Rufián, un ariete inesperado
Las plataformas unitarias en contra (todos unidos contra el enemigo común) son un invento de hace mil años que suena muy bien en los himnos y puede movilizar voluntades dormidas, pero la experiencia nos dice que los Frentes, sean populares o patrióticos, solo ejercen su fuerza centrípeta en coyunturas concretas, de corta duración y muy tensionadas. Después, la diversidad de origen y de destino, de filias y fobias, hace que vuelvan la pluralidad y la rivalidad, que son la base del sistema, y que solo rechazan quienes querían utilizar la fiebre unitaria para evitar un fracaso en solitario.
A pesar de todo, en el actual contexto y con el vigente sistema electoral, es cierto que la coincidencia de diversas listas a la izquierda del PSOE podría poner en manos de la derecha algunos escaños que, según cómo vaya de ajustada la cosa, podrían resultar decisivos. Que Rufián pidiera inteligencia y cálculo para optimizar resultados en algunas provincias no era, pues, ninguna tontería. Otro tema es que Rufián tenga una agenda propia, que quizás se habría impuesto si su partido –que sigue siendo ERC– hubiera cedido a sus pretensiones. En este contexto, Sumar y sus satélites interpretaron que tenían la excusa para imponer en toda España una candidatura única; con diversas etiquetas, sí, pero monitorizada desde Madrid.
Lo que confirma toda esta historia del Frente Amplio es que la realidad es tozuda, y que en Galicia, Euskadi y Cataluña (como mínimo) las izquierdas nacionales no tienen ninguna voluntad de supeditar su soberanía, y hacen muy bien hecho. También es cierto, en el caso catalán, que Comuns tiene suficiente peso para no resignarse a disolverse dentro de la lista de ERC. Son dos formaciones a la izquierda de los socialistas, con muchas coincidencias, pero se profesan una tirria que prácticamente empezó en 1936, con la fundación del PSUC. Y que se ha agudizado desde el efímero mandato de Pere Aragonès, y desde que Ada Colau arrebató la alcaldía de Barcelona a Ernest Maragall.
ERC ha tenido que hacer sacrificios para contentar a Rufián, pero también lo ha utilizado como ariete para debilitar a este eterno rival. El acuerdo con Irene Montero perjudica las opciones de Colau y agudiza la lucha cainita entre Sumar y Podemos. Rufián ayer se lamentaba por no haber podido convencer a los suyos, pedía perdón a los electores, etcétera. Cuesta decir si su desencanto es sincero o si ya ha empezado a hacer campaña. El caso es que será cabeza de lista de ERC y punto, y a la vez ha llegado a un acuerdo de corte confederal con Podemos, que se resigna a desaparecer de Cataluña (donde ya no pintaba nada). Si ERC sabe explicar bien el carácter dual de su propuesta (cosa que no es fácil) podrá “ensanchar la base” –la suya, no la del independentismo– y demostrar que su soberanismo no la hace insensible a la amenaza que supone un gobierno del PP y Vox. Supone un saludable contraste con el accidentalismo de Junts.
Oriol Junqueras ha superado una situación envenenada, pero también ha aplazado un problema. Rufián continúa marcando perfil propio con la misma desenvoltura de siempre, y en campaña electoral esto puede provocar algunos cortocircuitos. Para que el de Santa Coloma sea un verdadero activo del partido debe hacerse presente en Cataluña y asumir la estrategia de sus compañeros de filas. En España, Rufián puede cortejar con Sumar y apoyar al PSOE frente a la derecha rampante, pero en Cataluña, el objetivo prioritario de ERC es quitar votos a los socialistas, sustituir a los Comunes y no cortar los puentes con Junts. Defender esto mientras Rufián rufianea en Madrid es una filigrana al alcance de políticos muy hábiles y con mucho ascendiente sobre los electores.