Costumbres
Estilo 06/05/2022

¿Por qué tendríamos que andar descalzos por casa y no lo hacemos?

La pandemia ha llevado a muchos catalanes a dejar los zapatos en la entrada, pero todavía hay muchos que no se los quitan

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Sabates colocadas a la entrada de una casa

FigueresNo hace falta venir de un fangal o haber pisado excrementos de perro para descalzarse antes de entrar en casa y ponerse unos calcetines o unas zapatillas. Durante todo el día hacemos muchas cosas: cogemos el metro, vamos al mercado, al médico o al trabajo, pisamos charcos, chicles, restos de basura, hojas, etc. Por lo tanto, aunque nos parezca que llevamos los zapatos más o menos limpios, tenemos miles de bacterias incrustadas en las suelas y, si no nos los quitamos y los dejamos en el recibidor, las vamos esparciendo por toda la casa. "Trasladamos muchas bacterias de la calle a casa y se produce lo que se llama el efecto pata de mosca. Las depositamos por donde caminamos, como si fuéramos sembrando, y con las condiciones adecuadas se multiplican hasta llegar a ser millones. Esto, con bacterias patógenas, puede llegar a ser peligroso", explica Jesús Garcia Gil, catedrático de microbiología de la Universitat de Girona.

Aunque a partir del coronavirus ha habido gente que ha empezado a dejar el calzado en la entrada, en Catalunya, a diferencia de otras partes del mundo, todavía hay muchas familias que optan por no hacerlo. Además, uno de los motivos que incentivaron a algunos catalanes al inicio de la pandemia a descalzarse es que corrieron informaciones de que recomendaban desinfectarlo todo –desde el bote de garbanzos hasta los zapatos– y quitarse el calzado antes de entrar en casa. Más adelante se confirmó que no era necesario y hubo gente que volvió a la vieja costumbre de entrar calzado (y lleno de microbios) en casa. "No tenemos datos, pero yo creo que sí, que desde el covid hay más gente que se descalza. Y es mucho más limpio, porque siempre llevamos microorganismos que nos pueden provocar alguna infección o agravarla", remarca Enrique Giralt, profesor de podología de la Universitat de Barcelona. En la misma línea, Garcia Gil apunta que, a pesar de que la mayoría de bacterias que llevamos en casa son completamente inofensivas, podemos abrir la puerta al, por ejemplo, clostridium difficile, que causa infecciones intestinales graves.

Garcia Gil también tiene la "percepción" de que a partir del covid hay más gente que va descalza por casa, así como también ha adoptado, y quizá para siempre, nuevas medidas higiénicas como la de ventilar mejor y con más frecuencia los espacios cerrados. "El hecho de ponerse la mascarilla, según en qué situaciones, también puede que haya venido para quedarse. Y puede ahorrarnos la transmisión de enfermedades infecciosas, por ejemplo, cuando sabemos que el otro tiene la gripe o un resfriado. Hay que recordar que durante el covid no hubo epidemia de gripe", señala Garcia Gil.

Más allá de entrar descalzo en algunos edificios, que para algunas culturas es muy importante desde el punto de vista simbólico, el covid también puede acabar con otras costumbres arraigadas. "Por razones obvias, ahora no nos echamos agua bendita cuando entramos en las iglesias. Antes tenía mucho valor, porque representaba que te limpiabas para entrar en el templo sagrado", apunta Dolors Vidal, profesora de la Universitat de Girona y experta en turismo cultural y religioso.

El valor simbólico de quitarse los zapatos

Tal y como recuerda Vidal, desde la antigüedad mesopotámica, la cultura griega, la hindú, los sijs, los jainistas, los animistas africanos, los japoneses... han entrado o entran descalzos en las casas "como señal de humildad y respeto hacia el anfitrión" y a los templos como una manera de "entrar más en conexión con el mundo espiritual". Actualmente, se tiene la costumbre de entrar descalzo sobre todo en el centro de Europa, partes de Norteamérica y en el mundo árabe y oriental. En cuanto a la iconografía en el arte, los calzados y el hecho de ir descalzo también han jugado un papel relevante a lo largo de la historia. En el famoso cuadro El matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck –pone de ejemplo Vidal– “se ve cómo los protagonistas van descalzos en señal de fertilidad. Él tiene unos zapatos de madera en frente, que significa que tiene vida exterior, y los de ella son rojos y están cerca de la cama, y simbolizan la realeza de su espíritu".

El clima y la forma de vivir también son factores que influyen bastante en el hábito de descalzarse. En lugares donde a menudo llueve a cántaros y las calles están llenas de charcos, como en el centro y norte de Europa, es más común que se quiten más los zapatos que en zonas más secas, como el del Mediterráneo. También influye, claro, el tipo de suelos de las casas: no es lo mismo tener moqueta y alfombras que parqué, mármol o gres. "Nosotros somos una sociedad muy desinfectadora y utilizamos mucha lejía y detergentes, que son muy eficaces contra las bacterias. Es por eso, en parte, que entramos con zapatos. Ahora bien, según con qué suelos y materiales no puedes gastar estos productos" , contrapone Garcia Gil.

La religión es uno de los otros factores decisivos. Vidal pone de ejemplo que los musulmanes cuando entran en la mezquita se quitan los zapatos como un gesto para reconocer a Alá como "una potencia superior" y se lavan diferentes partes del cuerpo, al igual que cuando rezan "inclinan el cuerpo y se sustentan con las extremidades superiores, inferiores y la cabeza y, aunque el cuerpo entero no vaya desnudo, los pies descalzos son suficientes para mostrar respeto y hacer la recepción de lo divino". Por lo que respecta a los budistas, "más allá de mostrar una actitud de escucha superior, el pie desnudo tiene una correspondencia con el resto del cuerpo humano y es como el resumen que explica la salud física de cada uno".

El cristianismo también da un valor especial al hecho de ir sin calzado. "Se honra lo que va descalzo, quien es capaz de andar con contacto con la tierra y, a la vez, puede comunicarse con el cielo. Es propio de sacerdotes y de personajes sagrados o que se han consagrado, porque tienen la capacidad de hacer de vehículo", dice Vidal. De hecho, también apunta que en nuestro país ya se entraba descalzo en las iglesias, que estaban más recubiertas de tapices y esteras que ahora, y pronostica que es una costumbre que volverá. "Para meditar, hacer yoga o cualquier otra experiencia de conexión con uno mismo, con la vida, los demás o el universo, la gente ya se quita los zapatos. Me parece una cuestión de tiempo".

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