Del choque PSOE-Sumar ya hubo una previa el miércoles en el Congreso. Saliendo del hemiciclo, los periodistas preguntaban si se incluirían medidas sobre la vivienda en el plan de choque contra la guerra. La ministra Mònica García (Sumar) respondió que seguro que sí, mientras que el ministro Félix Bolaños (PSOE) le replicó: "No tan seguro"
MadridPedro Sánchez entra en la sala decidido, camina con desenvoltura con la carpeta bajo el brazo, saluda a las cámaras –"buenos días"–, y se dirige directamente al canciller, Friedrich Merz. Unas palmadas en la espalda, risas de oreja a oreja y charla amistosa para escenificar la reconciliación después del choque por el papel que hizo el alemán al lado de Donald Trump cuando amenazó a España. La escena, que se produjo el jueves en Bruselas en el marco del Consejo Europeo, es el ejemplo más claro de la comodidad con que Sánchez se mueve en el ámbito internacional. Sabiéndose observado, se siente reconocido por su no a la guerra en el seno de la Unión Europea. Ganador internamente –el CIS avalaba esta semana que la mayoría de los españoles están en contra del ataque a Irán– y también externamente, porque la mayoría de países europeos se han ido alineando con la posición española en contra del ataque de los EUA e Israel. Politico avalaba la tesis esta misma semana. Primero era un outsider... y ahora todos quieren estar a su lado, relataba.
Ahora bien, en solo 24 horas de margen, Sánchez ha tenido un baño de realidad. Este viernes al mediodía el presidente español entraba en otra sala con una actitud muy diferente: en el Palacio de la Moncloa, en Madrid, y precedido por unos cuantos ministros socialistas con cara de pocos amigos. Había vuelto a tocar de pies a tierra, a la complejidad de la política interna, después de un Consejo Europeo exultante. Protagonizando un vodevil de más de cuatro horas, Sánchez acabó aceptando la petición de Sumar de prorrogar los contratos de alquiler dos años. Una medida que enseguida publicitaron los de Yolanda Díaz, a pesar de saber que está abocada al fracaso. Porque si la realidad en la Moncloa es terca, aún lo es más en el Congreso.
Una apuesta arriesgada
Se puede decir, pues, que el objetivo del gobierno español de dar peso a la política internacional en el último tramo del mandato y convertir a Sánchez en la antítesis de Trump se ha bien cumplido. El gabinete capitaneado por Diego Rubio se puede sentir satisfecho, a pesar de tener el atrevimiento de iniciar una estrategia arriesgada: no por el contenido de su relato (¿quién está a favor de la guerra en Europa?), sino por cómo la ha defendido.
Hay quien se puede preguntar si sería sostenible que todos los líderes de la UE mantuvieran una actitud similar a Sánchez. Al presidente español le ha salido bien la carambola porque juega solo y al mismo tiempo amparado por el paraguas de la UE. El ejemplo más claro fue el discurso del no a la guerra: lo hizo sin el visto bueno del conjunto de la UE y, en cambio, cuando se defendió de la amenaza arancelaria de Trump, enseguida se escudó en que es miembro del club comunitario y que no lo puede castigar sin hacerlo con el resto.
También Sánchez se plantó visiblemente ante Trump en el gasto en defensa y fue el único país de la OTAN que se negó a situarse en el 5%. Dijo que solo llegaría al 2%. Un gesto que le dio un liderazgo moral en el seno de la izquierda, pero que solo es posible porque el resto de estados sí que cumplen y contribuyen en el conjunto de las capacidades defensivas de la Alianza Atlántica. Por lo tanto, Sánchez puede seguir triunfando a escala internacional siendo la némesis de Trump... siempre que a sus socios les vaya bien que haga de punta de lanza o no se cansen de él.
Los detalles de la semana
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha sido uno de los más solicitados esta semana por el plan de choque. En el Senado acaparó la atención de los medios de comunicación y lo acabó salvando el vicepresidente del Senado, Javier Maroto, del PP. Aprovechando que enseñaba la cámara alta a un ministro albanés, se lo llevó de la multitud.