Pintando las pelotas de oro
“Éxtasis del fútbol español”, dice Marca en su portada, a cuenta de la gala del Balón de Oro. “Gana Kane, arrasa España”, secunda el As, también desde Madrid. En las dos primeras páginas la palabra Barça aparece tan solo en el último subtítulo, cuando explica que las azulgranas fueron escogidas mejor equipo femenino. En Cataluña, claro, el planteamiento tenía un marco mental bien diferente: “El Barça arrasa”, escribía Mundo Deportivo recordando los galardones a Alexia Putellas, Lamine Yamal, Vicky López, Cata Coll, Pere Romeu y el femenino. Más pequeño, recordaba el triunfo también de la selección española, por Luis de la Fuente y Unai Simón y dejaba el premio gordo de Harry Kane para el final de todo. En el Sport, el titular era “Fiesta azulgrana” y las seis fotografías eran del Barça, incluyendo a un ufano Joan Laporta en el último de los cromos. L’esportiu, por su parte, cede el protagonismo a Putellas, sobre el titular “Tres oros”.
De vez en cuando, alguien repite la cantinela de separar el deporte de la política. Es imposible, claro. Si seis madridistas hubieran ganado, las portadas de Marca y el As habrían supurado merengue blanquísimo por las cuatro esquinas. Y eso también es política, aunque sea la política de las pasiones primarias. Cuando alguien catalán gana un premio internacional, se le identifica invariablemente en los medios de Madrid como español. Solo si cae en desgracia entonces los diarios de la caverna sí recuerdan su catalanidad. El lema “Más que un club” puede parecer una expresión un poco manida, en el negocio nada inocente del fútbol, pero sigue siendo dolorosamente vigente: ante un ecosistema mediático dominante que castiga la catalanidad, el Barça sigue siendo una palanca imprescindible para explicar este rincón del planeta al resto del mundo. Incluso si gana Harry Kane.