Los estadounidenses pasan cuentas con Trump

Las elecciones de medio mandato se convierten en un test de estrés para el sistema de contrapesos de la democracia estadounidense

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Trump este lunes desde la piscina reflectante de Washington
02/11/2026 - 22:43 h

WashingtonNo se puede decir que Donald Trump no lo supiera. Los primeros días del año, justo después de secuestrar a Nicolás Maduro, el presidente estadounidense se dirigía a los legisladores republicanos en un acto anual en el Kennedy Center de Washington. “Dicen que cuando ganas la presidencia, pierdes las elecciones de medio mandato. Me gustaría que pudierais explicarme qué demonios pasa por la cabeza de la gente", dijo entonces. Nueve meses después, Trump probablemente se sigue preguntando lo mismo mientras las proyecciones inflan las esperanzas demócratas.

Sin ni siquiera haber comenzado la guerra en Irán, las encuestas ya situaban a Trump en uno de sus mayores picos de impopularidad, con solo el aprobado del 36% de los votantes. Una curva que no ha parado de bajar a medida que ha ido avanzando el calendario, hasta llegar a la situación actual: solo un 31% aprueban su gestión como presidente. Los legisladores republicanos ya estaban preocupados entonces por cómo construir la campaña electoral para unas elecciones de medio mandato en las que el Partido Republicano se ha convertido en el partido de Trump. Así como el magnate fue el gran reclamo en las presidenciales, en esta ocasión podía convertirse en una losa.

Los peores temores se fueron confirmando a medida que la campaña en Oriente Medio se enfangaba y el precio de los carburantes subía. El poco capital político que Trump creía que todavía tenía quedó constatado en la convención republicana de Dallas –la primera de la historia que el partido celebra para unas elecciones de medio mandato–, cuando ofreció 5.000 dólares a cada estadounidense adulto si ganaban los republicanos. El magnate hacía explícito lo que todo el mundo estaba pensando y lo que sus legisladores no querían oír: "Os pido que hagáis ver que estoy en la papeleta electoral cuando votéis". Lo hubiera dicho o no, los comicios de este 3 de noviembre habrían acabado siendo un plebiscito sobre sus dos primeros años del segundo mandato.

Trump no es una excepción. Históricamente, el partido que está en la Casa Blanca acostumbra a ser el más perjudicado en las elecciones de medio mandato. La excepcionalidad de los comicios de este año viene más dada por la erosión que ha sufrido el sistema de contrapoderes durante estos dos años con el republicano gobernando y por el malestar creciente en la sociedad estadounidense. Hay dos cuestiones que atraviesan completamente la contienda electoral: que los demócratas recuperen el control del Congreso para que comiencen a fiscalizar al ejecutivo después de que la mayoría republicana haya abdicado de hacerlo, y la duda de si el republicano aceptará la derrota.

Las elecciones de medio mandato vuelven a situar al país ante una pregunta que quedó sin responder en 2024. Trump ganó las presidenciales frente a Kamala Harris y, por tanto, no necesitó activar las teorías de fraude electoral que había estado sembrando durante la campaña. Ahora, el magnate ha hecho revivir los fantasmas del fraude electoral, con la diferencia de que está en el poder.

El fantasma del fraude electoral

Hace semanas que Trump ha pasado de las palabras a los hechos. En julio se dirigió a la nación para asegurar que habían descubierto vulnerabilidades en el sistema electoral que debían corregirse. Concretamente, que personas sin papeles habían estado votando ilegalmente para favorecer a los demócratas. La acusación no era nueva, es un hecho que ya había ido extendiendo durante las presidenciales. La novedad es que, gracias al control total del departamento de Justicia –dirigido por su antiguo abogado, Todd Blanche–, la semana pasada la administración estadounidense ejecutaba en California la Operación Proteger el Voto.

En el marco de este dispositivo, orientado a reforzar las teorías de fraude electoral, se arrestaron a once personas en diferentes ciudades de California, mientras que 17 más fueron imputadas por supuestamente haberse registrado ilegalmente para votar y, en algunos casos, haber llegado a emitir el voto. La elección de California tiene una relevancia política evidente: es el principal bastión demócrata del país y el estado que aporta más escaños a la Cámara de Representantes.

En Alaska, que en las últimas semanas se ha convertido en un estado crucial para determinar el control del Senado, la Casa Blanca también ha presentado una demanda ante el juez pidiendo que declare nulo el resultado si no gana el candidato republicano; ya ha sido desestimada. La razón es que en la carrera en la que compiten la demócrata Mary Peltola y el republicano Dan S. Sullivan se ha añadido un tercer candidato en discordia: Dan J. Sullivan. Informaciones del New York Times apuntan a que J. Sullivan se habría inscrito después de que los demócratas le animaran a hacerlo, hecho que él y el equipo de Peltola niegan. Los republicanos dicen que es una maniobra para confundir a los votantes con la similitud del nombre y dividir el voto.

Miedo a un despliegue del ICE

A las acciones en marcha, también se suma el temor de que la administración despliegue agentes del ICE en los puntos de votación. No es un hecho que Trump haya confirmado, pero sí que lo ha insinuado el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin. Este lunes, justo en la víspera electoral, la Casa Blanca ha vuelto a presentar un recurso ante el Tribunal Supremo para pedir que se excluyan unos 20.000 votos por correo en California, alegando que podrían haber sido emitidos por personas que no son ciudadanas.

Más allá de lo que pueda pasar durante el recuento de votos, el profesor de derecho constitucional de la Universidad de Georgetown David Super señala un horizonte más lejano: la certificación del nuevo Congreso en enero. Super no descarta que si Trump pierde intente evitar certificar la victoria de diputados clave para así sostener la mayoría republicana. "Podría pedir a Mike Johnson [presidente de la Cámara de Representantes] y a John Thune [líder de la mayoría del Senado] que se nieguen a reconocer a los nuevos miembros demócratas", dice.

Mientras tanto, en la jornada previa a la apertura de los colegios electorales, Trump ha aprovechado para dar su último discurso ante la piscina reflectante de la capital, justo a los pies del monumento de Lincoln. Casi como si fuera ajeno a los sondeos, el magnate ha insistido en "el embellecimiento" de la ciudad y las futuras obras faraónicas que quiere hacer en ella: el nuevo campo de golf cerca del Potomac y un arco de triunfo, con capacidad militar para drones. "Se trata de las midterms más importantes de vuestra vida", ha afirmado.

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