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Camp Nou: crónica de unos sobrecostes anunciados

La reforma del estadio del Barça se ha encarecido desde el principio y obligará al club a pedir un segundo crédito para financiarla

Primer partido bajo la lluvia en el nuevo Spotify Camp Nou
29/06/2026
4 min

BarcelonaQueda muy lejos aquel verano del 2010 en que Sandro Rosell dijo que el Camp Nou necesitaba "chapa y pintura". Durante la campaña electoral renegó del proyecto Foster y lo consideró una inversión desmesurada. Pero pocos días después de ganar las elecciones, un grupo reducido de trabajadores del estadio lo cogieron aparte, a él y al vicepresidente Josep Maria Bartomeu, para mostrar las deficiencias de un coliseo que ya tenía más de medio siglo de vida. Quedaron convencidos de que hacía falta una reforma integral. Aquella visita fue el embrión del Espai Barça, que cuatro años después derivó en un proyecto aprobado por los socios en referéndum. Pero en 2014 tenía un presupuesto de 600 millones de euros. Hoy, con las obras en marcha, ya se ha agotado el crédito de 1.500 millones y hará falta otro de entre 350 y 450 millones para acabar el estadio completamente.

La historia de esta remodelación está ligada a los sobrecostes desde el primer momento. El proyecto ganador del Camp Nou se presentó en 2016, pero mientras el entonces presidente Bartomeu, el entrenador Luis Enrique y el capitán Andrés Iniesta brindaban con cava, William T. Mannarelli negaba con la cabeza. El arquitecto norteamericano, entonces responsable del Espai Barça, sabía que los 600 millones eran insuficientes para pagarlo todo –estadio, nuevo Miniestadi y nuevo Palau– así que empezó a hacer una serie de recortes discretos para abaratar el coste de ejecución. Fue imposible. Tan solo lo que posteriormente se bautizó como estadio Johan Cruyff costó 19 millones cuando el presupuesto inicial era tan solo de cuatro.

Presentación de la maqueta del nuevo Camp Nou.

Después de muchos retoques y de unas negociaciones muy duras con el Ayuntamiento de Barcelona, en 2020 la directiva de Bartomeu dejó apalabrado una financiación con Goldman Sachs por valor de 815 millones. Se había de aprobar en referéndum, pero todo saltó por los aires por la pandemia y la posterior dimisión en bloque de la junta. Ya con Joan Laporta en el palco, trascendieron unos informes internos que evidenciaban que aquellos dinero habrían sido del todo insuficientes, entre otras cosas porque había partidas, como todo el equipamiento eléctrico –iluminación o videomarcadores–, que subían a 100 millones, que no estaban contemplados. Tal como explicó el ARA, de fuentes de la directiva saliente, calculaban que el coste final habría llegado a los 1.200 millones.

El giro copernicano de Laporta con el proyecto del Camp Nou

Para sorpresa de muchos, la junta de Laporta dio un giro copernicano al proyecto del Camp Nou, manteniendo la esencia de la maqueta ganadora del despacho catalán Pascual i Ausió, pero haciendo cambios sustanciales en la reforma: el más destacado, tirar abajo la tercera grada que se había construido en el año 1982 y hacer una nueva que incluyera una doble anilla de palcos vip. Con estos cambios, el coste total del Espai Barça debía ser de 1.500 millones, de los cuales 990 correspondían al Camp Nou. La reforma se encargó a Limak, que de manera inesperada ganó la licitación porque garantizaba cumplir con el presupuesto y hacerlo en un tiempo récord: la primera fase debía estar acabada en dieciocho meses. Con los años, se ha comprobado que no ha pasado ni una cosa ni la otra.

Trabajos de cimentación alrededor del esqueleto del viejo Camp Nou.

Limak también se comprometió a pagar un millón de indemnización por cada día de retraso en la entrega de las llaves, pero el Barça ya ha admitido que no podrá cobrarlo porque nada de lo sucedido es imputable a la constructora turca, empezando por las deficiencias graves que había en el viejo Camp Nou: había cinco veces más de las previstas. Esto solo ya supuso un retraso, además de un sobrecoste que ha tenido que asumir el club.

El actual equipo de trabajo del Espai Barça se excusa en situaciones como esta para explicar cómo es que, con la obra ya en marcha, el precio final se haya disparado. Otro gran caballo de batalla, el tira y afloja constante con los bomberos para adaptar el estadio de 1957 a las normativas actuales, que comportó tener que rehacer planos y modificar pasillos ya construidos porque no cumplían con lo que se requería. O la contratación a posteriori de dos equipos de interioristas para rediseñar las zonas nobles del estadio, que también han comportado una demora.

El estado constructivo del nuevo Camp Nou a finales de octubre de 2024.

Es obvio pensar que, compaginando la remodelación con el fútbol, las obras también se alargan: se tendrán que pagar nóminas durante más tiempo y esto supondrá un sobrecoste adicional. O que con los años se va encareciendo el material. Pero en esta reforma también hay situaciones extrañas, como encontrarse una línea de alta tensión soterrada que no constaba en ningún plano. Algunas son imprevisibles, como que la empresa que suministraba el acero hiciera quiebra y fuera necesario buscar otro proveedor. Y otras, fruto de una mala planificación, como cuando se montaron los vestuarios visitantes sin haber impermeabilizado la grada y, por la lluvia, se estropearon hasta dos veces.

La tarea preventiva de Limak para contener el precio no ha sido suficiente

Limak, consciente de que sería difícil cuadrar los números, ya realizó una tarea preventiva para abaratar al máximo el coste de los materiales, lo que supuso numerosos conflictos con las empresas. También, como ya explicó el ARA, se ha pactado que algunas cosas no imprescindibles se dejarán para más adelante. Pero todo tiene un límite. En el fondo, lo que ha pasado en la reforma del Camp Nou no es extraño en comparación con la mayoría de las obras públicas, que acaban tarde y cuestan más de lo que se había dicho. La diferencia es que el Barça es un club privado y que estas desviaciones presupuestarias, que lo condenan a refinanciar las obras, ponen en riesgo su viabilidad.

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