Marte

El Perseverance ya manda fotos en color, pero ¿por qué vamos a Marte?

Después de que el Perseverance llegara sobre la superficie de Marte, se abren muchos interrogantes por resolver. A pesar de que el Planeta Rojo es un desierto helado muy poco atractivo, también es el nuevo mundo más acogedor para futuros exploradores. Investigar su evolución y sus misterios puede ayudarnos a entender si a nuestro planeta le espera un destino parecido

Rafael Clemente
6 min
Imatge fija de alta resolución del Persereverance durante su aterrizaje a Marte.
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1- ¿Por qué ir a Marte?

Marte es el segundo planeta más próximo a la Tierra. Esto permite plantear viajes de una duración razonable, de la orden de unos meses. Venus está más cerca, pero su ambiente –enormes presiones y temperaturas capaces de fundir el plomo– lo hacen infinitamente más hostil.

Es cierto que Marte es un desierto helado muy poco atractivo, pero aún así es el mundo más acogedor para futuros exploradores. Más, incluso, que la Luna. No siempre ha sido así. En un pasado remotísimo (hace unos 3.500 millones de años), Marte tenía agua y una atmósfera más densa. Quizás incluso albergó alguna forma de vida muy primitiva. Es un misterio por qué motivo evolucionó hasta convertirse en el granizar reseco que conocemos hoy en día. Investigarlo puede darnos las claves para conocer si a nuestro propio planeta le espera un destino parecido.

2- ¿Cuántas expediciones ha habido a Marte?

La primera sonda que consiguió enviar información desde allá fue el Mariner 4 de la NASA, en 1965. Transmitió veintiuna fotos, que desmontaron la visión romántica que se tenía hasta entonces. Marte resultó un mundo lleno de cráteres, como la Luna. Hoy lo damos por sabido, pero en su momento fue una gran sorpresa. El descubrimiento de los volcanes gigantes de Tharsis, el gran barranco ecuatorial y las evidencias de antiguos surcos de agua todavía tendrían que esperar unos cuántos años.

Desde entonces se han lanzado medio centenar de naves robóticas. La mitad han fallado. La URSS ha tenido mucha mala suerte en esta empresa (lo que contrasta con sus éxitos en la exploración de Venus), pero la NASA, por su parte, ha puesto en órbita diversas sondas con equipos fotográficos y de análisis remoto. Y ha depositado en la superficie cinco estaciones fijas (solo una sigue activa) y varios robots móviles. El penúltimo, el Curiosity, continúa explorando el cráter Gale. El Perseverance, que hizo su aterrizaje sobre Marte este jueves, se centra en buscar restos de origen biológico y ya ha empezado a enviar imágenes a la Tierra, algunas ya en color. La Agencia Espacial Europea también ha conseguido enviar algún vehículo orbital, pero sus intentos para aterrizar no han fructificado.

Imagen captada por el Curiosity Mars de la NASA el 9 de abril de 2020

3- ¿Qué buscan?

El movimiento de los planetas solo permite el disparo hacia Marte unos pocos días cada veintiséis meses. Por eso no es extraño que todas las agencias espaciales interesadas intenten aprovechar esta oportunidad. Tres países aprovecharon la ventana que se abrió el verano pasado: los Emiratos del Golfo lanzaron su sonda Al-Amal; China, el Tianwen-1, y la NASA, el Perseverance. Las dos primeras están en órbita, con el Tianwen a la espera de intentar un aterrizaje dentro de algunas semanas.

Los objetivos de los tres vehículos son muy diferentes. El de los Emiratos –aparte de su valor como elemento de prestigio nacional– estudiará la atmósfera marciana. El Tianwen va equipado con instrumentos para hacer análisis geológicos, y el Perseverance pretende buscar rastros de vida primitiva. Desde el suelo también se desarrollan investigaciones sobre otros temas, como la meteorología. Por ejemplo, con el sensor de viento de MEDA (construido por el CSIC y que incluye 60 microchips de silicio hechos en la UPC) o la localización de permahielo en capas subterráneas. Tanto el vehículo chino como el norteamericano llevan un georadar que permite analizar los estratos profundos del terreno.

4- Cómo identificar los rastros de vida

Las primeras sondas que aterrizaron a Marte (Vikinga, 1976) usaban un método directo: añadir ciertos nutrientes a las muestras del suelo a la espera de detectar actividad metabólica o gases producto de la respiración. Se hicieron ensayos por tres métodos diferentes y los tres dieron resultados contradictorios. Al final, los científicos (Joan Oró entre ellos) descartaron que hubiera signos de organismos vivos.

Ahora se sigue un procedimiento más lento pero más sistemático. Los vehículos lanzados en años anteriores no buscaban material biológico sino caracterizar el ambiente marciano para determinar si alguna vez habría podido tener vida. En concreto, si hubo agua o no. Hoy ya sabemos que sí.

Ahora el siguiente paso es localizar residuos de eventuales organismos. Es muy poco probable que exista vida en la superficie, donde las condiciones ambientales son demasiado extremas. Pero quizás sí en el subsuelo. O podría ser que Marte haya sido siempre un mundo estéril.

Las sondas actuales llevan equipos de análisis parecidos a los de un laboratorio terrestre. En general, espectrómetros: se ilumina la muestra mediante un fajo de rayos X o ultravioletas, lo que le da un resplandor característico. Según su composición química, emite unos colores u otros. El Perseverance, por ejemplo, puede identificar más de veinte elementos químicos en proporciones ínfimas y también la presencia de cadenas de carbono, características de compuestos metabólicos.

Primera foto en color de Marte hecha desde el Perseverance el 19 de febrero después de perder también la protección de la cámara debido al aterrizaje
Primera imagen de Marte hecha desde el Perseverance el 18 de febrero antes de perder también la protección de la cámara

5- ¿Es factible una expedición con tripulación?

Un viaje humano a Marte plantea una infinidad de dificultades todavía no resueltas. Será un viaje muy largo (de aproximadamente dos años entre la ida, la estancia y el retorno). La ingravidez no parece un problema grave, pero sí que lo es la exposición a radiaciones, puesto que el campo magnético y la atmósfera marciana no protegen como la Tierra.

También son importantes los problemas logísticos. Como el inevitable atraso en las comunicaciones (diez minutos en condiciones favorables). O disponer de los recursos necesarios para una estancia tan larga, desde agua y oxígeno hasta la posibilidad de fabricar in situ el combustible para el retorno.

Hoy en día solo Space X, la empresa de Elon Musk, está trabajando en el diseño de una nave que algún día podría llevar hombres a la Luna y a Marte. Sus dos últimos ensayos –que se consideran un éxito desde el punto de vista de ingeniería– acabaron estrellándose. Pero esto no es más que una parte más del proceso de desarrollo.

Marte
Aterrizaje del Perseverance sobre Marte según la NASA.

6- ¿Qué diferencia las naves que van a la luna de las que van a Marte?

En esencia, la diferencia es el sistema de aterrizaje. La Luna no tiene atmósfera y el frenado tiene que llevarse a cabo mediante cohetes. Marte sí que tiene (solo un 1% de la terrestre), lo que permite maniobras más complejas durante el descenso. El rozamiento del aire facilita la reducción de la velocidad desde los 20.000 km/h originales hasta un nivel que permita abrir un paracaídas. Pero para la fase final de aterrizaje se tiene que recurrir a retro-cohetes. Algunas sondas incluso utilizaron airbags para amortiguar el impacto contra el suelo. Pero las actuales ya son demasiado pesadas para esto.

Zona señalizada donde aterrizará el Perseverance, cerca del cráter Jezero, donde se supone existió un lago hace unos 3000 millones de años
Supervisión del Perseverance desde la sala de control del equipo de la Nasa en esta misión de investigación

7- ¿Y ahora, qué?

El Grial en la exploración de Marte es poder traer alguna muestra a la Tierra y analizarla en laboratorios mucho más equipados que los que llevan las sondas actuales, por más sofisticadas que sean. Uno de los objetivos del Perseverance es recoger una serie de muestras y dejarlas en el suelo preparadas para que dentro de unos años otro vehículo las recoja y las traiga hacia la Tierra. Esto no pasará antes de 2028 o 2029. Quizás incluso más tarde, a mediados de 2030. Será una misión conjunta entre la NASA y la ESA. La agencia europea facilitará el robot móvil que tendrá que encontrar las muestras, y la americana, el cohete que lo llevará a órbita marciana y la cápsula para traerlas a la Tierra.

8- ¿Está en el horizonte llegar a alguno otro planeta?

No con tripulación. Durante muchos decenios en el futuro, la exploración de otros planetas y satélites del Sistema Solar estará reservada en exclusiva a los vehículos automáticos.

Sala de máquinas de la NASA
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