Todo lo que puede esconder un disfraz.
09/02/2026
Escritora
2 min

Leíamos en el ARA del domingo un reportaje que daba claves a los padres por sí los niños quieren disfrazarse de superhéroe y las niñas de princesa, para hacerles otras propuestas más "educativas". Las llaves que yo usé siempre, cuando me tocó negar o conceder disfraz, lo confieso, fueron la tacañería y la pereza. Pero lo disfrazé. Porque si debemos disfrazarnos por Carnaval, que sea también por dentro. Yo construí el personaje de la madre sostenible que no quiere ensuciar el planeta con ropa comprada en Temu, que ocupará mucho en el armario y que el próximo año ya no le cabrá ni al perro. Me convertí en mi madre que quiere aprovechar y hacer algo creativo por el bien de la imaginación infantil. Piensen, lectores, que el día que tocaba ir en pijama yo tenía que ir a Montse Interiors a comprar uno que se viera nuevo, porque lo que usábamos en casa, en realidad, eran esos pantalones del mercado y las camisetas de las carreras. Siempre he reído cuando la consigna ha sido "ir con calcetines desparejados". ¿Y cuándo no?

Pero claro, cuando te haces la madre sostenible y propones ir "de lápices", con unos leotardos y una camiseta de conjunto y un pasamontañas, la criatura te dice que te lo pongas tú, porque lo que quiere es lo mismo que tú: "Ir atractiva". Y entonces está la gran solución. Zombi. De zombi siempre va bien. Coges un pantalón viejo y una camiseta y le tiras salsa de tomate por encima. Puedes coger, de hecho, los disfraces de superhéroe y de princesa del año pasado y desgarrarlos un poco. Como en un año ya les irán muy estrechas, que sean zombis te da derecho a que no las abrochen del todo. De nada.

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