Internacional 03/01/2021

Apuntes críticos de un mundo que no cambiará tanto

Francesc Millan
3 min
El president electe dels Estats Units, Joe Biden, amb mascareta durant un acte.

ENFERMOS. El mundo empieza el 2021 enfermo. Enfermo por una pandemia que continuará marcando cada capítulo del año que comenzamos ahora. Lo hará, evidentemente, desde un punto de vista sanitario: que el entusiasmo por la llegada de la vacuna no nos haga olvidar que buena parte del planeta parece ahora condenado a una tercera -o cuarta- oleada que volverá a tensionar hospitales y cementerios. Y también lo hará desde un punto de vista político: secuelas como la bofetada económica gigante, la fatiga social y el desgaste de los mandatarios condicionarán todos los caminos de la gobernabilidad. Será el año de China, que seguirá explotando el mensaje de haber conseguido controlar el covid-19 mejor que los Estados Unidos y Europa. Y habrá un gran reto, que a la vez será un gran riesgo: que la vacuna llegue a todo el mundo, también en los países que a menudo denominamos “pobres”.

¿ADIÓS A TRUMP? En los próximos días Donald Trump tendría que acabar de empaquetar las últimas pertenencias de la Casa Blanca e irse. Lo hará, seguramente, sin admitir su derrota en las urnas contra Joe Biden. Sí, este 2021 Trump dejará de ser presidente de los Estados Unidos, pero ¿habrá bastante con esto para que Trump desaparezca? Rotundamente no. Tanto él como su legado -en los EE.UU. y en el mundo- continuarán muy vivos. Cerca de 75 millones de norteamericanos le votaron en los comicios del 3 de noviembre, lo que evidencia que los cuatro años del presidente en Washington no han sido una casualidad. Biden tendrá que coser heridas: se encontrará un país mucho más crispado y un tablero internacional que Trump ha agitado cuando y cómo ha querido. Los meses que vienen serán claves para intuir la dimensión de su huella.

AHOGADOS. El 15 de marzo se cumplirán diez años del inicio de la guerra en Siria. Diez años de un conflicto en mayúsculas: medio millón de muertos, millones de refugiados y un país que ha quedado destrozado en medio de grandes silencios internacionales. Alan Kurdi, el niño curdo que en 2015 apareció muerto en una playa de Turquía después de ahogarse mientras intentaba llegar a Europa, venía de Kobane, en el norte de Siria. La imagen de su cadáver situó en el foco mediático la tragedia que se vivía en los mares que bordean el continente. Fue efímero. Ha habido muchísimos Alan Kurdis desde entonces. Este 2021 decenas de miles de personas provenientes de múltiples países intentarán atravesar mares para llegar a territorio europeo, huyendo de la violencia, de la represión o, simplemente, buscando un futuro. Muchas de estas personas morirán ahogadas. No hay ningún indicio para pensar que este será el curso en el que encontrar una solución pasará a ser una prioridad.

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