El eterno exilio del club de barrio que no juega en su barrio
La UE Sants, que juega de local en la Zona Franca, hace más de quince años que espera retornar a Magòria
BarcelonaEl fútbol popular es un boom en Barcelona. Hace tiempo que los jóvenes de la capital se acercan a los clubs de sus barrios, que han pasado a formar parte del día a día de su tejido social. Se hace evidente en la Vila de Gràcia (Europa), Sant Andreu de Palomar (UE Sant Andreu) o la Verneda i la Pau (Júpiter). En Sants, donde juega otro equipo histórico como la Unió Esportiva Sants, este fenómeno no se reproduce. De hecho, la entidad cada vez está más lejos emocional y geográficamente del barrio y de sus aficionados, y esto se explica porque hace décadas que no tiene un hogar, un estadio que sienta como propio.“Somos un club de barrio que no juega en su barrio. El equipo nació y creció alrededor del núcleo histórico de Sants, pero hace muchos años que compite lejos de allí”, dice Artur Balaux, aficionado santsense de toda la vida y curador de la memoria histórica de la entidad. Actualmente, el primer equipo hace de local en el Camp de la Bàscula y el fútbol base está repartido entre este mismo terreno de juego, el de l’Energia y el de l’Ibèria. Todos ellos están ubicados en el barrio de la Marina de Port, a tocar de la Zona Franca.“Muchas veces me preguntan: «¿Cómo es que el Sants no juega en Sants»? Y yo les contesto: «Es que no tenemos campo». Estamos exiliados de nuestra casa y cada vez más desarraigados del barrio», comenta Joan Forcadell, president de l'entitat. “Se ha roto la cadena de transmisión de padres a hijos y de abuelos a nietos, y claro, hemos perdido mucha afición”, confirma Balaux, que es el socio número 18. La bajada social ha ido acompañada de un gran gasto en alquileres –el arrendamiento de los tres campos supone alrededor del 25% del presupuesto anual del club– y se ha traducido sobre el césped: el primer equipo pasó de Tercera RFEF a Primera Catalana, dos categorías por debajo, en dos años, y actualmente ocupa posición de descenso a Segunda Catalana. En 2023 el Sants era rival del Europa y el Sant Andreu; tal como van las cosas, todo hace pensar que la temporada que viene estará cinco divisiones por debajo.
El equipo nómada de Barcelona
El Sants, entidad fundadora de la Vuelta Ciclista a Cataluña –el maillot de líder es blanco con franjas verdes, como la camiseta del equipo de fútbol–, es un club centenario nacido el año 1922 de la fusión de cuatro entidades deportivas diferentes y que varias veces ha estado a punto de subir a Segunda División. Hasta el año 1964 jugó en el campo de la calle Galileu, el cual tuvo que abandonar por decreto del Ayuntamiento de Barcelona y a causa de la construcción de la avenida de Madrid. Entonces, se convirtió en un club errante. Emigró a Sarrià, hasta que Kubala y Di Stéfano, del Espanyol, se quejaron de que sus partidos matinales estropeaban el césped; también pasó por L'Hospitalet, el viejo Sardenya –el antiguo estadio del Europa– y las instalaciones del FC Barcelona.
Con la supervivencia del club colgando de un hilo y gracias al empuje de Vicenç Febrer –un ilustre vecino santsenc que era concejal del Ayuntamiento de Barcelona, boxeador, campeón de España de lucha libre y que regentaba una reconocida tienda de automóviles con un león en el escaparate–, el Sants se mudó en 1975 al campo de Julià de Capmany, que se levantó en la cantera de Safont, sobre un antiguo vertedero del barrio del Polvorí de Montjuïc. Desavenencias con los vecinos y los dirigentes del Polvoritense provocaron un nuevo éxodo, y en el año 1984 el club inauguró el Camp de la Magòria, donde había habido una estación de ferrocarril.El retorno a casa
Magòria era un lugar ideal para echar raíces, un traslado a un emplazamiento digno y muy cercano al corazón del barrio que parecía definitivo. Pero, 25 años después, el Sants volvió a ser desahuciado de su hogar por el Ayuntamiento, que había comprado los terrenos a la Generalitat durante la crisis y tenía planes para reformar la zona. Desde entonces, continúa su diáspora: a lo largo de su historia ha tenido sede en nueve campos diferentes. “En 2009 nos dijeron que en cuestión de cuatro o cinco años podríamos volver a Magòria... y todavía estamos dando vueltas. Bueno, de hecho, desde el año 1964 que vamos de un lado para otro”, se queja Forcadell, que está convencido de que cuando el Sants se instale definitivamente en Magòria, que es su anhelo, recuperará buena parte del prestigio y la masa social que ha ido perdiendo."El proyecto de construcción está aprobado y lo que nosotros sabemos es que debería empezar el año 2027, pero no tenemos una fecha firme para volver a jugar en Magòria. Aparte del campo de fútbol, el complejo incluirá muchos otros equipamientos. Es una obra de mucha envergadura con un presupuesto muy alto; espero que los diferentes gobiernos municipales mantengan la confianza en el proyecto", concluye Joan Forcadell, el presidente de la UE Sants, el eterno trotamundos del fútbol barcelonés.