga Nacional por la Democracia (NLD), que ganó las primeras elecciones abiertas de la historia del país en 2015. Suu Kyi obtuvo el premio Nobel de la paz por su desafío democrático no-violento y, a pesar de que su reputación internacional ha quedado muy afectada por su posición ante el genocidio de los rohinyás, muchos birmanos la consideran la madre de la nación.

Pero el ejército sigue siendo enormemente poderoso debido a una Constitución impulsada por la junta militar, que le da control sobre los ministerios clave y le garantiza una cuarta parte de los escaños. Y es que la transición que comenzó en 2011 no puso fin a la tutela militar. Daniel Gomà, especialista en el Sudeste Asiático en la Universidad de Cantabria, recuerda que "Suu Kyi quería promover una reforma para acabar con este papel preponderante de las fuerzas armadas en el sistema político. Pero en todos estos años no ha tenido mano izquierda con los militares. Cuestionó la figura del comandante jefe cuando él todavía tenía mucho poder".

El golpe probablemente perpetuará en el poder al general Min Aung Hlaing, que por su edad debía retirarse este verano. El general está en lo alto de una red clientelar que podría quedar amenazada por su retirada, y aún más cuando el general no se había blindado una salida limpia. El golpe militar llega solo dos días después de que el secretario general de la ONU, António Guterres, mostrara preocupación por la situación en el país.

Los Estados Unidos y la UE, entre otros actores internacionales, han condenado el golpe. El propio Joe Biden amenazaba al país con sanciones si los militares no ceden inmediatamente el poder. En cambio, vecinos como China y Tailandia han tenido una respuesta muy tibia. Manel Ollé, especialista en Asia en la Universitat Pompeu Fabra, apunta que "las posibles sanciones internacionales y el retorno a un aislamiento global pueden reforzar la influencia de China en Birmania". El gobierno de Xi Jinping, de hecho, ya había manifestado tener tan buenas relaciones con el gobierno de Suu kyi como con los militares. Y, en este sentido, recuerda que "el rechazo social que generaban las inversiones chinas puede ser frenado por los militares, que además pueden sacar beneficios económicos directos".

El último golpe de estado en el país se produjo en 1962 cuando el general Ne Win derrocó al frágil gobierno que había dirigido la independencia respecto del Reino Unido. En el medio siglo que los militares llevaban en el poder desde entonces, el país, que había sido uno de los más ricos de Asia, se hundió en la miseria. El ejército instrumentalizó la diversidad étnica y religiosa para mantenerse en el poder e instauró un régimen de terror. Después de una matanza de manifestantes pro democracia en 1988 se celebraron elecciones dos años más tarde, que ganó la Liga Nacional Democrática, pero los militares se negaron a reconocer el resultado. Los dirigentes como Suu Kyi fueron encarcelados hasta que en 2015 el partido volvió a ganar las elecciones y el ejército acató el resultado, pero sin perder el control del poder.

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