Vips&Vins

Pep Plaza: "Me gustaría tomar una copa de vino con Pedro Sánchez o Guardiola"

Actor

Pep Plaza fotografiado en el Teatre Borràs
6 min

El actor Pep Plaza (Mataró, 1972) ha dado la cara (literalmente) y puesto la voz a muchos de los grandes nombres de la cultura, la política y el deporte de Cataluña y España. El hombre que ha sido Pedro Sánchez y Pep Guardiola, Joan Pera y Albert Om, es también el protagonista de El substitut, espectáculo que estrenó en el Teatre Borràs en 2023 y que continúa representando este verano en diversas localidades. Pero Plaza no se ha dedicado solo a los escenarios, sino que su trabajo como vendedor de seguros le llevó, también y sin preverlo, hacia el vino, un mundo que ya conocía desde su infancia.

Parte de su familia tenía viñedos.

— Una tía de mi madre, en Castellví de la Marca [Alt Penedès]. Tengo fotos con el tractor del tío, con las viñas… Posteriormente, mis abuelos alquilaron una casa –Cal Borni–, también en el término municipal de Castellví. Todas las comidas familiares, allí, se hacían en el sótano, con la prensa y aquel olor característico de las casas de payés del Penedès: del mosto, del vino.

¿Recuerdas que hiciste la vendimia alguna vez?

— Era muy pequeño, debía tener 5, 6, 7 años, pero recuerdo estar sacando cajas y ayudando, siendo más estorbo que ayuda.

Jugando.

— Jugábamos al escondite por las viñas, y había una balsa y nos bañábamos en ella. También recuerdo que los camiones venían a coger la uva, y después íbamos a la cooperativa y mirábamos cómo la descargaban y prensaban. Tengo muchos recuerdos de estar con la familia –la tía, los hijos de la tía, los primos de la madre–, rodeados de viñas.

¿Notabas mucho contraste, viniendo de ciudad?

— No me sentía nada extraño. Al contrario: lo vivía como que me gustaría quedarme ahí, como mi hábitat. Siempre me ha tirado más esto que la ciudad. Soy de Mataró, ahora vivo en Arenys, y no viviría en Barcelona por nada del mundo; la gran ciudad no me ha gustado nunca.

En el episodio de Mis padres de 3Cat, su madre explicaba que, con los abuelos, iban a buscar setas.

— Una de tantas cosas. Desde muy pequeño, los fines de semana los pasaba con mis abuelos: íbamos a la montaña, al bosque… Los primeros campamentos que hice, antes de hacerlos con el esplai y con la escuela, fueron con los abuelos: con la tienda canadiense, haciendo acampada libre, como decía mi abuelo, en Platja d'Aro, Castell d'Aro… Ahora es impensable, pero yo he crecido con esto, y esto queda.

Más adelante trabajó en una distribuidora de vinos.

— Yo quería dedicarme al mundo del espectáculo, pero tenía que hacer un trabajo con el cual me pudiera ganar la vida. Hacía bolos para empresas, animaciones infantiles, karaoke... Una vez, haciendo animaciones para Agrupació Mútua [que ahora forma parte de AXA], me propusieron vender seguros. Yo dije que no, pero llamaron a casa y mi madre dijo: “Sí, sí, ya os llamará”. Y hasta hoy: todavía tengo esta cartera.

¿Y el vino?

— Mientras vendía seguros a muchos tipos de gente –autónomos, familias, empresarios– llegué a un distribuidor de les Franqueses del Vallès. Le debí caer en gracia y me dijo [n’imita la veu]: “Escucha, ¿tú no querrías vender vinos y cavas?” Y como por las mañanas los tenía libres, dije que sí. Estuve casi cinco años vendiendo vinos, cavas y producto selecto: foie, magret, productos para tiendas de alto nivel y restauración. La empresa distribuía vinos de todas las DO de España y alguno de australiano, alguno de francés, alguno beaujolais cuando llegaba el tiempo del vino nuevo… 

¿Sientes que conoces este mundo desde dentro?

— Desde que lo dejé han salido muchísimas referencias y denominaciones nuevas, y se me escapan cosas, pero siento que tengo nociones. Por ejemplo: yo vendía el Mas Comtal rosado, el Jané Ventura rosado, el Príncipe de Viana rosado. Y tenías que vender un vino joven, con un color rosado bonito. Si veías que tenía color piel de cebolla, decías: "Este ya está pasado, está oxidado". En cambio, ahora lo que se vende es el color piel de cebolla.

¿Por qué lo dejó?

— Recuerdo que un día estaba en el camerino del 7 de Nit, vendiendo cajas de cava para Sant Joan –una promoción del tipo: compra 10 y te regalo 2–, y Manel Lucas me dijo: “¿Pero qué estás haciendo, que no vendías seguros?” Le dije que además vendía vinos… Pero llegó un momento en que ya no daba abasto.

¿Conoció a mucha gente del mundo de la restauración catalana?

— Entré en muchos restaurantes. Tuve la suerte de hablar con el sumiller del Racó de Can Fabes, con el del Sant Pau, y de participar en visitas para buscar vinos nuevos, para servir copas Riedel… Tuve mucho contacto con chefs, con la gente del 36 Cadires o del Hispània. De hecho, ahora mi hija –que estudia para ser auxiliar de enfermería– lleva un mes trabajando allí y está encantada, está descubriendo un mundo diferente. Ya empieza a abrir las botellas de vino correctamente.

¿Diría que usted tiene buen paladar?

— No soy un experto en el tema, pero hay cosas que las capto deprisa: puedo detectar un macabeo, un xarel·lo, o si más no que lleva mucho. El otro día alucinaron unos amigos míos porque, sin mirar la etiqueta, dije: “Chicos, este vino es de maceración carbónica”. A veces me equivoco, pero muchas veces acierto, y eso es bonito.

Ha explicado que, si puede, compra las botellas en formato magnum.

— Por ejemplo, hay un vino blanco que me encanta, el Finca Els Camps, macabeo [DO Penedès], que además puedo encontrar en magnum. Cuando voy a casa de alguien, prefiero llevar un magnum o dos, en lugar de tres o cuatro botellas sueltas.

¿Por qué?

— Supongo que algún sumiller o incluso el dueño de la empresa me debía decir [imita la voz]: “Es mejor que traigas el magnum, porque la botella se va abriendo, va evolucionando, y no tienes que abrir otra que empieza de cero”.

¿Ahora que hacía una imitación: con cuáles de los personajes que ha imitado le gustaría tomar una copa?

— Con muchos ya he hecho algunas, como por ejemplo Joan Pera o Albert Om, a quienes tengo la suerte de conocer. Pero me gustaría hacer una con Pedro Sánchez o con Pep Guardiola.

¿Y se dejaría recomendar el vino o preferiría elegirlo?

— Preferiría que me lo recomendaran ellos; quizás me sorprenderían. 

No tengo claro qué pediría Pedro Sánchez. 

— Lo veo mucho de Rioja o de Ribera, de clásicos, aunque quizás me equivoco y nos dice: “Un Terra Alta”.

¿Y Pep Guardiola?

— Un Priorat o un Montsant.

El documental Mis padres acaba con una escena entrañable: a la mesa, con vino y cantando. ¿Era habitual?

— Siempre. Después de una comida había canciones, chistes, historias que contaba el abuelo, y todo el mundo a ver quién la decía más gorda… En la época en que iba a la casa de payés de los abuelos, ya era cosa seria, porque se empezaban a vaciar botellas de cava, y aquí sí que se contaban gordas, y después venía la gran siesta, y por la noche el tentempié… En el documental recordábamos lo que hacíamos siempre: cantamos con la Txell [Sust] Islas dentro de un río… Mi madre estaba muy, de este documental, se lo miraba de vez en cuando. Es una suerte tener este documento gráfico de ella.

Su madre también aparece en el espectáculo El sustituto.

— Mi madre nos ha dejado una huella muy grande, y tener la suerte de poder hacer teatro y aún tenerla en el escenario… Es inevitable emocionarme. Hay una escena que compartimos ella y yo, que está grabada, y la gente se ríe mucho con sus réplicas, y la aplauden. Es bonito poder acabar el espectáculo con esos aplausos para ella. A pesar de la desgracia de que nos haya dejado, he tenido esta suerte.

Es un gran homenaje.

— Su manera de hacer humor siempre de todo –de la vida, de la muerte– nos ha acompañado a toda la familia. Lamentablemente, ella nos ha dejado, con 80 años y la mente superclara. Pero las cosas son así. Duele, pero no deja de ser bonito todo lo que hemos vivido, todos los recuerdos que tienes. Le hacía feliz una copa de cava y, si podía ser, en un día de fiesta, unas gambas a la plancha. Aunque ya no esté, brindamos por ella, y lo haremos siempre.

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