El Constitucional cambia el Proceso por la guerra PP-PSOE
El TC ha dejado de centrarse en Cataluña y tiene ahora más trabajo en dirimir conflictos relacionados con el Senado o con otras comunidades
MadridEl Tribunal Constitucional es más que un árbitro de conflictos sobre la carta magna. En los últimos años, se ha convertido en un campo de batalla política donde los gobiernos y los partidos han intentado dirimir sus enfrentamientos. A nadie se le escapa el papel protagonista que tuvo durante el Procés, con un uso permanente por parte de Mariano Rajoy para frenar la hoja de ruta del independentismo. Ahora bien, en los últimos años su preponderancia ha ido virando: los conflictos competenciales con Catalunya ya no encabezan su lista de prioridades. La conflictividad con el independentismo ha dado paso a la disputa bipartidista.
El origen de uno de los principales focos de batalla se remonta a la tramitación de la ley de amnistía en el Senado, cuando las letradas invitaron al PP a inaugurar una nueva estrategia combativa: el conflicto entre órganos constitucionales, que se impulsa cuando una institución considera que otra le ha usurpado competencias. Y los populares se han aficionado a ello. En poco más de dos años de legislatura, Génova ha impulsado doce para intentar poner al Congreso o al gobierno español contra las cuerdas, sobre los cuales el TC aún no se ha pronunciado. Después de que contra la amnistía acabaran dando marcha atrás, el primer conflicto consumado fue contra el Congreso a raíz de la ley que favorecía a presos de ETA.
Los 12 conflictos entre órganos constitucionales
Aparte de este primero, el PP ha promovido cuatro más –ocho en total– contra la cámara baja y el gobierno español por la tramitación de leyes. Y ha encendido tres veces más la mecha: contra el Congreso por el uso sistemático de las prórrogas del trámite de enmiendas para congelar la tramitación de las leyes; contra la Moncloa por no haber presentado los presupuestos generales del Estado, y, hasta, contra Pedro Sánchez por no haber comparecido en el Senado por el accidente de Adamuz. El PSOE también ha entrado en el cuerpo a cuerpo y ha llevado al Constitucional dos reformas del Reglamento del Senado instigadas por el PP. Una de ellas, la que los populares usaron para dilatar la tramitación de la amnistía, fue declarada inconstitucional cuando ya había cumplido su misión.
Catalunya deja de estar en el foco
Según consta en los informes sobre conflictividad que elabora el ministerio de Política Territorial, Mariano Rajoy llevó al Constitucional 49 leyes aprobadas por los Parlamentos autonómicos. De estas, 26 eran de Catalunya. El 53%. Es decir, una de cada dos veces que el PP iba al TC desde la Moncloa lo hacía contra el Parlament. En cambio, Pedro Sánchez solo maniobró para llevar una ley catalana al Constitucional, de un total de 27 leyes autonómicas que ha recurrido: la ley de vivienda catalana que obligaba a los grandes propietarios a ofrecer un alquiler social antes de interponer una demanda de desahucio. La Moncloa y el Govern llegaron a un acuerdo parcial para salvarla, pero quedó en parte anulada por un recurso del PP y otro de Vox.
¿Qué otros conflictos ha habido entre el gobierno catalán y el ejecutivo de Sánchez? La Generalitat impugnó dos decretos del gobierno español –el reglamento de adopción internacional y uno de relativo a la formación profesional– y el TC los anuló parcialmente. y la Moncloa consiguió recortar parte del Plan estratégico de Acción Exterior y de Relaciones con la Unión Europea 2019-2022 que había aprobado Quim Torra. Por otro lado, uno de los focos en los que más énfasis ha puesto el ejecutivo del PSOE han sido las llamadas leyes de “concordia” que el PP pactó con Vox en Aragón, Cantabria y la Comunidad Valenciana.
Las comunidades contra la Moncloa
Asimismo, en los últimos años, se ha acentuado la beligerancia de las comunidades autónomas contra el gobierno español. Más allá de la conocida ofensiva coordinada contra la ley de amnistía, ha habido tres leyes que también han estado en la diana del PP. Especialmente, el decreto de reparto de migrantes que el PSOE pactó con Junts. Lo llevaron al TC todos los gobiernos populares –excepto La Rioja– y Emiliano García-Page (PSOE).
El presidente castellanomanchego –junto con Extremadura– también recurrió el reparto del impuesto a la banca, una queja que fue desestimada. La otra ley en el ojo del huracán fue la ley estatal de vivienda: le hicieron frente Catalunya y el País Vasco, así como Andalucía, Baleares, Madrid y Galicia. Ahora bien, el Constitucional ha dejado claro que la norma no invade competencias autonómicas. Por otro lado, Pedro Sánchez y Isabel Díaz Ayuso están enfrentados al Constitucional por el pasado franquista de la sede de la presidencia de Madrid.
Vox se queda sin alas
Esta legislatura también se ha reducido el número de leyes que los partidos envían al Constitucional. Hay dos motivos principales: ha bajado la producción legislativa y Vox no tiene los diputados necesarios –cincuenta– para presentar un recurso de inconstitucionalidad. Entre 2020 y 2023, el partido de Santiago Abascal promovió el 53% de los recursos que salieron de la Carrera de San Jerónimo. Dos tercios de ellos fueron contra leyes estatales. Esta legislatura, el PP ha presentado seis –la legislatura pasada fueron dieciséis, los mismos que había presentado contra leyes de José Luis Rodríguez Zapatero en siete años–. Y el PSOE y Sumar, por ejemplo, llevaron la eliminación del catalán como requisito en la sanidad pública de Baleares.
¿Y la batalla del PP contra Catalunya? También se ha reducido. Desde las elecciones del 23-J, los populares –a través de cincuenta diputados– solo han combatido una ley del Parlament: el decreto sobre las viviendas de uso turístico. La legislatura pasada había llevado siete leyes catalanas al TC –Vox llevó dos–. De hecho, esta es la estrategia habitual que siguen los populares como ariete contra las leyes catalanas cuando no gobiernan: usar los diputados del Congreso para hacerles frente. Durante la presidencia de Zapatero, hicieron lo mismo con el Estatut y con seis leyes más.