La justicia da papeles a un menor expulsado de un centro tutelado por la edad: "Yo sabía que no había mentido"
El TSJC reprocha que se le considerase mayor de edad, a pesar de tener un pasaporte válido que decía que no lo era
BadalonaHan tenido que pasar tres años para que la justicia le haya reconocido al gambiano Saynei Kanteh que, efectivamente, era menor de edad cuando la Fiscalía de menores dictó que ya había superado los dieciocho años y, por tanto, no tenía derecho a estar bajo la protección pública. Inmediatamente, dejó de estar tutelado por la Dirección General de Atención a la Infancia (DGAIA, reconvertida ahora en la DGPPIA) y fue expulsado del centro en el que vivía. "Yo sabía que no mentía, que tenía diecisiete años y confiaba en que tarde o temprano tendría los papeles", afirma.
El de Kanteh es un caso muy habitual entre los menores no acompañados procedentes de Gambia, a quien las autoridades españolas no les reconocen la validez de su pasaporte, aunque con la ley en la mano si no puede probarse que el documento se ha falsificado es válido a todos los efectos. En la realidad, a los chicos se les somete a pruebas de edad, invalidadas por poco fiables por numerosa literatura científica, excluyéndoles del sistema de protección de tutela sin haberles concedido el permiso de residencia o la prestación de extutelado a quienes tienen derecho para facilitarles la emancipación.
Pruebas de edad
A Kanteh la Fiscalía de Menores le midió la muñeca y le examinó la dentadura para acabar determinando –erróneamente, como se ha comprobado– que era mayor de edad, cuando en realidad tenía diecisiete años y, por tanto, debía estar bajo la protección de la DGAIA. El joven presentó un recurso con el abogado de la entidad Noves Vies, Albert Parés, que reprocha "la doble negligencia" de la DGAIA en este caso porque, aparte de acceder a las pruebas de edad, no le notificó los resultados, como manda la ley, y dejó el menor indefenso.
La Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, sin embargo, avala las razones de Parés y anula la resolución de la DGAIA, y confirma que el chico era menor de edad en el momento de la solicitud del permiso de residencia. Los magistrados aplican la doctrina del Tribunal Supremo, que reconoce que los derechos adquiridos durante la minoría de edad se proyectan hacia el futuro y consideran que, aunque tarde y con veinte años, hay que devolverle los derechos que le tomaron con carácter retroactivo.
Kaneth acaba de cumplir veinte años, así que la documentación, que le permitirá residir y trabajar en los próximos dos años, ha sido un buen regalo de cumpleaños. "Los papeles me dan fuerza y ahora toca trabajar", resume, así, su estado de ánimo en el jardín del monasterio de San Jerónimo de la Murtra de Badalona, donde vive acogido por la Fundación Catalunya-América. "Se ha hecho justicia y merezco una vida mejor después de todo lo que he pasado por llegar aquí", continúa.
Cuando le echaron del centro de menores recuerda haber "llorado y llorado mucho". Sin ninguna puerta a la que llamar, se vio solo, preguntándose qué había hecho mal para encontrarse de nuevo en la casilla de salida, como cuando en el 2020 se embarcó en un viaje migratorio hacia Europa, atraído por las historias de éxito y fotografías de momentos de felicidad que sus amigos que le habían precedido le enviaban. Ahora se ríe al recordar que pensó que aquella era la vida que quería para él y que si ellos lo habían conseguido, porque él no.
Sin revelar a nadie sus planes, y con algo de dinero que había "cogido" de los padres se puso en marcha. Tenía catorce años y de Gambia pasó por Senegal, Burkina Faso, Malí, Argelia y Marruecos, donde se embarcó hasta Canarias. Con los centros canarios llenos, enseguida le trasladaron a Barcelona, donde ingresó en el centro hasta que le expulsaron en agosto del 2023.
Un año y medio en la calle
A partir de ahí estuvo en la calle un año y medio por Barcelona y Premià de Mar. "Es muy duro, muy duro, nadie puede imaginarlo", indica, e insiste en que "nunca" delinquió ni tuvo más problemas con la policía. Hasta que hace unos meses entró en la fundación de San Jerónimo de la Murtra, donde ha encontrado un espacio de descanso mental después de tantos años alrededor por el mundo y la oportunidad de realizar un "cambio de vida".
Parés subraya que todavía queda la remota posibilidad de que la Oficina de Extranjería presente recurso, pero, incluso si no lo hiciera, la concesión de la residencia "se puede alargar tantos meses" que quizá opta por hacer que el joven se acoja a la regularización extraordinaria que, en principio, empezará en abril.
Kaneth es el mayor de tres hermanos y confía en que no lo intenten imitar. "No, no, yo no quiero que pasen por todo esto", subraya y confía en que, por fin, "la suerte" le sonreirá y podrá convertirse en "cocinero o diseñador de jardines" para ayudar a los padres y "tener un futuro mejor". Dice que tiene claro que, teniendo en cuenta su biografía, si alguna vez tiene dinero ayudará a "los que viven en la calle".