Internacional 04/03/2022

Cuando Ucrania era la tercera potencia nuclear del mundo

En 1996 acabó de entregar las armas en Rusia a cambio de protección

2 min
El presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, el de Rusia, Boris Yeltsin, y el de Ucrania, Leonid Kuchma, juntos en Moscú el enero del 1994

BarcelonaEntre 1.800 y 1.900 cabezas nucleares formaban parte del arsenal militar ucraniano en 1994. Eran la herencia de la extinta URSS y la convertían en la tercera potencia nuclear del mundo. Al frente, como hoy, estaba Rusia, entonces con unas 30.000 bombas, y Estados Unidos le seguía con más de 10.000 (la distancia con el resto era sideral: Francia era cuarta, con unas 500). Sin embargo, a pesar del potencial nuclear, la realidad del momento era una crisis económica y social muy intensa para los ucranianos, necesitados de ayuda humanitaria al igual que otras exrepúblicas soviéticas.

El año 1994 fue precisamente el que significó formalmente el inicio del desarme nuclear del país. El 5 de diciembre en Hungría se firmaba el Manifiesto de Budapest, que estos días el gobierno ucraniano ha vuelto a poner sobre la mesa porque entiende que el ataque ruso lo vulnera de manera flagrante. Aquel día Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania se sumaban al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y se comprometían a deshacerse de todo su arsenal. A cambio, Rusia y Estados Unidos ponían por escrito que aceptaban la soberanía ucraniana y que no los atacarían. Reino Unido también se sumó al acuerdo, que el Parlamento ucraniano había validado poco antes con 301 votos a favor, 8 en contra y 20 abstenciones; Francia y China se sumaron posteriormente con otros textos. “Estamos preparados para ofrecer garantías de seguridad a Ucrania una vez haya accedido al tratado", había dicho unos días antes la portavoz del departamento de Estado de los EE. UU., Christine Shelly.

Pero el desarme ya se había cerrado unos meses antes con una reunión a tres bandas en Moscú entre el presidente ruso, Borís Yeltsin, el de Estados Unidos, Bill Clinton, y el de Ucrania, Leonid Kravchuk. En enero de 1994 en la capital rusa se acordó que todas las cabezas nucleares en territorio ucraniano se enviarían a Rusia, a cambio de compensaciones económicas. La administración norteamericana, por ejemplo, ofrecía un mínimo de 175 millones de dólares en ayudas y los rusos intercambiaban las bombas por dinero y combustible para hacer funcionar las centrales nucleares. Por escrito se habían establecido siete años para trasladar todas las ojivas nucleares, pero en un acuerdo bilateral entre Ucrania y Rusia el plazo se había reducido a dos años y medio: el proceso se completó en 1996.

Sin capacidad de control

"Nosotros tenemos nuestras propias armas nucleares, pero no las controlamos", dijo el presidente ucraniano en referencia al Tratado de No Proliferación. Y es que rápidamente Rusia las controló y las fue trasladando a su territorio con la promesa de que no las usaría contra Ucrania. El país, de hecho, no las podría haber mantenido. "Solo el hecho de crear un sistema para mantener las armas con seguridad nos habría costado entre 10.000 y 30.000 millones de dólares", reconoció Kravchuk ante las críticas de una parte de la población, que no aceptó deshacerse de ellas. "Los que están atrapados en las pasiones del falso patriotismo tendrían que recordar que Ucrania no puede fabricar armas nucleares y ni siquiera puede utilizar las ojivas que heredó", insistía.

Hoy, Rusia alerta del supuesto interés de Kiev por conseguir armas nucleares. Y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, advierte de que no lo permitirán e incluso amenaza con el esperpento de una "destructiva" Tercera Guerra Mundial.

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